“Tarifas y equilibrio general”

Hace unos días, el presidente del Banco Central realizó una exposición en la Academia Nacional de Ciencias Económicas titulada “El uso del concepto de equilibrio general en su aplicación a la política monetaria”. De acuerdo a Federico Sturzenegger, su razonamiento de equilibrio general y no parcial, le permitió anticipar que la suba de las tarifas no impulsaría la inflación. La clave para neutralizar el impacto en los precios del tarifazo se encuentra en la “restricción presupuestaria que enfrenta la familia”, que ante la suba de los servicios públicos la obliga a “gastar menos en los otros bienes”. Así, “el precio de estos bienes debería bajar” y “los efectos de las tarifas sobre los precios seria nulo”.

Al respecto, la neutralidad inflacionaria no se corresponde con la evolución de los precios. El IPC de la Ciudad de Buenos Aires aumentó en febrero un 4 por ciento mensual, casi el mismo valor de enero (4,1 por ciento) y diciembre (3,9 por ciento), y prácticamente el doble de lo que venía aumentando antes del cambio de gobierno: noviembre 2,0 por ciento; octubre 1,7; septiembre 1,7. En la anterior devaluación de enero de 2012, los precios aumentaron fuertemente el primer mes (4,8 por ciento) pero luego la inflación comenzó a desacelerarse: febrero: 4,4 por ciento; marzo: 3,6 por ciento; abril: 3,1 por ciento. En contraste, la suba de tarifas de febrero de este año junto a la continuada suba del dólar, evitó la desaceleración de la inflación manteniéndola al ritmo de los meses anteriores donde había recibido el pleno impacto de la devaluación, baja de retenciones y desarticulación de las regulaciones de precios implementadas por el equipo económico de Macri.

El hecho de que la suba de la tarifa eléctrica del 253 por ciento promedio que recibieron los hogares porteños en febrero no haya impulsado la inflación “entre 5 y 8 puntos porcentuales” como señaló Sturzenegger en su discurso, no se debe a la teoría del equilibrio general. Sino a la baja ponderación del rubro electricidad en el IPC porteño de apenas 0,009%, que reduce el impacto de las tarifas a unos 2 puntos porcentuales de inflación.

Sin embargo, no se puede negar el golpe de la suba de tarifas al presupuesto de los hogares, que se vieron obligados a reducir sus ahorros (le faltó incorporar stocks en su modelo de equilibrio general) y en muchos casos a “gastar menos en los otros bienes”. Pero ese menor consumo por el empobrecimiento de los hogares planificado desde el equipo económico de cambiemos, en lugar de hacer bajar los precios, hizo bajar las ventas. La caída del nivel de actividad económica, que Sturzenegger en su discurso consideró una mera posibilidad teórica del modelo sin desarrollar en profundidad, parece ser la triste realidad del impacto de las suba de tarifas. Así, en febrero la recaudación del IVA-DGI aumentó interanualmente 10 puntos menos que la inflación, mostrando una clara contracción de las ventas en el mercado interno.

Hacia adelante, la dinámica de la inflación y la actividad económica dependerá de cómo los sindicatos negocien en paritarias el presupuesto de los hogares de los asalariados formales. En caso de que logren recuperar el terreno perdido por la inflación, es probable que la actividad se reanime pero, a su vez, que se mantenga la inflación a los niveles de estos meses, ya que los empresarios suelen tener la costumbre de hacer pagar los aumentos de salarios al consumidor. En caso de que las paritarias cierren abajo de los precios, es probable que continúe la contracción de la actividad económica con una leve desaceleración de la inflación, siempre y cuando, no se sumen nuevos tarifazos y devaluaciones.

Andrés Asiain