OETEC responde a Greenpeace y sus “fuentes sucias”

Direccionar las inversiones argentinas en infraestructura energética hacia las energías renovables con el objetivo de revertir la dependencia de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas, sólo es una expresión de deseo amigable; técnicamente, resulta inviable. En este sentido, las declaraciones de Pietro no tienen en cuenta que dentro de la planificación en energía se trabaja con los conceptos de diversificación y de seguridad energética, resultando inconveniente monopolizar un tipo de fuente como también promocionar las “energías limpias” como único sostén de un sistema energético nacional capaz de abastecer a la totalidad de la demanda, siempre y por supuesto apostando a que esa demanda vaya en aumento.

Por un lado, el concepto de “diversificación” supone asegurar la disponibilidad de una serie variada de fuentes energéticas que permitan diversificar y reducir los riesgos ocasionados por los recursos empleados para la producción de energía, el acceso a los mismos y, consecuentemente, su disponibilidad de cara al aseguramiento del suministro. Por otro lado, el concepto de “seguridad” prevé otorgar garantías de un suministro permanente, independientemente de las condiciones climáticas y/o la disponibilidad del recurso, hecho que no se garantiza con las renovables. Teniendo en cuenta que la diversificación nos sugiere no apostar por un solo tipo de fuente y que la energía renovable todavía no puede sortear los obstáculos de la disponibilidad permanente, el almacenamiento para períodos de escasez o la capacidad para producir los volúmenes energéticos requeridos por la demanda local, los voluntarismos bien intencionados pierden sentido.

Para explicar lo anterior con más detalle, desde OETEC hemos insistido sobre el concepto de “trilema energético” desarrollado por el Consejo Mundial de Energía (WEC, en inglés). Puntualmente, este término resume y evalúa la capacidad que tienen los países para elaborar y ejecutar políticas energéticas sostenibles a partir de tres dimensiones: 1) la seguridad energética asociada a la gestión eficaz del suministro de energía primaria procedente de fuentes internas y externas, la fiabilidad de la infraestructura energética asociada y la capacidad de las empresas vinculadas para satisfacer la demanda actual y futura; 2) la equidad energética referente a la accesibilidad y asequibilidad del suministro energético para toda la población; y 3) la sostenibilidad, es decir, la eficiencia del suministro y de la demanda mediante programas de eficiencia energética y el desarrollo e incorporación de energías renovables y/o de baja emisión de carbono que contribuyan a la preservación del medio ambiente, entre otros.

Si bien es cierto que nuestro país todavía depende de los hidrocarburos para generar energía y que, al mismo tiempo, éstos son un componente central de la emisión de gases de efecto invernadero a nivel local y mundial, apostar absolutamente todos los recursos a la generación de energía renovable sería un error técnico, estratégico y político. Sin embargo, la incorporación paulatina de este tipo de energías así como el incremento de su participación dentro de la matriz energética resulta evidente y beneficiosa. En este sentido, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA, en inglés), alrededor de dos tercios de los gases efecto invernadero están vinculados a la producción de energía. La sanción de la Ley 27.191 en septiembre de 2015 -decreto reglamentario aún pendiente- que modifica y amplía lo establecido por la ley 26.190 y el Régimen de Fomento Nacional para el Uso de Fuentes Renovables de Energía Destinada a la Producción de Energía Eléctrica con incentivos y metas temporales concretas, resultan un paso fundamental. Se deberá avanzar con firmeza siguiendo el ejemplo del “Programa Generación Eléctrica a Partir de Fuentes Renovables” (GENREN) impulsado por el entonces Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios (MINPLAN) y gestionado a través de la empresa Energía Argentina Sociedad Anónima (ENARSA S.A.).

Asimismo, resulta impensable reemplazar a la energía nuclear en su totalidad puesto que es un componente central en la estrategia de diversificación de la matriz energética por su capacidad de proveer gran cantidad de energía de manera constante y a costos competitivos. No obstante, la energía nuclear no es inocua, como ninguna de las actividades que realiza el hombre. La generación nucleoeléctrica también produce residuos, al igual que cualquier otra actividad destinada a la producción de energía, pero resulta la única fuente que puede cuantificar concretamente sus residuos y gestionarlos sustentablemente a partir de su disposición final o su reutilización, sin emitir gases de efecto invernadero y permitiendo sustituir importantes cantidades de combustibles fósiles que se requerirían para generar igual cantidad de energía a través de la utilización de hidrocarburos. Quienes conocen las cifras del sector energético saben que, si bien las centrales nucleares requieren de una inversión inicial importante, sus costos se amortiguan y recuperan durante la vida de operación de la planta (alrededor de sesenta años) al mismo tiempo que se potencia la industria asociada y se produce energía independiente de los factores climáticos.

De este modo, la energía nuclear no sólo es un eslabón central en la reducción de la dependencia que nuestro país tiene de las “energías sucias” sino que también resulta una fuente energética capaz de contribuir significativamente al cumplimiento de los otros dos componentes que hacen al mencionado trilema: la equidad energética y la sostenibilidad.

En una entrevista realizada por OETEC al Dr. Patrick Moore durante 2014, el cofundador de Greenpeace -además durante nueve años Presidente para Canadá y siete años Director a nivel internacional- admitió no haber comprendido en su momento los beneficios de la energía nuclear, tanto en materia energética como en materia medicinal: “Cometí el error, como casi todo el mundo en el movimiento ambientalista de los años 70 y 80, de confundir la energía nuclear con las armas nucleares, como si todo lo que tuviera relación con lo nuclear y la radiación fuera siniestro” y agregó: “Dado que la radiación es invisible, es fácil generar temor sobre ella. Pero los hechos son claros: la radiación ha dañado a muy pocas personas en comparación con otras actividades y productos químicos industriales. De los 3 accidentes nucleares graves de los últimos 60 años, sólo uno ha causado pérdida de vidas humanas. La Organización Mundial de la Salud informa que sólo 56 muertes son atribuibles a la explosión de Chernóbil y no existe prueba alguna de aumento de la incidencia de cáncer en las 340.000 personas que fueron evacuadas. Nadie murió a causa de la radiación de Fukushima y la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación en Hiroshima dice que no habrá ningún efecto discernible sobre la salud en el futuro porque nadie recibió una dosis alta de radiación. Es lamentable que muchos activistas anti-nucleares difundan desinformación sobre la energía nuclear, alegando muertes masivas en Chernóbil, y exageren el impacto de Fukushima. La energía nuclear es una de las tecnologías más limpias, confiables y rentables para la producción de electricidad a gran escala. Más de 400 reactores nucleares en el mundo generan casi el 15% de la electricidad mundial, una cantidad similar a la que produce la energía hidroeléctrica. Estas son las tecnologías a gran escala confiables que pueden reemplazar a los combustibles fósiles”.

Adicionalmente, considerando el desarrollo nuclear de nuestro país, luego de 65 años de existencia del sector científico, tecnológico e industrial asociado a este tipo de energía, se ha permitido el impulso y la sinergia entre el Estado y las diversas empresas abocadas a la provisión de bienes y servicios específicos, generando las condiciones para que la Argentina desarrolle capacidades de referencia internacional, forme y capacite técnicos y profesionales de primer nivel y promueva el empleo calificado, pudiéndose complementar absolutamente con los beneficios que las energías renovables producirían, de acuerdo con Prieto.

Como vimos, insistir en disociar los objetivos de la energía nuclear con los de las energías renovables no conduce a la implementación de una agenda de desarrollo energético técnicamente viable y ambientalmente sustentable.

 

Bibliografia
World Energy Council (WEC); “2015 Energy Trilemma Index: Benchmarking the sustainability of national energy systems”, Londres, 2015.

International Energy Agency (IEA); “Energy and Climate Change. Wolrd Energy Outlook Special Briefing for COP21”, OECD/IEA, Paris, 2015.

Martín Prieto; “Ya basta de fuentes sucias”, Perfil, 27 de febrero de 2016.

OETEC; “Apoyo plenamente la ambición de la Argentina de desarrollar más energía nuclear”, entrevista a Patrick Moore, 19 de diciembre de 2014.