La miseria planificada del nuevo tiempo

Ahora bien, debemos repensar el sistema educativo cultural pedagógico conductista impuesto por la clase dominante, el cual a lo largo del tiempo nos ha instalado sobre aquella fecha la existencia de un golpe militar, omitiendo a quienes denodadamente impulsaron, propiciaron y planificaron esta cacería de compatriotas.

A mediados de los años 70s la participación de los trabajadores en la economía del país oscilaba el 50% equiparando a la participación del capital, razón por la cual, la clase dominante al igual que en el golpe del 55 puso a funcionar su poder más sangriento con el fin de desempatar esa ecuación y poner a la economía en el contexto históricamente denominado “normal” donde los dueños del capital se quedan con la mayor proporción de la riqueza.

La gran discusión de la economía es como se distribuye la riqueza que generan los trabajadores, o se la apropian los dueños del capital en mayor porcentaje o se le brindan salarios dignos a quienes la generan, justamente los trabajadores, con el propósito de alcanzar mayores niveles de justicia social e igualdad.

La incursión del extinguido ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz fue la imagen que sintetizó aquel tiempo. Pulverizaron la industria nacional con el consecuente incremento de la desocupación, comenzaron un proceso de endeudamiento gigantesco pasando de U$S 5.189 millones en 1976 a U$S 43.610 millones hacia finales del proceso en 1983 y provocaron en definitiva una transferencia de recursos de magnitudes extraordinarias desde la clase trabajadora hacia las familias tradicionales y el poder financiero internacional.

Los escenarios de hiperinflación, el ajuste tarifario, la desaparición de paritarias, el desguace del Estado, la apertura irrestricta de importaciones, la timba financiera y la pulverización de la industria nacional fueron emblemas de una época colmada de horror, sangre y violencia dejando sin vida 30.000 almas de argentinas y argentinos que luchaban por una Patria con mayores grados de inclusión y justicia social.

Miseria Planificada fue la denominación empleada por Rodolfo Walsh en aquella valiente carta a la Junta Militar previo a su asesinato, poniendo de manifiesto no sólo los vejámenes humanos realizados sino también el deterioro económico y social del país premeditado por el sector que siempre se alimenta de las grandes crisis.
Hoy, la Argentina, gobernada por empresarios que multiplicaron exponencialmente su riqueza y su patrimonio (como el caso del grupo Macri que pasó de 7 a 47 empresas en aquel periodo) durante la dictadura a costa de muertes y un brutal deterioro de nuestro tejido económico social atraviesa un nuevo periodo de miseria planificada con un déficit fiscal superior al 7% del PBI, de la cuenta corriente del balance de pagos que pasó del 2.85% en 2015 a casi el 5% del PBI en 2017 y el déficits comercial en 2017 que fue de U$S 8.472 millones, el mayor en 40 años.

Los niveles de endeudamiento en dólares con tasas exacerbadas (la más altas de América Latina) y préstamos a 100 años ponen seriamente en riesgo no sólo el presente de nuestro Pueblo, sino también las esperanzas de las generaciones que tendrán el durísimo cometido de sortear los escollos que dejarán una facción de dirigentes irresponsables, corruptos e impunes.

En 2017 la deuda externa pública alcanzó el 24,4% del PIB, cuando en 2015 ese guarismo era del 16,2% en la nueva estimación del INDEC y del 13,3% en la estimación anterior. Se trata de apenas 8 puntos porcentuales menos que en 2001 superando en la actualidad los U$S 232.952 millones de deuda externa lo cual nos vuelve a colocar en un escenario de sumisión ante los organismos multilaterales de crédito (como el FMI), quienes no sólo nos imponen las medidas de ajuste a implementar como lo vienen haciendo con Cambiemos desde su asunción, sino que además contienen la potestad de determinar cuál será el punto final de nuestro endeudamiento, momento en el cual detonará este modelo económico. Gran parte de las divisas provenientes de endeudamiento es fugada al exterior, en 2016 alcanzaron los U$S 9.951 millones y en 2017 los U$S 19.410 millones.

Otras de las variables que despierta una preocupación importante es la existencia de LEBAC (deuda emitida por el BCRA) para controlar la opción de los argentinos por el dólar. Las mismas, no sólo han superado nuestra base monetaria, sino que en cada pago pone en riesgo nuestras reservas. Esto es una bomba de tiempo ante el inminente aumento de la tasa de interés por parte de la reserva federal de EEUU, lo que puede ocasionar una fuga masiva de inversores especulativos desde sus pesos en LEBAC a dólares con las consecuencias del caso. Actualmente el stock de LEBAC más pases pasivos supera los $1.300.000 millones equivalentes al 12.8% del PBI.

Una de las grandes deudas del proyecto político que gobernó la Argentina hasta 2015 y del último periodo democrático en general fue no haber profundizado políticas educativas culturales que tiendan a alcanzar mayores niveles de conciencia en muchos sectores de nuestra población, dado que en múltiples casos naturalizan los derechos y las conquistas conseguidas sin remediar en las luchas que se requieren para ello y luego terminan democráticamente optando por esquemas de poder que atentan contra sus propios intereses, como ocurre en la actualidad. La memoria es el nivel de conciencia, la identidad y la cultura del Pueblo y continúa siendo un punto crucial que merece ser contemplado seriamente por los próximos proyectos populares que gobiernen el país.

El gran desafío de la clase dirigente de los espacios nacional populares pasa por alcanzar una unidad programática para derrotar a los gerentes de la clase dominante que gobiernan, corrigiendo los errores del pasado para volver mejores e incorporar acciones políticas de raigambre popular que devuelvan dignidad a los sectores históricamente soslayados distribuyendo la riqueza con justicia social.

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