Vía libre para especular con la deuda

Las autoridades del Banco Central desplazaron a la gerenta principal de Exterior y Cambios, Marina Ongaro, quién se desempeñó en la entidad por 14 años. La medida se suma a los cambios en el directorio de las últimas semanas, cuando por decreto se decidió desafectar a Juan Cuattromo, uno de los directores que había sido nombrado en la anterior gestión y era hombre de confianza del ex ministro de Economía Axel Kicillof. Ongaro estaba a cargo de controlar las operaciones de ingreso y salida de divisas a la economía.

“Están desmembrando el área de exterior y cambios del Central. Esto va a destruir el sistema estadístico y para reconstruirlo habrá que acudir a las declaraciones de las empresas, que no siempre son fidedignas. Mientras tanto los privados tienen vía libre para hacer maniobras especulativas. La situación la vivimos en los 70 y los 90”, mencionó a este diario Alejandro Vanoli, ex titular del Central.

Ongaro trabajó por años con Jorge Rodríguez, un histórico de la autoridad monetaria dedicado a registrar flujos de entrada y salida de divisas de la economía. En 2002, cuando estalló el esquema de la convertibilidad y comenzaron a aplicarse mayores controles sobre las transacciones con moneda extranjera, Rodríguez se encargó de reelaborar las series estadísticas y hacer seguimiento de la deuda externa privada, los ingresos por exportaciones y las salidas por importaciones.

En los 90 estas series habían pasado a un segundo plano, puesto que la apuesta era promocionar la libre movilidad de capitales (una propuesta de política económica idéntica a la que plantea la actual gestión del Central a cargo de Federico Sturzenegger). Ongaro, que había ingresado a la entidad con anterioridad al Gobierno de Néstor Kirchner, fue nombrada como gerente del área de Exterior y Cambios tras quedar el puesto vacante por la salida de Rodríguez. La semana pasada las nuevas autoridades del Central la desplazaron de sus funciones sin nombrar a nadie a cargo de esta área clave para supervisar los flujos de capitales.

“Uno puede estar de acuerdo o en contra de poner controles a la compra de divisas. Pero acá se están empezando a desarticular las estadísticas. Se están discontinuando lo sistemas de control de la autoridad monetaria. Por ejemplo, antes se cruzaba la información de una operación comercial contra la documentación aduanera, pero ahora esto perdió relevancia. Una exportación de menos de 100 mil dólares puede hacerse prácticamente sin ningún comprobante. Al que ingresa la divisa nadie lo controla, nadie lo sigue. Y esto abre un espacio enorme para que ocurran maniobras de subfacturación que terminan afectando los recursos del Estado”, dijo Vanoli.

En el área de Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias del Central los inspectores están prácticamente sin tareas. “El paradigma de ahora es no controlar. Se cierran los sumarios abiertos en años anteriores por maniobras cambiarias no transparentes y la modalidad es que no haya regulación sobre los movimientos de entrada y salida de divisas”, agregó el ex titular de la autoridad monetaria. El Banco Central no es el único que limitó las tareas asociadas con el control sino que los bancos privados también ya empezaron a desarmar áreas vinculadas con el comercio exterior, puesto que se le exigen muchas menos regulaciones. Algunas entidades, según indicó Vanoli, reasignaron el personal a otros sectores y hubo bancos que directamente despidieron a parte de la plantilla dedicada a estas tareas de registro y control.

“Están desarmando estadística que llevaron mucho tiempo construirlas para convertirse en un buen indicador, por caso, de la deuda externa que toman los privados. Es una situación que ya se repitió en otras épocas de gobiernos neoliberales”, apuntó. En la dictadura no se hizo un registro del endeudamiento externo de las empresas privadas y recién en 1983 se estimó la evolución del pasivo privado en moneda extranjera, el cual a través de los seguros de cambio terminó pasando a manos del Estado. En los noventa hubo un buen seguimiento de la deuda pública pero no de la deuda de las empresas. “La convertibilidad no tenía ningún sistema estadístico de relevamiento de endeudamiento privado e incluso desafectaron al personal que llevaba la contabilidad en épocas anteriores. En 2002 hubo que reconstruir todo desde cero”. Agregó que “cuando hubo episodios de crisis, el Estado terminó haciéndose cargo de la los préstamos de los privados”.