Perspectivas del frente opositor

Por Jorge Molinero

Tras las elecciones de octubre el oficialismo, que salió fortalecido al triunfar en varios distritos clave frente a la dispersión de la oposición, se lanzó a profundizar su regresivo plan económico y social. En un acuerdo logrado con aprietes de todo tipo a los gobernadores y legisladores peronistas obtuvo los apoyos legislativos a las reformas tributaria y previsional. Por el momento no cuenta con apoyo para la reforma laboral. La de mayor repercusión política fue la reforma previsional, que redujo derechos a la masa de jubilados y deteriora seriamente las perspectivas de los futuros beneficiarios, acompañada por intensas manifestaciones que pusieron el tema en el foco de atención de la población.
Las distintas expresiones de la oposición parecían sin norte tras la victoria oficialista y sólo se profundizaban los pases de factura en los incontables distritos perdidos o con retrocesos sensibles, hasta que hace algunas semanas – impensadamente para muchos – se reunieron en la UMET dirigentes del kirchnerismo, el randazzismo, el massismo y dirigentes como Alberto Rodríguez Saa, entre otros. La reunión contó con el aval de Cristina y Randazzo y la oposición de Massa. Ello estuvo precedido por una reunión entre Cristina y Alberto Fernández. También hubo reuniones en el interior, la más significativa hasta ahora la de Coqui Capitanich. El 21 de febrero Moyano convocó un acto masivo en la Avenida 9 de Julio. Además de Camioneros participaron activamente las dos CTA, Bancarios y muchos gremios, incluidos varios de la CGT que no convocó, y una masa muy importante de organizaciones sociales y agrupaciones políticas. Fue un acto en contra de Macri mucho más que a favor de Moyano.
El gobierno nacional restó trascendencia a esos actos políticos y denostó al sindicalismo al referirse a la concentración popular del 21 F. Más recientemente en el día de la apertura de las sesiones legislativas ordinarias Macri leyó un discurso de vaguedades y embellecimiento de la situación socioeconómica que poco se compadece con la realidad. Está claro que piensa que su avance electoral en octubre le permitirá profundizar la política de favorecer al capital en contra de los intereses de los trabajadores, y de allí la ofensiva contra los sindicalistas, donde primero ataca a los díscolos a sus dictados y luego lo hará con el resto de los “dialoguistas”.
Si estos son los hechos recientes más salientes, ¿cómo los interpretamos?
Nuestra evaluación es que hay conciencia en la dirección del kirchnerismo del serio retroceso político que significó la revalidación electoral del gobierno en octubre. Este ganó en los principales distritos frente a un peronismo dividido, y derrotó a Cristina en la Provincia de Buenos Aires por más de 400.000 votos. Provincia esquiva desde que ganó de Narváez en 2009, y si bien se dio vuelta con creces en 2011, se volvió a perder frente a Massa en 2013, a Vidal en 2015 y a Bullrich en 2017. En otras provincias no les fue mejor a las distintas expresiones peronistas. Hubo derrotas en la Santa Fe del Chivo Rossi, el Chaco del Coqui Capitanich, y también en las opo-oficialistas Salta de Urtubey y Córdoba de Schiaretti, entre tantos retrocesos. No se entendería sin esa evaluación una reunión con sectores que han colaborado abiertamente con el gobierno (el massismo) o han jugado en contra de las posibilidades de un triunfo en la provincia como la candidatura de Randazzo.
A más de dos años de gobierno de Macri el poder económico concentrado maneja casi todos los resortes: el poder ejecutivo, grandes porciones del judicial, hasta ahora el legislativo (por chantaje de apoyos financieros o carpetazos), los medios hegemónicos, los servicios de inteligencia, las fuerzas armadas y de seguridad, el apoyo de la embajada, la pasividad cómplice de la CGT, entre otros tantos.
Durante los gobiernos kirchneristas los medios hegemónicos estuvieron fuertemente en contra, en especial a partir de 2008. Pero se contaba con medios a favor, incluyendo los canales oficiales y varios oficiosos. Una vez que se perdió el poder político la hegemonía de los medios de la derecha se hizo mucho más asfixiante y se constituyó en factor determinante del retroceso de la conciencia política de amplios sectores populares, incluidos los que objetivamente empeoraron su situación con este gobierno.
¿Por qué decimos que las gestiones encaminadas a organizar un frente opositor parten de un reconocimiento del retroceso sufrido? Porque la principal espada en el evento de UMET, el Chivo Rossi, lo explicitó al indicar que el límite para formar parte del frente era Macri. No dijo Massa, ni Randazzo, dijo Macri, y Cristina no lo desautorizó. El significado de un frente que incluye a esas distintas expresiones (al margen de la poca probabilidad que la integre Massa aunque sí partes importantes de su estructura política) es que será menos definido que la fracción kirchnerista que parece ser la más importante. Se ha desatado, dentro del kirchnerismo, la discusión sobre la hegemonía del frente en cuestión, y muchos han centrado la discusión en la plataforma que debe tener el frente opositor, que marcaría quienes están adentro y quienes afuera. Sería bueno que así fuese, pero no es necesariamente así. Para comenzar, estas primeras rondas de reuniones no agotan las distintas fracciones del peronismo. Además, lo explicitó Alberto Rodríguez Saa, habría que ampliar el frente opositor con expresiones de la izquierda y el progresismo.
Para el armado de un frente opositor es muy importante la actitud que asuman las distintas dirigencias sindicales, hoy seriamente divididas entre dialoguistas y crecientemente opositores. No es posible lograr un frente político popular con capacidad de triunfo sin el apoyo de los trabajadores organizados y una fracción importante de sus conducciones sindicales. Ese es el sentido de la profundización de la unidad que se planteó en el acto del 21 F.
En política no se puede avanzar forzando interpretaciones de la realidad para que coincidan con nuestras expectativas o nuestros ideales. Esos objetivos e ideales no se deben declinar en ninguna circunstancia. Lo que no hay que hacer es confundir los objetivos con la posibilidad de lograrlos en forma inmediata, porque al hacerlo sólo se aísla de las mayorías como vanguardismo, sin percibir el retroceso en el grado de conciencia política que se ha producido en muchos sectores populares. Al margen de las intenciones se estaría garantizando la continuidad del plan de la derecha en todas sus dimensiones.
Por qué no se puede garantizar la hegemonía cuando fue posible hacerlo en las presidencias de Néstor y Cristina? Porque las circunstancias son diferentes, tanto en el plano de las posibilidades económicas como en el grado de conciencia política de las mayorías. No tomar esto en cuenta sería un serio error político.
Había problemas en distintas áreas al momento del triunfo de Cristina en 2011 con el 54 % de los votos. En pocos meses se perdió el apoyo político de una fracción no despreciable de la clase media con la imposición del denominado “cepo” a la compra de dólares para evitar una acelerada fuga que nunca cesó, en un país de elevada inflación. Antes de fines del 2011 se había roto lanzas con las organizaciones gremiales comandadas por Moyano. No se critican las decisiones, sólo se indica que fueron limitantes que los cambios posteriores agravaron.
A mediados de 2012 comenzó la caída de los precios internacionales de las commodities y se pasó a perder en cuatro años más de 25.000 millones de dólares anuales de exportación (Exportaciones 2011: U$S 82.981 Millones; 2015: U$S 56.788 Millones) caída de exportaciones que se mantiene aun en el gobierno de los ricos y poderosos con retenciones eliminadas o en retroceso (soja). Esa etapa de muy altos precios internacionales a nuestras exportaciones se terminó. No existe y no se puede crearla sólo con la voluntad. Tampoco, sin esos excedentes, se pueden repetir en forma idéntica las políticas redistributivas que se pudieron hacer en Argentina y el resto de los países sudamericanos durante la década pasada. Ese cambio de escenario internacional ayuda a comprender muchos cambios políticos en los países de nuestro subcontinente.
Sin las condiciones económicas que posibilitaron el crecimiento acelerado y la redistribución progresiva la lucha política se agudiza, en desmedro del apoyo político con que contaban los sectores transformadores en años pasados, por razones que van más allá de la extensión de este artículo.
Una razón, entre otras, es la heterogeneidad social actual que hace que una proporción elevada de la población se sienta “clase media” (trabajadores formales, sean obreros o empleados, cuenta propia no de subsistencia, profesionales, pequeños y medianos empresarios, etc.) a diferencia de la separación de clases en los años cuarenta hasta los setenta (etapa de la economía cerrada) con amplias mayorías de trabajadores manuales formales. Estas nuevas y heterogéneas clases medias, que habían sido golpeadas por el corralito y la crisis del 2001/2002, se rehicieron, ganaron dinero y confianza, pero partes de ella dejaron de apoyar políticamente a quienes le hicieron emerger en los años de crecimiento acelerado que van de 2003 a 2011. El crecimiento posterior (2012 a 2015) fue mucho menor en condiciones internacionales más adversas, pero se logró sin apelar a ajustes recesivos como los que implementó el macrismo.
Esos mismos sectores sociales que apoyaron al kirchnerismo en la década pasada y se apartaron luego pueden volver a cambiar de posición en función de cambios en la realidad económica y social del país. Es el importante sector identificado como los independientes en las encuestas que pueden definir un ballotage. Estos cambios tienen que ser de una magnitud importante para que prevalezcan sobre sus aspiraciones sociales que los alejan de la suerte de los sectores más precarios. También en los más precarios la adhesión al kirchnerismo se ha retraído aunque sea muy significativa, otra marca de la penetración de los medios hegemónicos.
El gobierno de Cambiemos provocó deliberadamente la caída de la producción, el consumo y la ocupación en 2016, para cambiar la distribución del ingreso, atribuyendo el ajuste realizado a la necesidad de enderezar los desmanejos de la “pesada herencia”, ya que el gobierno anterior “se había robado todo”. Esas dos muletillas, repetidas hasta el cansancio por la cadena de medios públicos y privados, profundizaron la caída de apoyo político al kirchnerismo en los dos últimos años.
A pesar de la intención gubernamental, estos retrocesos económicos fueron moderados para lo que son los ajustes típicos en nuestro país. La causa principal fue la capacidad de resistencia de las organizaciones políticas, sociales y gremiales (luchas por el salario, contra los tarifazos, etc.). En 2017 la situación económica se revirtió parcialmente sobre todo acercándose a las elecciones y ello contribuyó al triunfo de Cambiemos. El año cerró con un crecimiento desigual (retroceso del empleo formal en la industria, crecimiento de sectores de la construcción y del cuentapropismo ahora blanqueado para cobrar la AUH) pero totalizó un 2,8 % positivo. El endeudamiento externo y el alto peso de los intereses de las Lebac pueden desbalancear el esquema macroeconómico del país, pero el gobierno todavía tiene margen para seguir endeudándose. Si no les estalla la crisis de la deuda (mega devaluación por huida de divisas o imposición del Fondo Monetario) hasta después de las elecciones y no cometen serios errores políticos, pueden volver a ganar. El deterioro actual de la imagen del gobierno puede volver a revertirse con un gasto preelectoral en obras públicas como se hizo en 2017. Pero las condiciones son más adversas también para el gobierno en este campo, aunque las alternativas siguen abiertas.
Un frente como el que se está delineando, aun con hegemonía kirchnerista, tendría serias dificultades de revertir todos los retrocesos que ha impuesto el gobierno de la derecha en el marco internacional actual. Es más. La misma idea de frente es el reconocimiento al otro como necesario, y por lo tanto hay principios básicos a acordar, mínimos comunes denominadores, pero no será la plataforma exclusiva de ninguna fracción por importante que sea. Es sin dudas una limitación cuando hay que tratar de revertir tantos retrocesos, y de eso se tratan las distintas iniciativas políticas que se están desarrollando. Pero la alternativa de definir muy estrechamente la amplitud del frente es continuar con la dispersión de las distintas oposiciones, garantizando el triunfo de Cambiemos.
La alternativa que apoyamos es este frente amplio aunque de bordes peligrosamente indefinidos. No hay garantías que esas indefiniciones se resuelvan positivamente, como no hay garantías de que un equipo de futbol gane, pero no por ello no juega. Es necesario luchar en cada campo para recuperar la conciencia política y poder definir con la presión popular los objetivos del frente tanto en independencia económica como en justicia social y defensa de derechos. Es un partido que hay que jugar poniendo todo en la cancha.