Una gauchada


La 130° Exposición de Ganadería y Agricultura de la Sociedad Rural Argentina (SRA) transcurrió en un clima de euforia. La visita del presidente de la Nación, luego de 15 años de ausencia, fue el broche de oro para los dirigentes ruralistas. El reacomodamiento de precios relativos, impulsado por el macrismo, benefició al sector agropecuario. La fuerte transferencia de ingresos, vía devaluación y eliminación/reducción de retenciones, multiplicó la rentabilidad sectorial. Los investigadores del Centro de Estudios de la Política Argentina (CEPA) estiman que la devaluación transfirió 75.000 millones de pesos al bolsillo de productores/industriales de oleaginosas/exportadoras de cereales.

Por su parte, la modificación de los derechos de exportaciones agrarias sumó otros 24.344 millones de pesos en el primer semestre del 2016. El costo fiscal anual, incluyendo la quita de retenciones mineras, agrarias e industriales, sería de 70.000 millones de pesos.

“Para dimensionar el impacto, este monto proyectado equivale -como mínimo –al subsidio anual de la tarifa de gas–. Es decir, sin dicha quita y con dicha recaudación podría haberse enfrentado la totalidad del subsidio”, sostienen desde el CEPA. Los números explican por sí solo el clima festivo vivido en la Exposición. Además, los ruralistas ya no sienten la amenaza de que le “arrebaten” la sede de Palermo. El origen de esa disputa se remonta a 1878 cuando el gobierno nacional otorgó el usufructo del predio a la entidad rural. Ese permiso de uso se fue renovando sin mayores inconvenientes hasta 1946.

El gobierno peronista decidió destinar el inmueble al Ministerio de Guerra. Sin embargo, la cartera estatal lo cedía a la SRA –entre julio y octubre– para la celebración de la Exposición. Los terrenos fueron donados en 1951 a la Fundación Eva Perón. Esa entidad continuó permitiendo la celebración de la muestra rural cobrándole un porcentaje de la venta de entradas.

El investigador Hugo Ratier explica en Cuadros de una exposición: la Rural y Palermo. Etnografía de un secular encuentro agroganadero que “en 1956 la autodenominada ‘Revolución Libertadora’ vuelve las cosas a su estado original y concesiona el local por 20 años a su tradicional ocupante. La permanencia se siguió negociando con gobiernos posteriores a cambio, por ejemplo, del compromiso de construir un estadio que jamás se erigió. Será otro gobierno peronista, el de 1973, el que declare caduca la concesión por incumplimiento de esa cláusula y limite la validez de la cesión a 1978”.

El golpe militar de 1976 extendió el permiso hasta 1983. Los gobiernos democráticos prorrogaron la concesión, a pesar de algunas fricciones, hasta 1989. El presidente Carlos Menem transfirió las doce hectáreas en el marco de las disposiciones privatistas de la Ley de Reforma del Estado. El 20 de diciembre de 1991, la venta se cerró en 30 millones de dólares. El acuerdo establecía un pago de 10 millones de dólares en efectivo y diez cuotas anuales por el monto restante. Años después, la transferencia fue cuestionada judicialmente por dos razones: 1) la deuda nunca fue cancelada en su totalidad y 2) el Tribunal de Tasación de la Nación valuó el predio en 63,6 millones de dólares.

El ex presidente Carlos Menem, el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, el ex presidente de la SRA Eduardo de Zavalía y otros ex funcionarios (de la entidad rural, Banco Ciudad, Banco Hipotecario Nacional) fueron acusados de defraudación a la administración pública. El fiscal de la causa consideró que la operación era un “vergonzoso fraude”. En diciembre de 2012, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner declaró la nulidad de la venta  revocando el trámite administrativo original.

La SRA sostuvo que se trataba de “una venganza contra el campo por la 125” y anunció un cese de comercialización de carne por 24 horas. La medida cosechó el apoyo de otras entidades agropecuarias pero fue ignorada por el resto de las cámaras de la industria, la banca, la construcción y el comercio. El desalojo del predio se frenó con una medida cautelar a favor de la SRA. El “cambio de época” jugó a favor de los intereses de la entidad.