La lucha de Felipe Varela por la dignidad y contra la pobreza en la Argentina.

El 4 de junio de 1870 en Copiapó muere  “En Chile, y de a pie”, a la edad de 49 años, de tuberculosis, sin tener ni siquiera recursos para pagarse un médico, el ultimo caudillo de la montonera, el General post mortem, Felipe Varela.

Antes, había consagrado su vida a luchar contra la alianza entre el puerto de Buenos Aires y el imperio británico, sabiendo que insertar al país vendiendo alimentos, significaba la pobreza más absoluta para la Argentina profunda, esa Argentina heredera del virreinato del Río de la Plata que producía su propia ropa, sus muebles y enseres personales, sus equipos de labranza, sus embarcaciones, su montura y carruaje, y que con el pretexto del libre cambio eran arrasados por la “baratura de la mercancía inglesa”.

Felipe Varela que luchó con chuza y lanza contra el fusil provisto por Inglaterra a los defensores del puerto, con el mismo coraje enfrentó la infamia de la Guerra al Paraguay, que impulsara Mitre y Pedro II de Brasil en defensa del comercio internacional, como afirmara el primero de los nombrados:  “”En la guerra del Paraguay ha triunfado no sólo la República Argentina sino también los grandes principios del libre cambio (…) Cuando nuestros guerreros vuelvan de su campaña, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado”.

Paraguay que se había declarado independiente de España y de toda potencia extranjera en 1811, desarrollo prontamente su agricultura y su industria, sin aceptar nunca los acuerdos de libre comercio que le proponía Inglaterra, de modo tal que en 50 años de independencia real, verdadera, y no la ficción de Mitre, levantaba astilleros y fábricas metalúrgicas, construye el primer ferrocarril en toda la región,  telégrafos, escuelas, y envía a los mejores alumnos a estudiar a Europa. La tierra pertenecía al Estado quién las arrendaba a familias de trabajadores en pequeños lotes.  Ese ejemplo de crecimiento por afuera de la convención inglesa y de su teoría de dominación económica era el que había que destruir, para que prevalezca el otro modelo.

La integración al comercio mundial del puerto y la pampa húmeda en nombre de la modernidad, de las reglas de valor, de la división internacional del trabajo que los grandes centros de decisión del mundo imponen, significó la exclusión social de gran parte del país, y la dominación y subordinación de la mayoría de la población a un modelo que utilizaba intensamente la tierra más fértil del mundo (repartida su propiedad entre los privilegiados de la época), pero que no genera trabajo.  ¿Cuántos trabajadores y cuantas horas de trabajo implicaban la cría de ganado en pie? Y hoy 180 años más tarde, ¿Cuantas horas hombres demanda la producción de un millón de toneladas de soja?

Es la misma estupidez que se repite desgraciadamente en la mayoría de las cátedras de economía de nuestras universidades, públicas y privadas, creyendo en la lógica de la competencia y el libre mercado, de la que se valen los países desarrollados para dominarnos.  Por eso se estudia extensamente a Adam Smith y a David Ricardo, y no se explica una línea de Friedrich List, padre de la teoría del Sistema de Innovación Nacional, que no es otra cosa que la que aplicó el Paraguay de Gaspar Rodríguez de Francia y de los López.

En el mundo del año 2016 tenemos las Cadenas Global de Valor (GVC) administradas por las empresas transnacionales que representan el 80% del intercambio mundial. Menos del 30 % de las exportaciones de la Argentina ingresan en esas Cadena Global de Valor (GVC) como mero proveedor de alimentos,  donde el 60,9 % de las exportaciones Argentinas, se dividen tan solo en 5 –cinco- productos primarios con bajo valor agregado (poco trabajo contenido) y en cambio las importaciones contienen trabajo extranjero y calificado. Una vez más oro por espejito.

Al interior del país podemos argumentar, con respecto a la dimensión geográfica, que la mayor parte de la población se encuentra reunida en 3 –tres-  provincias, en la Zona Centro  (Buenos Aires, Santa Fe,  y Córdoba) donde se aglutina gran parte de la industria alimenticia e industrial del país, esta concentración geográfica y económica se da por varios motivos, uno de ellos se debe a que la población migra en búsqueda de empleo que le permita una mejor calidad de vida, generando un éxodo del campo a la ciudad; pequeños agricultores, muchos de subsistencia, se encuentran obligados a vender sus campos a inversionistas nacionales e internacionales impulsando de este modo la concentración de la tierra en pocas manos, en muchos casos extranjerizada y que responde a un proceso de transformación de la estructura agroalimentaria Argentina basada en el agro negocio.  Basta como ejemplo la Comuna de Arequito, Santa Fe, donde se hicieron los primeros cultivos de soja por cooperativas de productores de verdad en la década de 1960,  por eso se celebra allí la Fiesta Nacional de la Soja, sin embargo hoy, como en todo el país, la mayoría de la soja es genéticamente modificada, cultivándose la variedad de soja RR, resistente al herbicida Roundup Ready (glifosato), el herbicida producido por Monsanto.

Roberto Fontanarrosa le hacía decir a Inodoro Pereyra: “Soy un hombre comprometido con mi país, casado con sus problemas, y divorciados de sus riquezas”.  La injusta distribución geográfica territorial y económica que responde a una deficiente distribución de la tierra y la debilidad en la inserción en el comercio internacional, son hijas del modelo pergeñado por los ingleses y ejecutado por Mitre, y Roca, que obliga a preguntarnos cuál es el sujeto dinamizador de la economía en la Argentina.

El desempleo estructural, principal causa de la pobreza, surge de la matriz productiva del país; con todo lo descripto y como corolario, queda claro que no se toma conciencia, no se discute el debate de fondo que nos debemos como sociedad: ¿Cuál sería el cambio estructural que debiéramos instrumentar para aumentar la participación en el comercio internacional, y que estructura productiva queremos para nuestro país que fomente la inclusión social, generando trabajo y desterrando la pobreza?

Para Macri, sucesor de Sarmiento y Roca, como a él mismo le gusta definirse y debe ser la única verdad que dice, el mercado mundial es el parámetro y el impulsor de las fuerzas productivas, donde los llamados países centrales, son los que cuentan con mejor infraestructura (homogénia y diversificada), dotación de capitales y conocimiento tecnológico, siendo ellos los difusores del progreso técnico mundial, estableciendo de esta manera un carácter jerárquico que asume la relación entre, un polo central dominante, y un polo periférico subordinado.

Por otro lado, el polo periférico cuenta con una estructura heterogénea (actividades con alta productividad conviviendo con otras de muy baja eficiencia) y especializada en donde su inserción se apoya en bienes de escasa elaboración. Este rol de posiciones en la estructura mundial es determinante a la hora de generar oportunidades de acceso a los mercados internacionales.

Es más, ese grado de subordinación llegó en nuestro país a tal grado con la dictadura militar y el menemismo, que habían logrado que aunque un “argentino de a pie” trabaje, sea pobre, esto es no pueda adquirir lo mínimo y elemental para vivir él y su familia. Esa aberración se había logrado revertir con el kirchnerismo, pero con la devaluación del 50%,  más la quita de las retenciones, con el aumento de las tarifas, etc. llevada a cabo por el gobierno de Macri, se empuja a una franja cada vez mayor a la pobreza y a la indigencia.

 A ESTA HORA EXACTAMENTE HAY UN NIÑO EN LA CALLE

El 32,6% de pobres que determina el INDEC dirigido por Jorge Todesca para abril y mayo 2016, implican, extendiendo la muestra a todo el territorio argentino, que 14.000.000 millones de nuestros habitantes son pobres. Y nos dice que el 47% de los niños y niñas de este país no se alimentan, visten, vivan en viviendas dignas, tengan agua potable o gas o luz, que puedan estudiar y capacitarse, en un país que produce alimento para 400 millones de personas y que el mismo Macri dijo en China en el Congreso del G 20 que puede producir alimentos para 800 millones.  Ese país de riqueza presente y potencial tiene un porcentaje de pobreza similar a Bukina Faso, que es un desierto y tiene seis a siete meses de sequía por año.

Es más, gracias a que mal o bien se mantuvieron los planes sociales del kirchnerismo, se contuvo parcialmente el incremento de la indigencia, que según el INDEC afecta al 6,3% de la población (extendiendo la muestra a toda la Argentina 2.600.000 personas) y que significa que  viven sin acceso a la vivienda o al techo, sin acceso al trabajo, sin alimentación constante, sin los mínimos cuidados de salud, sin poder acceder a la educación, y si lo hacen es porque hay un plato de comida para el chico, que viven a la intemperie, y repetimos la mayor parte son niños.

La Argentina no es un país pobre, lo que es,  es injusto, generoso con los banqueros y los grandes acopiadores y comercializadores de alimentos e industrias concentradas (que ganaron fortuna en los 10 meses de gobierno de Macri), a quienes se les sacó la “pata de encima” , pero empuja a la miseria y a devorarse sus propios ahorros a la mayor parte de la población y todo en nombre del mercado internacional, de la competitividad y productividad del trabajo y de toda una sarta de mentiras como dijeron Mitre, Sarmiento y Roca y repiten cada vez que llegan sus descendientes en el privilegio al gobierno.

Lo que realmente debe hacerse, y con Kirchner se hizo, tanto en la Argentina como en la Región,  es alinearse en búsqueda de generar un cambio estructural que modifique la posición de subordinación de la región periférica en la  estructura internacional, y para ello el rol del Estado es elemental.

Siguiendo esta línea de pensamiento, el más claro ejemplo de reversión en las relaciones internacionales es Asia, en donde las reglas de juego que ponen los Estados permiten que las elites capitalistas conserven sus lugares de privilegio mientras esos sectores inviertan, promuevan el cambio tecnológico, innoven, creen empleo e impulsen el crecimiento económico. La elaboración y exportación de productos manufacturados constituyó el motor del crecimiento económico en los países de Asia Oriental y así la región se convirtió en un gran polo de atracción de inversiones externas provenientes de los países desarrollados, en particular los EE.UU., y en habitual plataforma de exportación hacia aquellos mismos países, de los productos generados por éstas inversiones. Esto se evidencia con el  avance significativo de las Cadenas Globales de Valor, relacionada con la elaboración de productos electrónicos, que articulan los países de Asia Oriental con los países denominados desarrollados.

Los países Asiáticos se convirtieron en la fábrica del mundo, bajo la dirección de un Estado que logró acordar con los empresarios propios y externos, apoyándolos con desgravaciones impositivas, créditos blandos, etc., pero a cambio de cumplimiento de estrictas metas de producción y exportación.

Para llevar a cabo el cambio estructural es necesario recuperar la capacidad del Estado, como agente central en el proceso de desarrollo que establezca estrategias de mediano y largo plazo, un Estado que posea una “Autonomía Enraizada”, que no sea cooptado, capturado o desmembrado por el elite empresarial sino que exista un vínculo de reciprocidad y contraparte, como ocurre en el caso Asiático, donde se puede percibir un disciplinamiento de estas elites.  Disciplinar o  condicionar las rentas no significa estar en oposición, no significa que los empresarios dejen de ganar plata, sino que reinviertan sus ingresos, apuesten a la productividad e innoven tecnológicamente, esto se entiende como una comunidad de intereses.

Por lo tanto como institución garante del bien común, el Estado, debe motorizar el crecimiento económico sostenido con equidad en el esfuerzo, incorporando la mayor mano de obra posible para producir con mayor valor agregado y a su vez, que la remuneración de los trabajadores sea la mejor que se pueda, siempre en el marco de que los empresarios se guían por la tasa de ganancia y su perdurabilidad en el tiempo, permitiendo la reproducción ampliada, en un circuito virtuoso que se retroalimenta.

El camino que le queda a la Argentina es industrializar, a como dé lugar, agregar valor, volcando tanto el excedente como la inversión en la diversificación productiva, estableciendo redes organizacionales hacia adentro (entre pequeños y grandes actores del tejido productivo, sea industrial como agropecuario, no es excluyente) con fuerte apoyo estatal que promueva la articulación de lo público y lo privado especialmente para establecer un sistema de creación de conocimiento (científico – tecnológico), que permita tanto sustituir importaciones, como agregar valor a las exportaciones. Fomentar la vinculación entre Instituciones Públicas como el INSTITUTO NACIONAL DE TECNOLOGIA INDUSTRIAL (INTI), CONICET, INSTITUTO NACIONAL  DE TECNOLOGIA AGROPECUARIA (INTA) (todos los organismos mencionados se dedican a la investigación con unidades organizativas distribuidas en todo el Territorio Nacional) entre otros; y las Pymes y grandes empresas de todo el país.

Respecto de una estrategia hacia afuera, necesitamos integrarnos con mayor intensidad en la región, junto con nuestro principal socio Brasil y demás países de la América Latina (MERCOSUR), consolidando los encadenamientos regionales existentes, creando un Banco de Desarrollo Regional que invierta en emprendimientos con fuerte agregado de valor y contenido tecnológico, haciendo hincapié en up-granding primeramente de procesos, con el fin de producir más eficientemente, reorganizando los sistemas productivos hacia el interior de América Latina, torciendo el perfil productivo de nuestros países. La clave está en generar y apropiarse de rentas dinámicas, de aquellas que sean fáciles de copiar, como los mencionados conocimientos de procesos, patentes, marcas, etc.

Una vez integrados y con Estados fuertes, a partir de la región comerciar con China y el resto de los países asiáticos de igual a igual, a cambio de inversiones en infraestructura que van a realizar en nuestros países, pero siempre partiendo de nuestras limitaciones y de satisfacer las necesidades de nuestra población, teniendo en consideración que los Estados Asiáticos siguen creciendo y necesitan alimentar a su densa población.  Es más los acuerdos estratégicos con China, obligan a disciplinarse en la inversión y en la producción a los empresarios locales.

No es el mercado mundial el que debe determinar qué, cómo, de qué modo, para quién debemos producir y trabajar, sino que es el Estado Nacional el que debe fijar las pautas, en el lenguaje de Néstor Kirchner  “La economía debe subordinarse a la política”

Como proclamara Felipe Varela en su Manifiesto del 1º de enero de 1868: “título de Capital es la provincia única que ha gozado del enorme producto del país entero, mientras en los demás pueblos, pobres y arruinados, se hacía imposible el buen quicio de las administraciones provinciales, por falta de recursos y por la pequeñez de sus entradas municipales para subvenir los gastos indispensables de su gobierno local. A la vez, que los pueblos gemían en esta miseria sin poder dar un paso por la vía del progreso, a causa de su propia escasez la orgullosa Buenos Aires botaba ingentes sumas en embellecer sus paseos públicos, en construir teatros, en erigir estatuas y en elementos de puro lujo”.

La causa de la pobreza es la riqueza extrema de unos pocos, basta ver en la litografía de la época como vestían y como andaban los gauchos de las montoneras

“Mis soldados marchaban la mayor parte a pies o en burros, porque todas las caballadas del ejército habían perecido, como se ha dicho.  Sin embargo, eligiendo lo mejor de la tropa, desplegué mi vanguardia compuesta de 250 hombres de las dos armas, al mando del coronel Don Sebastián Elizondo, en busca del enemigo”.

“El 29 de agosto de 1867, avistaron mis soldados la columna del gobernador Frías en la Cuesta de Tacuil (Molinos – Salta), y a pesar de su doble número, cargaron sobre ella, exasperados por la larga serie de sufrimientos que habían pasado.  Su excesiva intrepidez, su descomunal arrojo los llevó por el camino de la gloria, pues el enemigo fue completamente batido por ese puñado de valientes, no pudiendo hacer una persecución larga a los derrotados por hallarse de a pies“.

“Esa acción fue para mí demasiado fecunda, no sólo por la grande influencia moral que daba a mis soldados de esas provincias, sino porque se consiguieron tomar algunos recursos de guerra al enemigo que aliviaron en mucho mi situación”.

“Recibido que fue por mí, el parte de esta gloriosa jornada, continué con toda la columna mi marcha hacia Salta, con la resolución de apoderarme a toda costa de esa plaza”, Felipe Varela.

Basta decir que el 10 de octubre de 1867 los 500 hombres de Varela entraron en la Ciudad de Salta, se llevaron las arma y pólvora que necesitaban para seguir peleando y se fueron, no llegaron a estar más de 6 –seis- horas, sin embargo Mitre y Sarmiento hablaron de asesinatos y violaciones y seguimos repitiendo esa mentira en la zamba titulada Felipe Varela