Las condiciones socioeconómicas en la Dictadura cívico-militar: el inicio del fin…

A partir de la dictadura militar iniciada en 1976 se produjo la ruptura de la industrialización sustitutiva que se había iniciado en 1930 en la Argentina. En efecto, desde 1930 hasta 1976 se desarrolló en la Argentina el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI); en el cual las distintas políticas económicas, más allá de sus particularidades y diferencias, tenían en líneas generales como objetivo central incrementar el proceso de industrialización del país. La industrialización en este modelo de acumulación constituyó el propósito común y permanente de las políticas económicas, siendo la protección arancelaria, el privilegio fiscal y el crédito subsidiado los principales instrumentos de políticas para dicho fin. De esta manera, desde 1930 hasta 1976 se generó un mecanismo de transferencia de recursos hacia el sector industrial.

Una de las características más destacable de este modelo era la importancia del mercado interno como destinatario de los productos industriales producidos en el país ya que eran los trabajadores los que compraban los productos nacionales con su salario.

Como gran parte del empresariado local producía para el mercado interno, el salario era visualizado por la mayoría de los capitalistas como un factor de demanda de sus productos. Por lo tanto, no existían incentivos de los sectores dominantes para reducir las remuneraciones de la clase obrera.

Con la dictadura militar de 1976 se interrumpe el modelo de industrialización sustitutiva y se construyó un nuevo modelo de acumulación: el sistema de valorización financiera. Este nuevo modelo produjo profundas modificaciones de la situación imperante en la Argentina hasta ese momento.

En otras palabras, a partir de 1976 se generó un corte en la historia argentina que llevó a cambios políticos, económicos y sociales. En particular, las políticas económicas implementadas por la dictadura militar provocaron una transformación radical del esquema de funcionamiento de la economía argentina vigente desde 1930, es decir, de la industrialización por sustitución de importaciones.

El programa económico aplicado por la dictadura militar produjo una reversión completa de las políticas implementadas en la industrialización sustitutiva, condenando los instrumentos utilizados en este modelo y proponiéndose como objetivos la apertura de la economía, la libre operación de los mercados de capitales, la desregulación de los diferentes mercados y un proceso de privatizaciones; dando por terminado la industrialización como objetivo de las políticas económicas.

Algunas de las consecuencias más importantes del nuevo modelo de acumulación fueron: la concentración del ingreso, el crecimiento de la deuda externa, el incremento de la fuga de capitales, la desindustrialización de la economía argentina y un aumento de la pauperización social. Todos estos temas, afectaron en mayor o en menor medida al mercado de trabajo.

En primer lugar, como se pasó de un modelo productivo a uno de valorización financiera, el salario pasó a ser visto como un costo para la clase empresaria en vez de ser percibido como un factor de demanda. Por ejemplo, Santarcangelo y Pinazo (2008) señalan que la industria textil y la producción de maquinaria y equipo redujeron su demanda de empleo un 60% y explicaron más del 55% de la caída del mismo (aproximadamente 450 mil puestos). Otro punto que los autores mencionan es el impacto que la dinámica del empleo industrial tuvo para el total de la clase trabajadora en su conjunto, teniendo en cuenta el lugar que en ese momento tenía el sector industrial como empleador. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del año 1976 existían 9,5 millones de personas (ya fueran obreros, patrones, cuentapropistas o trabajadores familiares) con empleo de las cuales el 21,1% se desempeñaban como asalariados en la industria. Una última cuestión que mencionan los autores es que a partir de 1976, salvo en el periodo 1982-1984 los años de crecimiento económico no están asociados con la creación de puestos de trabajo.

A  su vez, a través del congelamiento salarial, de la eliminación del control de precios y de la devaluación de la moneda se generó una importante transferencia de recursos de los asalariados al capital, lo que nos muestra una situación muy parecida (por no decir igual), a la que están viviendo los trabajadores en la actualidad. En 1975, la clase trabajadora se apropiaba del 45% del PBI y en 1977 se llevó solamente un 28%.

A esta caída abrupta del salario real es necesario agregar la pauperización creciente de la situación social. Si bien durante los años de la dictadura no se produjeron grandes cambios en el desempleo y el subempleo, esto se debió al crecimiento de la informalidad, que actuó como refugio de aquellos que perdieron sus puestos de trabajo.

Entre aquellos cambios socioeconómicos que comenzaron a producirse a partir de la dictadura cívico-militar, se pueden mencionar los siguientes.

En primer lugar, se observa un deterioro en la distribución del ingreso para los sectores populares y medios en detrimento de los sectores de altos ingresos. Partiendo del año 1974 (año que se registran datos sobre el tema y se puede considerar como la situación socioeconómica previa al Golpe), los de mayores ingresos acaparaban el 54,2% mientras medios y bajos, 33,4% y 12,5 respectivamente tal como se observa en el gráfico N° 1. Como consecuencias de las medidas económicas mencionadas implementadas por la Dictadura, ya para 1980 se observan los primeros signos de una regresión en la distribución de los ingresos: tanto los sectores populares como la clase media pierden participación en el reparto (-1,8 pop y -2,1 pop respectivamente) en beneficio del sector de mayores ingresos y el panorama queda de la siguiente forma: sectores de bajos ingresos 10,6%, sectores medios 31,2% y altos ingresos 58,1%. En tanto, para 1986 (momento elegido posterior al Golpe), la situación se profundiza aún más: aquellos que integran los más altos deciles (8°, 9° y 10° decil) tenían el 62,9% mientras que los dos restantes el 37,1% (los sectores bajos -deciles 1, 2 y tres 9,9%; sectores medios, 4,5,6 y 7 29,9%).

Distribución del ingreso per cápita familiar (en %). 1974-1986
Gráfico Nº 1: Distribución del ingreso per cápita familiar (en %). 1974-1986. Gran Buenos Aires Fuente: SEDLAC

Relacionado con esto último, se observó una misma dinámica en relación a la brecha de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre. En 1974, era de 9,5 veces (el decil más rico tenía el 26,3% mientras que el decil más pobre, 2,8%). A partir de entonces, el diferencial de ingresos se hizo cada vez mayor llegando a ser 15,6 veces más entre ambos para 1986.

Distribución del ingreso (en %) y brecha de ingresos (veces, eje der) entre 10º y 1º decil per cápita familiar. 1974-1986
Gráfico Nº 2: Distribución del ingreso (en %) y brecha de ingresos (veces, eje der) entre 10º y 1º decil per cápita familiar. 1974-1986. Gran Buenos Aires – Fuente: SEDLAC

Asimismo, el coeficiente de Gini, que muestra el grado de desigualdad que se encuentra una sociedad, en el cual puede tomar valores entre 0 y 1: cero cuando hay una distribución perfectamente equitativa entre toda la población mientras que uno es inequidad perfecta. Tal como se observa en el gráfico nº 3, tiene la misma dinámica que el resto de los indicadores comentados anteriormente. En 1974, era de 0.345, uno de los valores más bajo que tenía la región latinoamericana y parámetros muy cercanos a los del continente europeo. Sin embargo, ya para 1980, dicho índice se incrementó considerablemente en pocos años (casi 0.5 p.p.) llegando a casi 0,4.

Coeficiente de Gini per cápita familiar. 1974-1986/88
Gráfico N° 3:  Coeficiente de Gini per cápita familiar. 1974-1986/88. Gran Buenos Aires Fuente: SEDLAC

La estructura social observada en octubre de 1974 mostraba niveles muy bajos de pobreza e indigencia, que representaban un 4% y un 2% del total respectivamente Asimismo, la mayoría de la población urbana formaba parte de la clase media plena (40%) y media alta (38%). Pero con la desarticulación de la ISI y su reemplazo por un modelo de valorización financiera los niveles de indigencia se duplicaron (pasó a ser el 4% del total) y el de pobreza se quintuplicó llegando al 20%. La contrapartida de esto fue el estrato medio-alto pasó a ser un 10% del total y el medio-pleno un 28%.

Pirámide de estratificación social (en %). Años 1974 y 1980
Gráfico N° 4: Pirámide de estratificación social (en %). Años 1974 y 1980. Gran Buenos Aires – Fuente: López, A.” El Otro Golpe” (2006).

De esta manera, a partir de la dictadura militar se inició un proceso de ajuste del mercado de trabajo típico de los países subdesarrollados: la falta de puestos de trabajo en el circuito formal provocó que muchos trabajadores recurrieran a actividades en el sector informal para generar sus ingresos.  Asimismo, salvo en el sector servicios (financieras, seguros e inmobiliarias, entre otros), la cantidad de trabajadores precarios aumentó.

Como conclusión, es importante destacar tres cuestiones fundamentales, a saber:

  • Este nuevo modelo económico fue impuesto a través del terrorismo de Estado, lo que implicó la desarticulación de todo tipo de opresión popular.
  • Este modelo de valorización financiera fue legitimado y profundizado por sucesivos gobiernos democráticos entre 1983 y 2003. A partir de la asunción de Néstor Kirchner en mayo de 2003 se volvió a un modelo de tipo productivo.
  • El 10 de diciembre de 2015 con la asunción de Mauricio Macri como presidente se comenzó a retomar el modelo instaurado por la dictadura militar y profundizado en la década del ‘90

Breno Nunes Chas

Noelia Torres

Bibliografía

 

  • López, A (2006) El otro golpe: las transformaciones en la estructura social por el terrorismo de Estado.
  • Santarcangelo, J; Pinazo, G (2008) La industria argentina en el largo plazo 1976-2007, en las XIX Jornadas de Historia Económica, Universidad Nacional de Tres de Febrero, Caseros, Provincia de Buenos Aires.