Segundo semestre: Se profundiza el deterioro de la economía y el empleo, y crece la conflictividad social.

Cada nueva medición publicada por el INDEC es un dolor de cabeza para el gobierno. Para la mayoría de los argentinos, por su parte, el dolor de cabeza es la mismísima política económica de Cambiemos cuyas consecuencias se pagan a diario con pérdida de empleos y deterioro permanente de la calidad de vida.

La semana que pasó el Instituto estadístico oficial había dado a conocer los datos sobre la caída del PBI durante el primer semestre, que se retrajo un -3,4%. Ayer se publicó el Estimador Mensual de Actividad Económica, que aproxima el desenvolvimiento del nivel de actividad. Las noticias, otra vez, no son buenas. El segundo semestre arrancó profundizando la tendencia negativa del semestre anterior. En julio, la actividad tuvo su peor caída en lo que va del año, uno de los peores indicadores en 14 años. El derrumbe fue estrepitoso: -5,9%.

Hablar del nivel de actividad no es sólo hablar de números. En pocas palabras, menor actividad significa que los comercios siguen perdiendo ventas, que los sectores de la producción se siguen contrayendo, y, lo más doloroso que puede suceder a una familia: que se siguen destruyendo empleos.

En efecto, los últimos datos publicados por el Ministerio de Trabajo de la Nación, corroboran el alarmante desempeño del mercado de trabajo. Hay que recordar que, de acuerdo a las mediciones del INDEC, en el segundo trimestre del año, el desempleo trepó al 9,3% contra el 6,6% de igual periodo de 2015 o el 5,9%, último dato publicado para el tercer trimestre del año pasado. Ya entrados en el segundo semestre de 2016, que había sido publicitado por el gobierno como un periodo de recuperación económica, el desempeño resulta francamente preocupante. De acuerdo con la Encuesta de Indicadores Laborales que lleva adelante el Ministerio de Trabajo, el empleo registrado volvió a sufrir un retroceso en agosto de -0,7%. Sin embargo, cuando nos detenemos a observar lo que sucede dentro de cada sector, las cifras se vuelven aun más preocupantes. En el caso de la Industria, la caída del empleo formal fue de -3,6%, mientras que los números rojos más acuciantes afectan al sector de la construcción: el retroceso en el empleo registrado fue de -9,6%, un resultado que mucho tiene que ver con las malas decisiones del gobierno que optó por paralizar la obra pública donde, según informó al Congreso el Ministerio de Hacienda, sólo se ejecutó el 46% del presupuesto durante el primer semestre de 2016, en términos nominales, a lo que hay descontar la inflación descontrolada fruto de la devaluación y los tarifazos. Ello, sumado a la destrucción de 20.000 empleos públicos, no sirvió para cumplir con el supuesto objetivo de reducir el déficit fiscal que resultó, durante el primer semestre, según el informe de Hacienda, un 40% superior al del igual periodo de 2015.

La declarada apuesta del gobierno por la Inversión y las Exportaciones, como motores del crecimiento, en nombre de la cual decidió aplastar los salarios y el consumo de los argentinos, no ofrecen nada positivo a la economía nacional. En el mes de julio, primer mes del segundo semestre, las exportaciones cayeron -10,9%. Para los primeros siete meses del año la caída es de -3,9%, según los datos del Intercambio Comercial que publica el INDEC. La inversión, por su parte, de acuerdo con los cálculos del organismo que conduce Jorge Todesca, sufrió un retroceso, durante el primer semestre, de -4,9%.

Si consideramos los datos del Balance Cambiario que lleva adelante el Banco Central, vemos que durante los primeros ocho meses del año (enero-agosto), la “lluvia” de inversión extranjera directa fue superada por el aluvión de remesas de las grandes multinacionales que no dejan de mandar a sus casas matrices en el exterior las utilidades y dividendos que generan con el esfuerzo del trabajo de los argentinos. El rojo del balance cambiario fue de U$S 274 millones.

Por su parte, las importaciones crecientes tras el abandono del esquema de administración comercial en nombre del “libre comercio” que no practican los países que nos venden pero no nos compran, no sólo representan otra canilla por la que se esfuman los dólares, sino que contribuyen a agravar la situación interna. A la pérdida de poder adquisitivo de las familias en un contexto donde el gobierno insiste con poner un pie sobre la cabeza de las paritarias que cerraron en 30% contra una inflación anual de 43,5% de acuerdo al IPC del gobierno porteño, más la pérdida de medio millón de puestos de trabajo, el aumento de las importaciones es una molotov en una economía en recesión con el mercado interno en terapia intensiva, que las PYMES están sufriendo con persianas que se cierran y trabajadores que todos los meses engrosan las filas de nuevos desocupados.

Con déficit creciente, sin posibilidades de mejorar la recaudación, afectada por la decisión política de dejar de cobrar impuestos a los sectores más favorecidos vía eliminación de retenciones y otros impuestos a consumos de lujo, además de la merma en la recaudación de los impuestos vinculados a un nivel de actividad económica que cae en picada, y frente a la necesidad de afrontar compromisos de deuda incrementados por el vertiginoso endeudamiento que instrumentó el gobierno este año, la respuesta oficial no varía: hoy mismo se dispuso, según consta en el Boletín Oficial, la emisión de títulos de deuda por $50.000 millones (pesos) y U$S 300 millones (dólares). Que se suman a los más de U$S 38.000 millones ya emitidos en los meses anteriores. 

La contrapartida de una situación social que se vuelve más dramática día a día, es inocultable. Según se desprende de un informe del CEPA, la conflictividad social escala a la par con el deterioro de la economía. Durante el mes de agosto la cantidad de conflictos creció un 77%, respecto de julio. Los conflictos laborales del sector público tienen un aumento del 212% (la mitad explicados por conflictividad en el orden provincial), mientras que los conflictos del sector privado aumentaron un 10,6%. Casi el 75% de las causas de la protesta en el sector público estuvo relacionado con reapertura de paritarias y la cuestión salarial en general, mientras un 9,7% tuvieron como detonante los despidos. Respecto de los conflictos en el sector privado, el 36% se explican por conflictos en la industria. El 40% de la conflictividad laboral respondió a despidos y suspensiones, mientras que el 34% obedeció a reclamos salariales.

El derrotero no es difícil de imaginar. Si el gobierno no rectifica el rumbo de su política económica, la economía profundizará su pésimo desempeño y, bis a bis, la conflictividad social y laboral también irá en aumento. La pregunta que se sigue es si el gobierno piensa responder a la realidad que él mismo creó con fotomontajes que tiendan a ocultarla, al estilo del tragicómico viaje en colectivo de Macri o si, como temen muchos especialistas en materia de defensa y seguridad, tanta insistencia en imponer cuestiones ajenas a la agenda argentina, como el “terrorismo” y el “narcotráfico” tienen que ver con una aspiración de habilitar la intervención de las Fuerzas Armadas en asuntos de “seguridad interior” o, en buen romance, en reprimir la reacción social frente a la barbarie de un plan económico que generó las condiciones para que un puñado de actores del poder económico, mayormente transnacional, le robaran las posibilidades de una vida digna a millones y millones de argentinos.