Reconversión y desocupación

En un contexto de sobre producción relativa de la economía mundial, con epicentro del problema en los países más desarrollados, las mercancías ofrecidas inundan los mercados mientras que la demanda global se ve reducida por vía de las políticas de austeridad aplicadas, y la consecuencia es que se agrava la crisis de sobreproducción. La guerra comercial es inevitable, y todo este ambiente pone a nuestro país en situación vulnerable.  En ese marco, el gobierno de Macri en lugar de defender el consumo interno como acicate y estímulo de la inversión y la creación de puestos de trabajo, lo que hace es reconvertir la economía Argentina con una fuerte devaluación de nuestra moneda, seguida de la quita de las retenciones en general  y la reducción en la soja en particular,  la suba de las tarifas y del transporte público, y de las tasas de interés, para generar y generando una brutal transferencia de recursos de los que perciben ingresos fijos y de los pequeños y medianos productores y comerciantes, a favor del capital más concentrado.

En una economía como la nuestra en que dada nuestra estructura productiva desigual al contar con la tierra más fértil del mundo, y ante el hecho que los países asiáticos necesitan alimentar a su población y a sus animales, es indispensable que el sector primario obtenga los dólares suficientes para financiar la actividad industrial en el más amplio sentido del vocablo, sabiendo que en la Argentina en muchos rubros fabriles existe una masa crítica para nada despreciable. El conocimiento exhaustivo de la realidad de esos sectores constituye una condición sine qua non para avanzar en el diseño de esquemas específicos de estímulo y de apoyo para su desarrollo, pero la fuerte extranjerización y concentración económica juega y ha jugado fuertemente para impedirlo

Nuestro país debe potenciar los recursos naturales al mismo tiempo que se diversifica la matriz industrial donde existen capacidades acumuladas significativas y trayectorias de aprendizaje considerables como para adaptarse al nuevo mapa global sin entrar en directa competencia con Asia que viene combinando altas mejoras en la productividad con salarios bajos.

Pero esto no se hace, y es más se destruye lo que se logró construir al respecto y se  emprende el camino inverso porque las grandes empresas que operan en el país dependen más del exterior (sus ventas, su ganancia, las posibilidades de renta y de inversión) que del mercado interno. Para ellos los trabajadores son más un costo que un potencial demandante de sus productos (sea esto soja, caramelos, u acero), la fuerte extranjerización, su interrelación con grandes organismos comerciales y financieros internacionales hace que propongan un Estado mínimo (en la dictadura cívico militar se ufanaban diciendo achicar el Estado para agrandar la Nación) y altas tasas de desempleo como presión de las remuneraciones de los que trabajan.

Los grandes formadores de precios cuyos principales accionistas, ceos o testaferros están en los listados de clientes con cuentas no declaradas del banco HSBC de Suiza, del JP Morgan, de los Panamá Paper o cuanta entidad se investigue y tenga relación con la Argentina, y es así porque históricamente nuestros sectores dominantes han hecho del control del sector externo y de la fuga de capitales la fuente de su poder.  Pero esa economía de enclaves y rentistas beneficia a los sectores más concentrados, ligados a las actividades extractivas, a la producción agropecuaria, y a algunas industrias,  pero  es incapaz de contener a la mayoría de la población.  Esto es, reconvierten y maximizan la tasa de ganancia subordinándose a la lógica del capital internacional,  a costa del derrape de la economía y de la mayor parte del pueblo argentino

Partimos de un sistema productivo diversificado, compuesto por distintas actividades, fuertemente heterogéneo, desequilibrado e insuficientemente integrado a nivel nacional, que opera con una productividad media relativamente baja comparándola con los países desarrollados, independientemente que haya sectores con alta productividad (incluso en algunos casos mayor que el promedio de los países centrales), con dos características definidas:

La primera, las filiales de las empresas transnacionales radicadas en nuestro país cumplen, por lo general y en la gran mayoría de los casos, funciones relativamente marginales en la estrategia global de la corporación, son filiales que no van más allá de actividades de mero ensamblaje, no ejercen actividades de investigación y desarrollo que puedan dar lugar a innovaciones de productos o procesos y ni siquiera adaptaciones al mercado argentino, con lo que la extranjerización de nuestra economía no significa un verdadero avance a nivel tecnológico y productivo

La segunda característica es que la mayoría de los grupos empresarios locales basan su “ventaja comparativa” más que en la producción en sí, lo hacen en base a la captura y apropiación de rentas (renta de la tierra, rentas transferidas por el Estado por subsidios, sobreprecios o compras espurias, rentas acumuladas por evasión impositiva, rentas por fuga de capitales y valorización financiera, etc.)

Las PyMes y micro empresas no tienen y en el marco descripto no pueden tener capacidad de tejer una red productiva y distributiva independiente de las dos características antedichas del capitalismo argentino contemporáneo,  lejos está la posibilidad de constituir la mítica “burguesía nacional”

LA SITUACION ACTUAL Y LAS PERSPECTIVAS

La principal fuente de riqueza de nuestro país es su mano de obra, según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC (EPH-INDEC), teníamos en octubre 2015 una población económicamente activa de un poco más de 12 millones de trabajadores, que se encontraba compuesta por 11,3 millones de Ocupados y 709 mil desocupados en los 31 aglomerados urbanos que releva. Se infiere que de ese total,  un 34,5% de trabajadores estaban no registrados, que en conjunto conforman un significativo número que a su vez cuenta con una importante capacitación y con un potencial productivo mayor todavía.

Sin una burguesía nacional, con un sector público nacional, provincial y municipal considerable (en términos relativos a nuestro PIB) pero sin objetivos que sean tomados como tales por el conjunto de la administración, y por ende sin disciplina ni orden, los principales resortes de la producción y distribución quedan en mano de  las grandes empresas, quienes para crecer lo hacen integrándose al resto de su cadena internacional, pero que va a excluir por su propio accionar a la producción local,  esencialmente las pymes y las economías regionales,  dado que van a invertir en los sectores más redituables con que cuenta la Argentina.

Ese tipo de producción de enclave implica crecimiento para el sector elegido, pero no hay respuesta de consideración para el resto de las actividades, más allá de un limitado multiplicador por la necesidad de trabajos e insumos locales

Paralelamente esa división de inversión y productividad hará que conviva una economía con estándares mundiales, con otra opacada y de subsistencia, profundizando la dualización de nuestra sociedad.

Los salarios estarán siempre compitiendo en moneda dura con los salarios de Brasil u otro país de la región que sea alternativa de inversión. Y solo pueden crecer siempre y cuando no se incurra en déficit en la cuenta corriente, y para ello se necesita que el precio de la soja y el volumen vendido sea un porcentaje mayor que el crecimiento de las importaciones, lo que genera un doble cerrojo al proceso de recuperación salarial, conformado por: Primero que no supere el salario medio industrial de Brasil (y otro u otros países alternativos en cuanto a inversión), y segundo, que las exportaciones puedan pagar las crecientes importaciones (fruto de la misma política de las empresas trasnacionales que priorizan colocar su sobre producción en el mundo)

Vemos también otra economía que subsistirá en base al mercado interno,  que ya no va a ser el centro del modelo (como le fue durante el kirchnerismo originario), siempre y cuando no implique crecimiento de significación de las importaciones (la restricción externa perdurará y se profundizará), y fundamentalmente primará la lógica del capital financiero donde la tasa de interés vuelve a ser determinante de la inversión, del tipo de cambio, y de los salarios.

La grandes empresas extranjeras que operan en el país tienen capacidad de producción y distribución muy superior comparadas con una economía relativamente pequeña como la nuestra, esto le permite concentrar y centralizar en pocos establecimientos que producen en segmentos muy determinados y/o en actividades extractivas dependientes como engranaje de la corporación trasnacional,  como lo demuestran los economistas estructuralistas latinoamericanos (Osvaldo Sunkel, Celso Furtado, por decir los más prestigiosos) subordinándose a la estructura productiva internacional.

Sunkel en un trabajo muy reputado “Capitalismo trasnacional y desintegración nacional”,  dice textualmente

“La corporación internacional actúa y planea en términos que el proceso de modernización incorpora a las nuevas estructuras productivas a los individuos y grupos especialmente aptos para el sistema impuesto de racionalidad y eficiencia, por otra parte repele a los individuos y grupos sociales que no tienen cabida en la nueva estructura productiva o no tienen condiciones para adaptarse a ellas”

“Es importante destacar que este proceso no solamente tiende a limitar la formación

de un empresariado nacional, sino también clases medias nacionales (incluyendo grupos intelectuales, científicos y técnicos nacionales) e incluso una clase obrera nacional. El avance del proceso de modernización actúa, en efecto, introduciendo una cuña a lo largo de la franja en que se encuentran los segmentos integrados y no integrados tendiendo a incorporar a parte de los empresarios nacionales como gerentes de las nuevas empresas y marginando a los no aprovechables, incorporando a algunos de los profesionales, técnicos y empleados adaptables y marginando al resto y a los que no lo sean; e incorporando parte de la mano de obra calificada o con condiciones para calificarse y repeliendo al resto y a aquella otra parte que se supone no pueden tener niveles de calificación técnica e incluso cultural para adaptarse a las nuevas condiciones”.

Recordemos que en ese trabajo, Osvaldo Sunkel va a ponderar la doble dependencia del sector externo, por un lado de la producción primaria (para nuestro país hoy fundamentalmente la soja), y la necesidad de importar insumos, máquinas,  equipos, y tecnología de las grandes corporaciones, los que condicionan y subordinan a la economía nacional a las trasnacionales.

LA SUPER EXPLOTACION DEL TRABAJO:

La principal política con el empleo del macrismo ha sido y es la desocupación, la expulsión del trabajo, que en los primeros cuatro meses y fracción de gobierno implica más de 120.000 desocupados (1.000 personas pierden su trabajo por día laborable).

El impacto ha sido terrible en la construcción, en las industrias y servicios ligados al mercado interno, y en el sector público en todos sus niveles, siendo la característica saliente que más repercutió en los sectores de menor calificación de la mano de obra, y que el proceso no ha terminado, puede llegar a atenuarse, pero se continuará con la expulsión del trabajo para garantizar un “ejército industrial de reserva” que presione a la baja la recuperación salarial y los reclamos en las paritarias, ante un proceso inflacionario de envergadura como el que generaron por su impericia y por la presión de los grandes formadores de precios que no se disciplinan al gobierno de Macri

El discurso de Macri y sus acólitos de que esos trabajadores deben reconvertirse para trabajar en sectores de mayor productividad, no se condice con una economía en franco retroceso, con caída del PIB por el derrape del consumo interno, el ajuste fiscal y la menor inversión productiva, y que no es ni va a ser paliada por el lento crecimiento de las exportaciones (pese a la devaluación y a la quita y reducción de las retenciones por el simple hecho que dependen de la demanda externa y no de la mejora de la tasa de ganancia de esos sectores).

En ese contexto, y volviendo a la remanida teoría de la devaluación fiscal vuelven a proponer como Cavallo en su momento, la reducción decreciente de las contribuciones patronales, en este caso durante tres años y para el primer empleo,  más el pago de subsidios para las empresas que incorporen personal, que incluso beneficiaria más al norte argentino (donde los beneficios no reconocerían límites de edad del nuevo trabajador incorporado), como Cavallo reducía más los aportes previsionales cuando más lejos se estaba de la Ciudad de Buenos Aires.

Como sabemos por la propia experiencia Argentina, lo que se hace es permitirle a las empresas despedir gente y tomar otros con menores aportes previsionales, desfinanciando aun más el sistema de seguridad social.  La diferencia en el beneficio es mínima, dado que cuando la firma tenga hasta 200 empleados estará exenta del 100 por ciento de las contribuciones patronales durante los primeros 12 meses y a partir de entonces se reduce: será 60 por ciento entre los meses 13 y 24 meses para bajar al 40 por ciento desde el mes 25 hasta el 36. Para las empresas de más de 200 empleados las exenciones serán del 80 por ciento los primeros 12 meses, del 40 por ciento de 13 a los 24 meses y del 20 por ciento hasta los 36 meses, con lo cual los grandes supermercado y Techint por ejemplo reciben similar beneficio que un micro establecimiento.

Si a lo antedicho le sumamos la apertura económica ejecutada por el gobierno en un mundo recesivo y con sobre producción relativa como dijimos al principio, esto pondrá a las pequeñas y medianas empresas en inferioridad de condiciones para competir.

En síntesis, se crean las condiciones para que las empresas trasnacionales y grandes nacionales reconviertan su actividad basándose más en el mercado externo que en el interno,  obteniendo  una tasa de ganancia y una valorización de sus activos en moneda dura, superior a la que venían teniendo en el país  y a la que impera en el mundo.  En ese marco no son muchos los sectores que se van a beneficiar con la inversión, y si en cambio una parte importante del país y de la población llevará adelante una economía de subsistencia, que nunca es digna.

La desocupación va a superar sistemática y ampliamente los puestos de trabajo a crearse (la tasa de desocupación abierta para que se disciplinen los trabajadores debe ser de dos dígitos) y eso implica siempre restricción a los ingresos de los asalariados, y con ello fuerte limitación a las empresas que venden al mercado interno y  a los trabajadores, que básicamente son las pequeñas y medianas empresas del país, entonces la verdadera y única brecha se consolida y se perpetua, si no hacemos nada para impedirlo, y debemos hacerlo en defensa propia que es en definitiva el interés del pueblo y del país llamado Argentina.

Horacio Rovelli