Menos carne en la mesa de los argentinos

El actual modelo económico sigue teniendo repercusiones en el bienestar de la población, como consecuencia de la caída de los ingresos reales. Además del deterioro en el poder de compra de productos de consumo durables y de viajes de turismo, los impactos en los sectores medios y bajos de la población ya se sienten al nivel del consumo de los productos de la canasta básica alimentaria. La importancia del consumo de carne no solamente radica en cuestiones de índole idiosincrática, sino también en el aporte nutricional que tiene para mantener una dieta apropiada, rica en proteínas y minerales. A contraposición, como se sabe, la carencia de carne en la mesa de los argentinos suele venir aparejada de un sobreconsumo de harinas (hidratos de carbonos) que resulta nocivo para la salud y redunda en una merma en el rendimiento físico de las personas.

Es que la batería de políticas económicas implementadas desde el palacio de hacienda, fue configurando una “tormenta perfecta” que se precipitó sobre el modelo de consumo interno pujante que a lo largo de los últimos doce años benefició a las clases populares. Así, por ejemplo, el combo de devaluación y quita de retenciones (de muchos insumos del mercado ganadero) modificó los incentivos de los productores agropecuarios desde el abastecimiento interno hacia la exportación. No obstante, las cantidades vendidas de carne vacuna cayeron un 5,3% en el primer cuatrimestre, producto de la debilidad de los mercados extranjeros (en especial por la crisis de Brasil). Más aún, el deterioro en la capacidad de compra de carne se explica por la pérdida de poder adquisitivo de las familias, derivada del hecho de que el nivel general de precios sube por encima de las recomposiciones salariales.

Así, los indicadores económicos de comercio y consumo empiezan a reflejar estos efectos perniciosos. Por ejemplo, el índice de ventas de productos en supermercados que publica mensualmente el INDEC marca un avance del 27,6% para los primeros cuatro meses del año, esto es, un descenso real superior a los 12 puntos porcentuales una vez que se lo ajusta por la inflación interanual superior al 40%. Más focalizado aún, cabe dar cuenta que cuando se computa el desglose de este indicador por artículos, se observa que el ítem correspondiente a la carne registra un aumento del 29,3% en el mes de abril, esto es, más de 10 puntos porcentuales de caída del consumo real de carne.

Con todo, los resultados en materia del consumo interno de carne hablan por sí solos. En lo que va del año, el promedio de kilos comprados por habitante se redujo significativamente. Mientras en mayo del 2015 el argentino promedio consumía 59 kilos y medio por año, en mayo del corriente se compran sólo 55,7 kilos por año, esto es, una merma del 6,4%; siendo además, el menor consumo per cápita de los últimos cinco años. Asimismo, si se promedian los primeros cinco meses del año, el consumo se redujo en un 6,3%.

Por último, es importante resaltar lo ocurrido en materia de producción, ya que los guarismos observados golpean a las economías regionales y dificultan la recuperación de la actividad pecuaria, dos objetivos planteados por la actual gestión. En ese sentido, los primeros meses de año redundaron en una merma superior al 5,5% (en la comparación trimestral interanual) tanto en lo relativo a la faena de terneros y vacas como de otros animales en pie.

En los siguientes gráficos se ilustra la evolución de los fenómenos analizados:

Fuente: Ciccra

Federico Cagnani