La Divina Tragedia

Ni es turbulencia ni ha terminado

El Gobierno ha caracterizado la situación del país como de una “turbulencia”. Turbulencia es un estado de confusión, que altera la claridad, la paz o el orden, un movimiento desordenado de un fluido o un estado de agitación del mismo.

No solamente limitó la descripción de lo sucedido a ese término, que remite a algo pasajero y propio de la naturaleza de las cosas, ajeno a la propia responsabilidad, achacándola a la herencia del gobierno anterior o al contexto internacional, sino que decretó que dicha turbulencia había terminado.

Lo cierto es que no se percibe que ninguna de las razones profundas que propiciaron la crisis haya desaparecido.

Razones que no tienen que ver con ninguna herencia, ya que el propio Gobierno reconoció en documentos oficiales que la Argentina había crecido un 2,7% en 2015 y también admitió la reducción de 12 puntos porcentuales en la inflación en 2015. Además de la fuerte reducción de la pobreza y el desempleo, entre muchos otros indicadores que reflejan la herencia gestada entre 2003 y 2015.

Por cierto que había cuestiones a resolver, pero el Gobierno se encargó de profundizar los problemas existentes y de crear problemas nuevos.

La desregulación financiera y la apertura importadora aumentaron fuertemente el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos, financiada con endeudamiento. A su vez el endeudamiento agravó el déficit financiero por la abultada carga de los intereses de una deuda creciente, que financió los desequilibrios.

¿Cómo achacar nuevamente los problemas existentes al pasado, cuando el propio Gobierno celebraba pocas semanas atrás una paradisíaca reducción de la inflación y un crecimiento de la economía?

Tampoco se puede sostener que el origen de la crisis es externo. Argentina es uno de los pocos países que sufre una fuerte devaluación y fuga de capitales.

Si bien es cierto que Estados Unidos está subiendo la tasa de interés y eso modifica la dirección de los flujos de capitales internacionales, lo cierto es que haber creado las condiciones para requerir del pulmotor del endeudamiento, como en la dictadura y los ’90, ha sido una grave negligencia.

Tampoco puede aducirse sorpresa por el cambio de contexto, porque ya desde hace 18 meses, con el triunfo de Trump, era absolutamente sabido que sus políticas implicarían un mayor déficit y tasas más altas.

Son entonces las políticas adoptadas por el Gobierno, agravadas por una mala praxis, las verdaderas causantes de la crisis.

Además no es para nada esperable que el contexto internacional frene la salida de capitales de países endeudados hacia los Estados Unidos, por lo cual festejar un triunfo sobre la turbulencia luce poco menos que trasnochado.

Lo cierto es que fue el propio Gobierno el que nos introdujo como Dante Alighieri describe en la Divina Comedia, por la senda infernal del río Aqueronte “que significa río del dolor”. Un río que está en la Grecia que hoy, lejos de la gloria mítica, es el mejor ejemplo de cómo hundirse en la decadencia de la mano del FMI.

Antes de llegar al infierno atravesamos como indican los Cantos por el “limbo”.

  1. Limbo: vivido entre el 10 y el 17 de diciembre de 2015, en que el actual Gobierno mantuvo la política cambiaria y financiera preexistente sin ninguna de las calamidades bíblicas anunciadas en la campaña.
    Luego sobrevino el descenso a los otros círculos infernales. Repasemos brevemente la secuencia de la crisis.
  2. Lujuria: Los apetitos sobrepasan la razón
    La baja de retenciones y el proceso inflacionario post-devaluación generaron una redistribución regresiva de la renta y un creciente déficit fiscal y externo, que condujeron a la  recesión.
  3. Gula: Inflando la burbuja
    La desregulación financiera permitió a los capitales golondrina ingresar fondos al país y aprovechar tasas de 30% en dólares en Lebacs
  4. Prodigalidad y Avaricia de los especuladores
    El Gobierno permite que los exportadores no liquiden sus divisas en el país. Renunciamos a los dólares genuinos y alentamos los prestados. Se produce un fuerte endeudamiento del país y del Banco Central.
  5. Ira (de los mercados) y pereza (del Gobierno)
    Los inversores empiezan a percibir que existe alto riesgo y que es prudente retirarse con sus ganancias. Así dolarizan sus carteras y las fugan del país. El Gobierno reacciona tarde y acompaña pasivamente la devaluación, malgastando 10.000 millones de las reservas, sin frenar el tipo de cambio.
  6. Herejía (del Banco Central)
    El Banco Central abandona la flotación libre e interviene masivamente para controlar el dólar. Reimplanta límites en la posición global en moneda extranjera. Rebaja encajes para conseguir más demanda en Lebacs de los bancos. Y la herejía mayor: opera en la curva de futuros de tipo de cambio para no malgastar más reservas y se encomienda a que la “Justicia” perdone sus pecados.
  7. Violencia (sobre la economía)
    Las “Furias” del mercado se abaten sobre el país. Con la devaluación del 20% se produce un rebrote inflacionario y se anuncia una violenta suba de la tasa de interés al 40% y un ajuste del gasto público en 40.000 millones de pesos. La economía real se paraliza.
  8. Fraude (Pos verdad)
    El cartel de papel del ministro Dujovne —aquel que proclamaba que nunca regresaríamos al Fondo— deviene papelón. Se agregan diversas imposturas, como que será un programa “argentino” sin condicionalidades.
    Se insiste con un diagnóstico falaz que hay que ajustar cuando el problema de “fondo” es la restricción externa provocada por  la apertura importadora y la desregulación financiera de burbuja, especulación, devaluación y fuga.
    Un Macri versión Presidente modelo 2001, anuncia primero un blindaje y, luego de festejar un Supermartes que sería sólo un episodio, dice que la turbulencia terminó.
    Los diversos círculos de estas políticas agravaron todos los problemas, incluyendo una inflación creciente que licúa los salarios y frena la demanda. A los problemas existentes se agregó la recesión por la incertidumbre agravada por la “mala praxis” y las tasas exorbitantes que inhiben cualquier inversión real.
    Lo cierto es que el Gobierno incurrió en otro Pecado Capital: la soberbia. Y plantea un diagnóstico erróneo desde lo técnico y desde la Historia, insistiendo en su infernal rumbo.
    Más allá de los errores y de calibraciones mal efectuadas, hay un deseo de cristalizar una sociedad disciplinada, que acepte pasivamente el ajuste de la mano del FMI y de una crisis autoinducida, perpetuando a largo plazo una sociedad desigual en un país dependiente y pauperizado.
    La experiencia de la Argentina en los ’90 y de tantos países en desarrollo, e incluso de muchos países europeos incluida la postrada Grecia, es que el FMI impulsa medidas de ajuste que profundizan los desequilibrios. Peor aún: en el sudeste asiático, el salvador FMI impulsó el ajuste cuando la región tenía superávit fiscal y el déficit era de cuenta corriente, agravando la crisis.
    El remedio a la crisis es simple desde lo técnico: frenar la apertura comercial y financiera, aplicando una política de fomento a la  producción y equidad distributiva, saliendo de una economía de especulación a un modelo de desarrollo. Pero el remedio va contra los intereses de los sectores concentrados.
    Es inevitable entonces una puja entre el Gobierno y el Capital Trasnacional por un lado y el resto de la Sociedad por el otro, que trate de hacer recaer el ajuste sobre capas medias y populares y los sectores productivos nacionales
  9. Traición
    El ingreso o no al noveno círculo depende de la recuperación de la conciencia y la movilización popular que impida que se aprueben en el Parlamento las leyes avernales del ajuste. Son las “recomendaciones” efectuadas por el FMI en la revisión del artículo 4° de 2017, como la eliminación de los derechos laborales y la reforma previsional, entre otras iniciativas.
    Nadie puede ser tan inocente para creer que las medidas adoptadas son soluciones argentinas, si no que son el Programa que los CEOs locales instrumentan de acuerdo a los dictados de intereses transnacionales. El FMI no impone nada, claro: ¡nosotros vamos de rodillas, solos!
    La Argentina entró al FMI en 1956 luego de la Revolución “Libertadora”. Kirchner canceló la deuda con el FMI y salió de los condicionamientos luego de 30 años de sumisión a fines de 2005.
    ¿Qué hará el Peronismo Racional? ¿Aceptar un Pacto Social que no es de crecimiento sino de ajuste y hundirse con el Gobierno? Seguramente evaluará pragmáticamente la fortaleza de los BOTEs y cómo va la “flotación” de Sturzenegger para no hundirse en el Aqueronte.

La entrada al infierno tenía un cartel que al final decía: “Perded toda esperanza los que entráis”. Y Caronte advertía: “No esperéis ya más de ver el Cielo”. ¿Será irreversible el camino del infierno?

La experiencia enseña, como en el canto de Alighieri, que el castigo será contra los culpables de fraude y traición pero también contra los que se fiaron.

Sólo el pueblo puede obligar a que la oposición inicie el lento y escabroso camino de escalada al purgatorio.

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