Razones geopolíticas y geoestratégicas de la exclusión de Venezuela del MERCOSUR

Nuevamente, los cancilleres del Mercosur se reunieron en Buenos Aires sin la presencia de Venezuela. Su suspensión dentro del bloque se debe, supuestamente, al incumplimiento de los “principios democráticos” (se asume que el gobierno de Temer si los cumple) y a no haber aprobado la normativa con la que el funciona el grupo. Sin embargo, detrás de la discusión de formas lo que subyace es un enfrentamiento geopolítico y geoestratégico.
La incorporación de Venezuela al MERCOSUR fue una decisión estratégica que apuntaba a construir un bloque de poder regional para aumentar los grados de soberanía relativa. Ello fue decidido en 2006, en la cumbre del MERCOSUR de Córdoba, a la cual asistió Fidel Castro, luego de que en noviembre de 2005 el MERCOSUR junto a Venezuela rechazaran el ALCA en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata.
El rechazo al ALCA fue un movimiento defensivo, dónde el MERCOSUR + Venezuela quedaron aislados frente a casi todos los demás países de América. En cambio, la cumbre del MERCOSUR de 2006, en donde se acordó el ingreso de Venezuela al MERCOSUR entre otros temas, fue un movimiento de ofensiva estratégica para el avance del regionalismo autónomo, enfrentado al regionalismo dependiente bajo por el paradigma neoliberal.
Dicho movimiento resulta de ofensiva estratégica por varias razones:
1) Constituyó el punto de articulación y síntesis entre dos ejes de integración regional autónoma en América Latina y el Caribe bajo dos líneas político estratégicas diferentes: el MERCOSUR bajo gobiernos con una impronta nacional-popular neodesarrollista y el ALBA bajo gobiernos con horizontes anticapitalistas y mayor impronta antiimperialista. Ambas líneas, se encuentran en todos los gobiernos anti-neoliberales de la región, aunque predomine una u otra en cada caso, en una relación de fuerzas específica y fluctuante.
2) Articula dos grandes espacios suramericanos que, divididos, fracturan geopolíticamente la región: el llamado eje andino y el llamado eje Atlántico. La fractura está en relación a intereses político-económico del capital transnacional y multinacional occidental y a la geoestrategia que impone en la región el polo de poder anglosajón. Desde esta perspectiva, la Comunidad Andina y el MERCOSUR son ante todo áreas de libre comercio, desarticuladas entre sí en términos políticos, económicos y estratégicos, y rearticuladas desde afuera por las fuerzas que promueven el ALCA (subordinación a los poderes dominantes en EE.UU.) y la globalización financiera neoliberal.
3) Es el punto de partida de una ofensiva estratégica de integración regional, que se traduce en 2008 en la declaración para el establecimiento efectivo de la UNASUR (que ya se había formado en 2004, mismo año de fundación del ALBA) y en 2010 en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). La Unidad MERCOSUR-ALBA avanzando como UNASUR constituye el germen para retomar la línea histórica independentista, indisociable de la conformación de un Estado Continental Nuestroamericano. La fragmentación de la región en múltiples entidades políticas fue, históricamente, la condición de su dependencia (económica, política, ideológica, cultural) y subdesarrollo.
4) Es la piedra fundamental del eje integrador Orinoco-Amazonas-Cuenca del Plata. Suramérica tiene dos grandes columnas vertebrales a partir de las cuales se pueden establecer los ejes verticales de desarrollo endógeno: el eje Orinoco-Amazonas-Cuenca del Plata y el eje de los Andes (ruta histórica de la integración hispanoamericana y, por lo tanto, de las luchas revolucionarias del siglo XIX).
5) La incorporación de Venezuela al MERCOSUR implicó crear un bloque regional que se presenta como una potencia energética mundial.
A partir de 2012 con la aparición de la Alianza del Pacífico –constituida bajo la concepción estratégica de la Alianza Transpacífico y la Alianza Transatlántica, impulsadas por las fuerzas globalistas anglosajonas y sus alianzas mundiales— se retoma en la región el paradigma de regionalismo dependiente, también llamado regionalismo abierto. El mismo está centrado en:
a) el paradigma del libre comercio global,
b) las inversiones extranjeras como motor del desarrollo (dependiente),
c) la explotación de las ventajas comparativas estáticas (exportación de recursos naturales),
d) el desarrollo puesto en relación a la integración en el capitalismo global del siglo XXI y bajo el comando de las Redes Financieras Trasnacionales,
e) el alineamiento geopolítico con “Occidente” en general y en particular con el bloque globalista anglosajón (bloque que se enfrenta en sus territorios principales a las fuerzas anti-globalistas expresadas por Trump y el Brexit). (Para ampliar información ver: https://www.facebook.com/notes/cefipes/alianza-trans-pac%C3%ADfico-plan-belgrano-y-el-retorno-del-regionalismo-abierto-react/1803598953213530 )
La geoestrategia que cobra la forma de la Alianza Pacífico implicó la fractura de la UNASUR y la CELAC, el estancamiento de la ofensiva estratégica de las fuerzas del regionalismo autónomo, y la demostración de las serias debilidades de las fuerzas del regionalismo autónomo para llevar adelante sus objetivos y consolidar en términos estructurales (económicos, políticos, ideológicos y culturales) el proceso de integración.
El triunfo de la Alianza Cambiemos en Argentina y el golpe parlamentario en Brasil que dio lugar al gobierno de Temer significaron un cambio de correlación de fuerzas a favor del regionalismo dependiente, el abandono de la construcción de un bloque regional de poder y la integración en la estrategia globalista occidental – paradójicamente en plena crisis de dicha estrategia en sus territorios centrales.
Con la nueva agenda, en donde cambian los imperativos geopolíticos y geoestratégicos, empieza a quedar más claro por qué la actual Venezuela (más allá de formalismo) es excluida del MERCOSUR. Así lo afirma la nota editorial del diario argentino neoliberal-conservador La Nación del 13/03/2017, con respecto a la nueva Agenda del MERCOSUR: “Nada de esto requiere de la participación de Venezuela, que sólo procura entorpecer el trabajo del bloque regional.” Y cuál es la nueva Agenda:
a) Avanzar en acuerdos de libre comercio con terceros países (no socios del MERCOSUR), con la intención de eliminar la cláusula fundamental por la cual cualquier acuerdo comercial se hace en conjunto. Esto fue lo que hizo extinguir a la Comunidad Andina como bloque.
b) La convergencia con la Alianza del Pacífico, bajo el paradigma del regionalismo autónomo.
c) Avanzar con la Unión Europea en un acuerdo de libre comercio, que implica negociar una porción más amplia del estancado mercado europeo para las exportaciones de productos primarios del MERCOSUR a cambio de abrir las importaciones industriales, de servicios complejos, aceptar patentes y derechos de propiedad, etc., todo lo cual profundiza la relación de dependencia y, por lo tanto, la condición fundamental del subdesarrollo.
d) Cerrar las negociaciones con la Asociación Europea de Libre Comercio (Islandia, Suiza, Noruega y Liechtenstein).
e) Avanzar en un acuerdo de libre comercio con la India.
f) Redefinir la relación con China: de aliado geopolítico para el avance de la multipolaridad, a mero socio comercial en el marco del capitalismo global y bajo la mediación del capital transnacional.
Este es el contenido real del enfrentamiento y la exclusión de Venezuela del MECOSUR. Así como por razones y agendas inversas, en el marco del golpe parlamentario en Paraguay contra Lugo, se suspendió a dicho país y se hizo efectivo el ingreso de Venezuela al MERCOSUR, que el senado paraguayo resistía.
La nueva Agenda expresa una nueva geoestrategia, es decir, una nueva administración los intereses geopolíticos.
En este sentido, cambia la concepción geopolítica del MERCOSUR, asumiendo como propia la geopolítica del bloque global anglosajón: destruir cualquier posibilidad de construir una entidad geopolítica regional que tenga un poder suficiente para convertir a Nuestra América en un actor independiente, con posibilidad de desarrollo y con voz propia en el escenario mundial.
Por Gabriel Merino