“Shock de confianza”

El triunfo electoral de Mauricio Macri generó entusiasmo en los ámbitos empresariales locales e internacionales. No era para menos. Por primera vez en Argentina accedía al gobierno por el voto popular un “partido pro mercado y pro negocios”, tal como lo describiera el propio presidente al embajador norteamericano en 2006 (Argenleaks, de Santiago O’Donnell). La empatía entre el mundo empresarial y el nuevo gobierno se vio confirmada al anunciarse el gabinete de ministros, compuesto por los altos mandos de las filiales locales de importantes multinacionales y algunos grupos locales.

La toma del poder político por parte del poder económico era considerada por Macri y su equipo como la clave para generar un shock de confianza que estimule a los empresarios a invertir. Qué mejor forma de garantizar un buen clima de negocios que el hecho de que los propios hombres de negocios, determinen las reglas del juego a partir de su control directo de los principales resortes institucionales del país. Sin embargo, la realidad de los datos económicos muestra que el boom inversor estuvo lejos de producirse en los poco más de seis meses de gobierno empresarial.

Según el Indec, en los primeros cuatro meses de 2016 las importaciones de bienes de capital se incrementaron en sólo 3 por ciento en cantidades pese al fin de las restricciones a la importación. A modo de comparación, en el mismo período las compras externas de bienes de consumo crecieron el 16 por ciento y las de automotores un 53 por ciento. Desde la opinión del ministro de Hacienda, la falta de inversiones no es una consecuencia de las políticas económicas aplicadas por la actual gestión, sino al hecho de que los empresarios argentinos “están un poco sacudidos por tantos años de no aprender a tomar riesgos”.

La falta de voluntad inversora de los empresarios locales buscó ser suplida por la del empresario extranjero. Sin embargo, ni la visita de Obama ni los pedidos de perdón al capital español parecieron alcanzar. De acuerdo a datos del balance cambiario del BCRA, en el primer trimestre de 2016 ingresaron sólo 513 millones de dólares para inversiones extranjeras directas, una cifra similar a la de los últimos años de gobierno “populista”.

Una explicación a la falta de inversiones puede ser que los hombres de negocios no confían en su capacidad de administrar la economía nacional, de ahí que prefieran mantener en el exterior sus capitales aun cuando ellos mismos ejercen la conducción política del país. La falta de autoconfianza tiene bases objetivas en las consecuencias sobre los balances empresariales de la política económica aplicadas recientemente.

El aumento del dólar y las tarifas han deteriorado el poder de compra de los salarios, jubilaciones y demás ingresos vinculados al mercado interno. La consecuencia fue una baja del consumo interno que disminuyó el volumen de ventas empresariales y dificultó la posibilidad de absorber los mayores costos de los servicios sin pérdidas. A ello se le suma la crisis del sector de la construcción generado por la parálisis de la obra pública y el desarme del Pro.Cre.Ar.

Esas políticas contractivas se implementaron en un contexto donde la crisis de Brasil afecta a la industria nacional. Por otra parte, la inestabilidad del precio internacional de las materias primas tampoco favorece el arribo de inversiones externas a los sectores de producción primaria donde suelen dirigirse. La lógica más elemental del mundo de los negocios indica que los empresarios no invierten allí donde las ventas están cayendo, más allá de su afinidad política con el gobierno.

Andrés Asiain