Más pobreza


El Instituto oficial de Estadísticas y Censos está dejando atrás el insólito “apagón estadístico”. Difundió sus primeras estimaciones de pobreza e indigencia correspondientes al segundo trimestre del 2016.

Según el Indec, la tasa de pobreza asciende al 32,2 por ciento de las personas (8.772.000) y 23,1 por ciento de los hogares. De ese total, el 6,3 por ciento de las personas (1.705.000) y 4,8 por ciento de los hogares son considerados indigentes. La región con mayor porcentaje de pobreza es el Noreste, con el 40,1 por ciento, seguido por el Noroeste (35,8), Cuyo (35,6), Región Pampeana (32,6), Gran Buenos Aires (30,9) y Patagonia (24,7 por ciento).

Para analizar correctamente esos valores es necesario realizar algunas precisiones conceptuales. La metodología utilizada por el Indec es conocida con el nombre de “línea de pobreza” o “enfoque del ingreso”. Esta consiste en definir si los hogares pueden satisfacer un conjunto de necesidades alimentarias y no alimentarias esenciales (vestimenta, transporte, educación, salud) que conforman la “Canasta Básica Total” (CBT).

En otras palabras, la pobreza se calcula en función a la proporción de personas cuyos ingresos no superan el valor de la CBT. El parámetro para el cálculo de la indigencia es la Canasta Básica Alimentaria (CBA)

La última medición resulta incomparable con las anteriores debido al rediseño de las Canastas de referencia. Las modificaciones más importantes fueron: 1) incorporación de mayor cantidad de productos y 2) alteración de los ponderadores de bienes y servicios. De haberse continuado con la metodología anterior, el índice de pobreza hubiese rondado el 23 por ciento.

Los investigadores del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina recalcularon las tasas de pobreza e indigencia (etapa 2004-2016) en base a la metodología actual. Ese trabajo es un insumo esencial para realizar un correcto análisis comparativo. Los resultados de ese estudio revelan que la tasa de pobreza habría disminuido del 57,3 por ciento (primer semestre de 2004) al 29,7 por ciento (primer semestre del 2015). A su vez, la tasa de indigencia hubiera descendido –en idéntico período– del 23,1 al 5,5 por ciento.

Por el contrario, la pobreza e indigencia creció en el primer semestre macrista del 29,7 al 32,2 por ciento y del 5,5 al 6,3 por ciento, respectivamente.

La ampliación (y por ende, encarecimiento) de la CBT es materia discutible. En esa línea, el investigador del Conicet Daniel Schteingart elaboró un cuadro comparativo con la cantidad de dólares diarios (en Paridad de Poder Adquisitivo) necesarios en cada país para no caer en la pobreza o indigencia. Los resultados son bastantes elocuentes. El parámetro argentino es el más exigente de toda América latina. Por ejemplo, un habitante chileno necesita menos de la mitad de ingresos que un argentino (3,8 dólares diarios versus 8,4 dólares diarios) para no caer debajo de la línea de la pobreza. La modificación metodológica realizada resulta funcional a “embarullar” las comparaciones y adjudicar todas las culpas a la “pesada herencia”.