Por qué les apuntan a las paritarias

Habrá resistencia

Por Santiago Fraschina *

La colisión de objetivos entre los diferentes responsables de la política económica del oficialismo –Hacienda, Finanzas, BCRA y jefatura de gabinete– es, tal vez, el principal limitante para que el gobierno armonice sus objetivos y avance hacia un plan consistente. Un crecimiento pírrico en 2017, traccionado por los sectores de actividad que no generan puestos de trabajo, o por un mero rebote estadístico, no alcanzará para apaciguar los reclamos de la calle. La evolución del poder adquisitivo, en función a la relación entre precios y salarios, será nuevamente una variable de alta relevancia.

En las últimas semanas estuvo muy presente en la discusión pública el caso de la paritaria docente, donde el gobierno buscó instalar como posible solución la oferta de un porcentaje de aumento salarial levemente por sobre el techo de los objetivos del programa antiinflacionario de este año, fijado en 17 por ciento, incorporando una cláusula adicional de ajuste automático, en caso de que ese tope se vulnere. Esta modalidad ya tuvo un antecedente concreto, a fines de 2016, donde la Provincia de Buenos Aires acordó con los trabajadores estatales un esquema de recomposición similar, y de vigencia plena para el corriente año. Así, a los fines de maximizar la probabilidad de consecución de la meta de inflación, diferentes representantes del poder ejecutivo han instalado la necesidad de que este dispositivo de reajuste salarial también se aplique para la negociación del ámbito privado, además de la obsesión por los objetivos de productividad. Todo esto, se enmarca en un año donde el cumplimiento del régimen de metas de inflación se erige como la línea de flotación del programa global de restricción monetaria, bajo el paradigma de que son los excesos de dinero en circulación los únicos determinantes del aumento de precios. La capacidad de alinear las variaciones económicas en pos de dotar de veracidad el objetivo inflacionario es crucial en todo esquema de metas de inflación. Un segundo año de incumplimiento podría erosionar ampliamente la confianza y socavar la credibilidad del régimen.

No obstante, desde que la institución “paritarias libres” se restituyó en nuestro país, las negociaciones de los diferentes gremios (y, por ende, el promedio general), se distanciaron sistemáticamente del avance general de precios. A lo largo de los últimos años, la brecha fue típicamente positiva, con excepción de un año de virtual empate y un año de deterioro. En un ejercicio contrafáctico, se podría analizar la separación entre la evolución de un índice de precios y el promedio de las paritarias, con el propósito de cuantificar lo que hubieran perdido los trabajadores, en promedio, en caso de que la negociación colectiva se redujera a un mero ajuste por inflación. Si tomamos el índice de la consultora de Miguel Bein, como escenario conservador, en el lapso de los últimos diez años el efecto de pérdida de poder adquisitivo se ha acumulado paulatinamente. En números, el deterioro en este caso hipotético donde se hubiera aplicado un ajuste por inflación en vez de celebrarse paritarias libres sería del 40,2 por ciento. Cabe aclarar que este número cae al 31,3 por ciento cuando se incluye el último año (2016), donde se verificó una caída de salarios reales en torno al 7 por ciento. También es relevante remarcar que este diferencial, ha sido favorable para los trabajadores en ocho de los diez años que van entre 2006 y 2015.

En un año donde el objetivo inflacionario se constituye como la columna vertebral del programa económico general, así como el eje principal para el cumplimiento de las pautas presupuestarias, el gobierno sabe que el número consolidado del promedio de las negociaciones colectivas salariales será determinante a la hora de alinear expectativas. La memoria fresca de tres mandatos constitucionales donde el trabajo ha recuperado participación en la distribución del ingreso en diez de los doce años, es un signo de época muy presente en la memoria colectiva. Sería difícil imaginar resignación y desánimo ante un segundo año consecutivo de pérdida de poder adquisitivo para las mayorías populares. En especial, en una economía donde no existe salida de la recesión con caída de salarios reales.

* Economista, Universidad Nacional de Avellaneda (Undav), Integrante de EPPA.