¿La Macrieconomía en una crisis autoinflingida?

Un análisis de la evolución de las variables fundamentales de la economía argentina desmiente a cualquiera que afirme que el país está al borde de otro 2001

A fines del 2001 había una caída del PBI con deflación, la deuda pública crecía hasta superar al PBI, la pobreza crecía acercándose al  50% de la población, el desempleo rondaba el 20% y el gobierno de Fernando de la Rúa enfrentaba una grave crisis económica, política y social.

En la actualidad, promediando el tercer año de la gestión de Macri, hay un bajo crecimiento con alta inflación, la deuda pública no alcanza al 60% del PBI, la pobreza en términos porcentuales está alrededor del 25%, el desempleo es menor al 10% y el gobierno viene de un triunfo electoral para fortalecer la reelección de Macri

Sin embargo, la actual crisis de la macrieconomía genera toda serie de especulaciones paranoicas que se traducen en un interesante debate que se produce en el portal denominado “El cohete a la Luna” en un artículo publicado por Horacio Verbitsky (¿Adónde van? –domingo 13/5/2018)

Una primera  hipótesis desarrollada es que la corrida financiera fue planificada desde el Banco Central y el Ministerio de Finanzas como un golpe de estado financiero ante un Macri que no está cumpliendo los deberes de un ajuste con políticas de shock

Una segunda hipótesis se pregunta y responde afirmativamente que el retorno al FMI  es un proyecto del gobierno de Cambiemos  y que toda la corrida del dólar y los LEBACs no es más que una puesta en escena, lo que lleva a pensar que se trata de una crisis autoinflingida

Ambas hipótesis tienen una porción de verdad pero una grave omisión porque se subestima la poderosa resistencia social que tiene la macrieconomía.

El presente artículo levanta como premisa que, para entender la crisis actual, es necesario establecer una comparación de la gestión del gobierno de Cambiemos con tres gestiones claves del pasado como los son las de Martínez de Hoz, Sourrouille y Cavallo caracterizadas por planes de ajuste afines a las recomendaciones del FMI

No son pocos, los que a la hora de comparar las gestiones neoliberales en la Argentina, asocian correctamente a Macri con Martínez de Hoz y con Cavallo pero omiten, en un acto piadoso, hablar de la experiencia de Sourrouille en la década de 1980 cuando, antes de lanzar el Plan Austral, se comprometió a hacer un ajuste y a desautorizar los intentos de su predecesor Bernardo Grinspún de conformar un frente de países deudores para negociar con firmeza la deuda sin resignar soberanía.

¿Qué tienen en común el actual gobierno con las gestiones de  Martínez de Hoz, Sourrouiile y Cavallo?

En primer lugar, son gestiones afines a las recomendaciones del FMI que lejos de buscar la reducción de la deuda pública promueven políticas de endeudamiento para generar una mayor dependencia del sistema financiero internacional.

En segundo lugar, en el bloque de poderosos que los sostienen se consagra la hegemonía del sector financiero.

En tercer lugar, y como consecuencia de esta hegemonía financiera, deben descartarse políticas de crecimiento a largo plazo en base a un paradigma productivo exportador o al progreso sustentado en el mercado interno.

En cuarto lugar y, por último, toman medidas que apuntan a una redistribución regresiva del ingreso, es decir políticas Hood Robin.

A partir de enumerar estas cuatro coincidencias fundamentales se hace necesario examinar cuidadosamente sus diferencias.

Una primera diferencia que nunca debe dejarse de lado es en relación al marco institucional donde la gestión de Martínez de Hoz fue bajo una dictadura cívico-militar con terrorismo de estado  mientras que las otras gestiones se dan en el marco de la existencia de instituciones parlamentarias y de libertades democráticas.

Una segunda diferencia  está vinculada al instrumento de disciplinamiento social utilizado por el bloque de poder dominante en las gestiones de política económica.

Las gestiones de Martínez de Hoz y Sourrouille utilizaron la inflación de tres dígitos anuales (megainflación) atacando el salario real de los trabajadores en lugar del arma política que históricamente se ha utilizado en el capitalismo como es el alto desempleo

En la gestión de Cavallo, con la estabilización de los precios, el principal instrumento de disciplinamiento social pasó a ser el desempleo mientras que en el gobierno de Macri se estuvo utilizando a la inflación y al desempleo como instrumentos de disiplinamiento aunque con el acuerdo con el FMI lo más probable, en vista de la experiencia internacional, es que se vuelva a privilegiar el aumento del desempleo.

Una tercera diferencia está vinculada a quienes fueron los ganadores en la alianza de poder en estas gestiones.

En las gestiones de Martínez de Hoz y Sourouille, en donde no hubo altas tasas de desempleo, los principales beneficiarios fueron las grandes empresas locales y transnacionales aunque debe señalarse que la apertura económica de 1979, bajo la dictadura, afectó a sectores industriales que producían para el mercado interno.

En las gestiones de Cavallo y Macri hay una clara concepción extranjerizante y de defensa del capital transnacional lo que empuja a la Unión Industrial Argentina hacia la oposición.

Por último hay una cuarta diferencia que no puede dejar de mencionarse y surge del análisis de la resistencia social a las políticas de ajuste.

En el caso de la gestión de Martínez de Hoz el terrorismo de estado aplastó a la oposición siendo las principales víctimas de la represión toda la vanguardia que surgió partir del Cordobazo de fines de la década de 1960.

La gestión de Sourrouille tuvo una oposición muy fuerte en las estructuras sindicales que intentaron recuperar terreno con el retorno de las libertades democráticas.

En la experiencia de la década de 1990 la estabilización de precios bajo Cavallo tuvo un alto consenso social por el alivio que significaba poner fin a 15 años de megainflación a lo que debe agregarse la atomización del poder sindical que se profundizó con el crecimiento del desempleo que, a su vez, terminó  dando lugar a nuevas formas de resistencia encabezadas por los trabajadores desocupados.

¿Cuáles son las principales características de la resistencia social en la macrieconomía que atropella los derechos humanos más elementales como son la alimentación, el trabajo, la vivienda, la educación y la salud?

En principio una característica preponderante es la masividad que se reflejó en las tres marchas del 24 de marzo, las últimas dos marchas del 8 de marzo por los derechos de las mujeres, la  marcha del 1/9/2017 por la aparición con vida de Santiago Maldonado, el rechazo al fallo del 2 por 1 de la Corte Suprema de Justicia, las marchas de estatales, la marcha federal del 2/9/2016, el acto de la CGT de fines de abril del 2016, el paro de la CGT de abril del 2017, la gran concentración en la Avenida 9 de Julio del 21/2/2018, las marchas contra la reforma previsional de diciembre del 2017 (con el sorpresivo cacerolazo del 18) y los cacerolazos y cortes de calle que obligaron a postergar el tarifazo en el  año 2016

Si todas estas movilizaciones no lograron derrotar las políticas económicas con exclusión social se explica en gran medida por la crisis de la dirigencia opositora

¿Puede decirse que toda esta resistencia social, bastardeada y ninguneada en los medios de comunicación masiva hegemonizados por el gobierno de Cambemos, no tiene ninguna influencia en la actual crisis de la macrieconomía?

El bloque social que sustenta al gobierno de Cambiemos y su modelo económico se basa en el sector agrario exportador, el sector de las empresas transnacionales y al sector financiero.

Como bien señala la nota que publicó Andrés Pizarro el 15/5/2018 en la página web de EPPA, las primeras medidas de gobierno favorecieron a estos tres sectores:

1) Devaluación y quita de retenciones (para el sector agrario exportador)

2) Desregulación cambiaria, desregulación financiera y suba de tasas de interés (para el sector financiero)

3) Suba y dolarización de las tarifas (para las empresas transnacionales energéticas).

 La fuerte resistencia social a la suba de las tarifas en el 2016 que obligó a la Justicia a frenar los aumentos, el costo de enfrentar movilizaciones en las negociaciones paritarias que no pudieron suprimirse, la larga tradición de movilizaciones masivas del movimiento de los derechos humanos, la necesidad de hacer un ajuste gradual en  los años electorales y el fuerte rechazo a la reforma previsional  provocan grietas crecientes en la alianza de poder

Después de una política de tasas elevadas a favor del sector financiero, sin resultado en cuanto a una menor inflación, los sectores del bloque de poder que representan la economía productiva  buscaron un cambio de política con una reducción de las tasas de interés para alentar una devaluación que traiga oxígeno a la producción local..

Esto se tradujo en un intento, a fines del 2017, de desplazar a Sturzenegger  del Banco Central pero la respuesta del sector financiero, con la salida de capitales golondrinas y mayores restricciones en los mercados internacionales de capitales para el país, obligó a Macri  a acudir al FMI  para el disicplinamiento interno de su gobierno y en defensa del sector financiero, ahora proclamado garante de la baja de la inflación

Esto sucede en el 2018, antes de las elecciones del 2019 y no después como le hubiera convenido mucho más a la salud de la macrieconomía

Aunque siempre estuvo presente en la gestión de Macri someterse en algún momento al FMI, la macrieconomía está lejos del diagnóstico de una crisis autoinflingida mientras  vuelven los enfrentamientos entre los devaluadores y el sector financiero

Un fantasma recorre a la Argentina: es el fantasma del 2001