La reunión del G 20 en Shanghái

Se está llevando a cabo en Shanghái la reunión programada de los ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales del G 20, que incluye también a la Argentina. La prensa nacional casi ni lo menciona. Solamente Ámbito Financiero hace un breve artículo indicando que estará presente Prat Gay y los temas propios que buscará tratar en esa reunión, pero nada sobre los asuntos centrales que desvelan a los atribulados asistentes al cónclave.

El principal problema que ocupa al capital financiero internacional y a los ministros de Economía y Hacienda del G-20, es la reducción del crecimiento mundial y sus amplias repercusiones, tanto en China, y sus consecuencias en los precios de commodities clave como el petróleo,  y en la salud de los grandes bancos prestamistas de esos negocios.

Sobre estos últimos dos temas hemos hablado en un artículo reciente. Hoy nos centraremos en China, cuyo peso específico en el concierto mundial hace de sus problemas una preocupación de todos.

China, la segunda economía del mundo y principal impulsora del crecimiento mundial, está en un proceso de reducción de sus elevadas tasas de crecimiento. Luego de más de treinta años creciendo al 10 % ahora lo hace al 5,9 % y las perspectivas son a un lento declinar de esos guarismos. Así y todo serían la envidia del resto del mundo, pero el capitalismo financiero había estructurado sus negocios en función de expectativas de continuidad de aquellos crecimientos, y ello se reflejaba en los valores accionarios de todos los negocios relacionados, tanto en China misma como en sus clientes y proveedores, es decir todo el mundo.

Los mercados de acciones en China, que habían llegado a un máximo a mediados del año pasado, han caído un 47 % hasta el pasado jueves 25 de febrero. También es preocupante la persistente caída de sus reservas internacionales.

China – Reservas Internacionales (Billones de Dólares)

 

Fuente: Bloomberg – 05/02/2016

Las reservas de China eran de sólo 21.000 millones de dólares en 1993, y acompañando su crecimiento espectacular crecieron hasta llegar a los 4 Trillones (billones en nuestra contabilidad) en Junio de 2014, para bajar hasta los 3,2 Trillones a fines de Enero pasado.  Es de hacer notar que aún siguen siendo las más importantes del mundo, y el triple de las que tiene Japón, el segundo en esa lista.

 

Los inversores en China están enviando capital al exterior, a pesar de las limitaciones a la movilidad financiera que aún mantienen las autoridades chinas.  Zhou Xiaochuan, el gobernador del Banco Central chino, en el lenguaje diplomático propio de su país, indicó en su exposición de hoy ante el G–20, que tomarán más medidas para guiar el mercado financiero. De acuerdo a las informaciones del diario chino Shanghái Daily de la fecha, Zhou indicó que la política fiscal será “más proactiva”, incluyendo la reducción de impuestos y el incremento temporal del déficit fiscal para mantener las tasas de crecimiento objetivo. Para el resto del G-20 las palabras más importantes fueron las referidas al valor de su moneda: “no hay bases para la persistente devaluación del yuan” y que la declinación de las reservas internacionales es solo un período de sobre-reacción (overshooting) de los inversores.

China se encuentra ante una disyuntiva difícil, y busca retomar la confianza de sus inversores por medio de un esfuerzo por mantener las tasas de crecimiento, aún al costo de elevar el déficit fiscal, todo lo contrario de la política de austeridad que ha dominado a la zona Euro con Alemania a la cabeza, imponiendo su política restrictiva al resto de los miembros. Ni la política de austeridad europea ni la ahora dubitativa de expansión monetaria (quantitative easying) de los Estados Unidos, o las tasas de interés cero de Japón, logran reactivar la economía mundial.

China entra en la zona de ser por primera vez la provocadora de una crisis internacional si no llega a manejar cuidadosamente su política económica. La crisis anterior (las hipotecas sub-prime de 2008) fue deflagrada por los Estados Unidos, y afectó a todo el mundo desarrollado, en especial a Europa, mientras quedaban fuera del contagio China, India y un conjunto importante de países en desarrollo. Éstos habían fortificado sus posiciones de reservas, reduciendo sus deudas internacionales. Entre ellos  el continente sudamericano y nuestro propio país.

Ahora el principal problema de las “ligas mayores” es saber si China logrará mantener el equilibrio de un nivel de actividad elevado, aunque no del 10 % como antes, o su aterrizaje a tasas más moderadas terminará arrastrando a su propio mercado financiero, con más fuga de divisas por un lado, y contagiando al resto del mundo que no terminó de salir totalmente de la crisis anterior provocada por los Estados Unidos.

Una devaluación del yuan frenaría el drenaje de reservas, pero a costa de producir una recesión interna cuyas consecuencias agravarían los problemas internacionales que hoy se expresan, por ejemplo, en la caída del precio del petróleo y las dificultades del sector bancario que los financia.

Es de hacer notar que – si bien han entrado de lleno en el mundo capitalista – los dirigentes chinos no adhieren a todos los postulados del neoliberalismo, y mantienen controles (menguantes) sobre los flujos de capital y  el tipo de política para superar los problemas. A diferencia del mantra de la austeridad fiscal como remedio para todos los males, las autoridades chinas han hecho – una vez más – una apuesta por el mantenimiento del nivel de crecimiento, aunque sea al costo de un incremento momentáneo del déficit fiscal.

Hasta hace pocos meses ésta era también la política de la Argentina para enfrentar los momentos difíciles. El cambio de paradigma con la asunción del gobierno de la derecha nos vuelve a la miope política del ajuste presupuestario, que sólo logrará profundizar los problemas internos en un escenario de reducción permanente de las alternativas del mercado internacional.

Jorge Molinero