Unas rápidas reflexiones sobre el discurso inaugural del mini davos o el nuevo retorno al coloniaje

“Bajo el falso pretexto de una crisis económica sin precedentes, está por consumarse la gran estafa a los intereses y a las aspiraciones de la nacionalidad”, Arturo Jauretche

En la reciente reunión de empresarios (más bien directores ejecutivos o ceos) el gobierno a través de su máxima autoridad intentó presentar la estrategia de gobierno respecto de la producción y el crecimiento. Más allá de que la casi totalidad del discurso es, como diría don Miguel de Unamuno, una serie de peticiones de principios que no se fundamentan, se pueden observar, en forma desordenada el diagnóstico y los objetivos.

Comencemos por el diagnóstico:

Hay tres afirmaciones:

  • El país estaba al borde una crisis importante. Dado que a continuación menciona las crisis de 1989 y 2002 pareciera ser que alcanza(ría) la misma magnitud, que, por supuesto en los hechos no sucedió, ni se estaba cerca de ella, como veremos más adelante.
  • Que la crisis se fundamenta en las mentiras del gobierno anterior y en su corrupción; siendo éstas las causas del voto de la ciudadanía por un cambio.
  • Que la resolución de la crisis se logra con “volver” a los mercados y al restablecimiento de su funcionamiento con el menor intervencionismo posible.

Y se deducen tres objetivos. Como diría el economista holandés Tinbergen, sólo faltaría agregar tres instrumentos, uno para cada objetivo y seguramente los economistas ortodoxos estarían al borde del paroxismo de la alegría. Veamos los objetivos:

  • Aumentar el nivel de inversión de Argentina primordialmente con aportes hechos por compañías extranjeras, que hoy día son casi en su totalidad corporaciones multinacionales.
  • Sacar al país de la recesión y de la alta inflación, que ya con las medidas tomadas se empezó a “someter” (sic). ¿Cómo entender el verbo someter? ¿A quién se está pensando en someter dado que detrás de cada variable económica hay seres de carne y hueso?
  • Corregir los desbalances en el sector externo por medio del libre mercado de divisas.

Comencemos analizando la consistencia del diagnóstico con los objetivos. Si la crisis fuera cierta, la resolución de la misma sería consistente con los objetivos sólo para una visión neoliberal de la economía. Pero, desafortunadamente tal crisis no es cierta y por el contrario la economía nacional gozaba de un nivel de empleo, salario real, consumo e inversión que, si bien no era maravilloso, era el mejor dentro del contexto internacional, del cual no nos podemos desvincular, aunque quisiéramos o deberíamos.

Justamente, el principal escollo era la restricción externa que nuestra economía sufre cada vez que quiere crecer por sus propios medios. Frente a lo cual hay dos caminos: uno para enfrentarlo y otro para resolverlo. Es decir, el país se endeuda en divisas de modo de sostener el déficit de la balanza de pagos incompatible con el nivel de actividad y empleo. O bien, se administran las erogaciones de divisas que ingresan por exportaciones admitiendo y tratando de minimizar las dificultades que ello conlleva, mientras se aplican políticas para modificar la estructura de las exportaciones con más industria y menos commodities.

En el primer caso hay un límite puesto por el nivel de endeudamiento alcanzable. Una vez alcanzado, como ha ocurrido muchas veces en el pasado, nos quedamos sin el pan y sin la torta y con una deuda cuyo repago comprime aún más el nivel de actividad.

En el segundo caso su mayor debilidad radica en el tiempo requerido para que las políticas implementadas den su resultado. Sin embargo, dado que el camino elegido por el actual gobierno es el primero no continuaremos en esta oportunidad con este tema.

Como el presidente ha dicho en su discurso de inauguración, el gobierno ha tomado medidas, que en su conjunto parecen apuntar en dirección de los objetivos señalados.  La apertura comercial, la desregulación de las transferencias al exterior tanto por exportaciones como por las distintas causales de egresos de divisas, las importaciones de alimentos que se producen en nuestro país, la fijación de precios de la energía a valores internacionales. La seducción a los mercados financieros dando oportunidades de tasas de interés en divisas que no se consiguen en ningún otro lugar del mundo (incluido la enormidad del acuerdo con los fondos buitres). Esta podríamos decir que es la condición previa.

La condición suficiente para que exista más allá del discurso de la “lluvia de inversiones” es la baja del salario en dólares. Y este es el objetivo no dicho, callado, de difícil cumplimiento dentro de una democracia. En primer lugar, la reducción del salario en dólares requiere que la devaluación sea mayor que los aumentos salariales. Pero el aumento del tipo de cambio aumenta los precios en pesos de todos los bienes, más temprano que tarde. Y en general, a raíz de la propia volatilidad de la política económica induce a actitudes defensivas y los aumentos de precios incluyen las expectativas. O de otro modo, si la búsqueda es de un nivel de ganancias en divisas y éstas se generan una vez finalizado el circuito producción-consumo, las decisiones empresarias tendrán que adelantarse a los aumentos del tipo de cambio. Ya se empezaron a ver los mutuos reproches entre el gobierno y los empresarios más concentrados. Como ya se dijo, esta estrategia no es consistente en el largo plazo: el péndulo diamandiano se sale sólo superándolo.

Un elemento adicional, Orlando Caputo Leiva ha demostrado en un artículo reciente publicado por CLACSO que la estrategia de inversiones por parte de las corporaciones multinacionales para América del Sur y Central es realizarlas con financiamiento mientras que en los países centrales y asiáticos las realizan con la retención de las propias utilidades (superávit de sus flujos de fondos). De modo que en el fondo es mayor endeudamiento y mayor presión sobre el mercado de divisas agudizando la restricción externa.

Por último, el presidente sostiene que el cambio profundo está en haber restablecido el valor de la palabra y la verdad. Como se observó desde las declaraciones realizadas durante la campaña electoral hasta las actuales peticiones de principios, donde su análisis confirma que aquello que dijo no era en absoluto cierto, no hay restablecimiento del valor de la palabra y mucho menos de la verdad. Solo existe una persecución política-judicial que enmascara una política antipopular y antinacional.

Norberto Crovetto