Se consolida la “burbuja financiera”: aumentan a 5 millones mensuales el límite para la compra de dólares

Cuando el ministro de Hacienda Prat Gay terminó con la regulación cambiaria (fin del “cepo”) había prometido una lluvia de dólares resultado del shock de confianza que el gobierno de Macri estaba generando. De nuevo, cuando viajaron a DAVOS acompañados de Sergio Massa, dijeron que había una gran cantidad de empresas deseosas de invertir en el país ante el nuevo contexto nacional. Por lo tanto, según el gobierno, con la nueva gestión y las señales positivas que se estaban generando permitiría una cantidad enorme de inversión extranjera que luego se traduciría en un “efecto derrame” al conjunto de la población.

Pero nada de esto sucedió. Como se acaba de conocer, en el primer trimestre de 2016 la inversión extranjera directa fue de 513 millones de dólares contra 412 millones de dólares del primer trimestre de 2015. El shock de confianza sólo generó 100 millones de dólares más que el año pasado.

Por otro lado, también habían dicho que este shock de confianza generaría que buena parte de los activos dolarizados que los argentinos fugaron anteriormente, retornarían al sistema para generar más producción y trabajo. Sin embargo, en la realidad sucede todo lo contrario: el Banco Central tiene que subir las tasas de interés para que los ahorros de los argentinos no se dolaricen.

Esto es, si el Banco Central baja las tasas de interés la gente tendrían más propensión a comprar dólares que a depositarlo en el sistema bancario o comprar LEBACs. Las altas tasas de interés es el termómetro de la inexistencia del shock de confianza. Tengamos en claro además, las consecuencias negativas que producen en la economía real las altas tasas como resultado del encarecimiento del crédito.

Lo que sí está entrando al país son dólares pero no en forma de inversión extranjera directa (es decir, la instalación de una empresa en el país como habían prometido), sino más bien por inversión especulativa de corto plazo. Estas elevadas tasas de interés más la baja expectativa de una nueva devaluación en el corto plazo, provocó que entren dólares para valorizarlos financieramente.

Esto es, en lugar de venir empresas para instalarse en la Argentina, están viniendo fondos especulativas de corto plazo en busca de una alta y segura renta especulativa alimentando de esta forma una “burbuja financiera” en forma peligrosa para el conjunto de la economía. Esto no es entonces un shock de confianza, es el armado de un esquema macroeconómico que permite altas rentabilidades financieras seguras y de corto plazo.

Es más, no sólo que no se produjo una entrada masiva de inversión extranjera directa, sino que aumentó notablemente la remisión de utilidades por parte de las multinacionales ya instaladas en la Argentina. En el primer trimestre de 2016, la remisión de utilidades por parte de las filiales extranjeras fue de 347 millones de dólares, mientras que en todo el 2015 este rubro fue de 100 millones de dólares. Esto es, en sólo un trimestre de 2016 las multinacionales remitieron 200 millones de dólares más que en todo el año pasado.

Complementariamente, la famosa lluvia de dólares se generó también vía endeudamiento externo del Estado nacional. En efecto, el arreglo con los Fondos Buitres le permitió al gobierno de Macri volver nuevamente al sistema financiero internacional. Asimismo, la baja deuda que posee el Estado argentino (13,1% del producto) como resultado del proceso de desendeudamiento durante la etapa kirchnerista, le da un gran potencial al Estado para tomar deuda en el extranjero.

De esta manera, comenzó un nuevo ciclo de endeudamiento externo que se inició con la colocación de un bono por 16.500 millones de dólares, de los cuales el 75% ni entran al país porque es para pagarle a los Fondos Buitres y al pago atrasado de bonistas que habían entrado a las reestructuraciones de la deuda realizadas en el 2005 y 2010. En este contexto, llevaran a que las provincias, las empresas del Estado y el sector privado inicien también una ola de endeudamiento externo para conseguir más dólares.

Es decir, que el shock de confianza no es una masiva entrada de empresas que vienen a invertir a la argentina generando puestos de trabajo, sino más bien la entrada de dólares especulativos de corto plazo (generando un grado alto de inestabilidad debido a que así como entran también se van) y vía endeudamiento externo generando nuevamente una dependencia creciente del país al sistema financiero internacional y a los organismos como el FMI.

Por otro lado, el shock de confianza generado por el macrismo se puede observar en la fuga de capitales. Tomando diciembre de 2015, la fuga de capitales totalizó 6.200 millones de dólares, lo cual significa 1.500 millones de dólares en promedio por mes. Es decir, no sólo que no hay una desesperación de los argentinos por traer sus dólares anteriormente fugados, sino que a partir de la eliminación de la regulación cambiaria (“cepo”) hay un recrudecimiento de la fuga de capitales.

Estos dólares que se fugan además no son conseguidos por un superávit comercial ni por la mayor inversión extranjero, sino como dijimos por la especulación financiera de corto plazo y el endeudamiento externo. Además, si el Banco Central bajara las tasas de interés, la compra de dólares y la fuga de capitales serían aún mayor.

El shock de confianza entonces es deuda externa, especulación financiera de corto plazo, remisión de utilidades de las empresas extranjeras, fuga de capitales, altas tasas de interés; es decir, la construcción creciente de una “burbuja financiera” explosiva peligrosa para la economía nacional. En este contexto, el Banco Central determinó aumentar de 2 a 5 millones mensuales el límite de compra de dólares. El mensaje pareciera ser cada vez más claro: “muchachos apúrense que esta burbuja explota, saquen todo lo más rápido posible”.

Santiago Fraschina