Mini Davos

El gobierno nacional continúa apostando a la “lluvia de inversiones” de las corporaciones trasnacionales. El celo puesto en la organización del Foro de Inversión y Negocios, en el Centro Cultural Kirchner, es congruente con ese objetivo. A comienzos de año, el Presidente Mauricio Macri concurrió al Foro Económico Mundial celebrado en Davos. En esa idílica localidad suiza, sostuvo que “es un lugar que te permite en 48 horas ver a varios presidentes y relacionarte con importantes responsables del mundo de la inversión”.

Los supuestos impactos positivos de la Inversión Extranjera Directa son discutibles. La experiencia histórica mundial demuestra que una política de apertura indiscriminada termina dañando el tejido productivo local. En todo caso, la cuestión central es promover el arribo del capital extranjero que contribuya al desarrollo nacional. Un elemento adicional es que se ha demostrado que la estrategia de inversiones por parte de corporaciones multinacionales para América del Sur y Central es realizarlas con financiamiento mientras que en los países centrales y asiáticos las realizan con la retención de las propias utilidades (superávit de sus flujos de fondos). De modo que en el fondo es mayor endeudamiento y mayor presión sobre el mercado de divisas agudizando la restricción externa.

El oficialismo es ajeno a esas sutilezas. El gobierno transmitió un clima de euforia luego de asistir al Foro Económico Mundial y organizar el mini-Davos. El kirchnerismo nunca participó de las reuniones organizadas por ese “club de ricos”. El último mandatario argentino que había asistido fue Eduardo Duhalde en 2002. El dato curioso es que, en ese momento, fue acompañado por el Presidente del BCRA Alfonso Prat Gay.

Ahora bien, ¿Qué es el Foro Económico Mundial? Se autodefine como una “organización internacional independiente comprometida con la situación mundial, que genera asociaciones entre líderes para definir la agenda global y las agendas regionales e industriales”. La historia se remonta a 1971. Ese año, el profesor en administración de empresas Karl Schwab reunió por primera vez a un conjunto de líderes ejecutivos europeos. A partir de entonces, el Foro se afianzó como espacio de reunión de líderes mundiales (jefes de estado, banqueros, corporaciones transnacionales) que promueven una agenda neoliberal.

El activismo de ese foro se multiplicó en la década de los noventa. En enero de 1999, cinco movimientos sociales (Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, sindicatos obreros de Corea del Sur, cooperativas agrícolas de Burkina Faso, Movimiento de Mujeres de Québec, Movimiento de Desempleado de Francia) organizaron una protesta en Davos. Los organizadores convocaron a una conferencia de prensa para denunciar las políticas impulsadas por los “dueños del mundo”.

Ese fue el antecedente de la constitución del Foro Social Mundial de Porto Alegre en 2001, que congregó a un heterogéneo conjunto de organizaciones (sociales, políticas, ambientales, sindicales) que impugnaban el orden neoliberal. En ese momento, el periodista Ignacio Ramonet señaló que “mientras un Davos fortificado y militarizado apareció sumido en la mala conciencia y en la culpabilidad, el éxito festivo de Porto Alegre salta a la vista. Unos 12.000 participantes (sólo se esperaban a 5000), 120 países representados, 1600 periodistas acreditados, más de 800 ONG, 400 talleres de reflexión, decenas de intelectuales de talla internacional (Samir Amin, Armand Mattelart, Eduardo Galeano, Walden Bello, Ariel Dorfman, Tarek Alí)”. La nueva oleada neoliberal en América latina está sepultando ese entusiasmo de Porto Alegre.