IPC septiembre: la mentira que hay detrás del número del INDEC


Según el INDEC, la inflación fue de sólo 1.1% durante septiembre. El número es por demás artificial debido a que, por segundo mes consecutivo, en respuesta al freno de la Corte al tarifazo, el organismo decidió computar como bajas de precios las modificaciones en las tarifas de gas residencial que había sumado meses atrás. Se trata de una decisión completamente arbitraria ya que el incremento –para la gran mayoría de las familias argentinas- nunca tuvo lugar. Perfectamente, para corregir el error, se podrían haber revisado a la baja los índices de mayo, junio y julio. De hecho, en días previos a la definición de la Corte, el Director Técnico del INDEC, Fernando Cerro, había dicho que, en caso de sufrir el gobierno un fallo adverso, eso era lo que se haría. Pero indudablemente algún funcionario de mayor jerarquía, desautorizando a Cerro, ordenó un cambio de planes para lograr el impacto de exhibir indicadores que se ubican en torno al 1.0%. Inéditos en la historia argentina reciente.

La realidad dista de ser así. El IPC Núcleo mide la inflación que no se ve afectada ni por estacionalidad (frutas, ropa, etc.) ni por regulaciones (servicios públicos por ejemplo, gas incluido). Mide la inflación de mercado y busca evitar fluctuaciones explicables por la época del año o por decisiones gubernamentales. En septiembre dio 1.5%. Muestra una tendencia descendente (en agosto había sido de 1.7% y en julio de 1.9%), aunque los valores son mucho más altos que los del IPC general (este mes 1.1%, mes pasado 0.2%), que está afectado por las falsas bajas de precios. El IPC Núcleo es el indicador al que conviene atender ya que se ve ajeno a las arbitrariedades del INDEC.

Ahora bien, ¿por qué está descendiendo el IPC Núcleo? 1) La abrupta suba del tipo de cambio que tuvo lugar a principios de año fue muy dañina (llevó a la inflación a un actual 43.1% interanual según IPC CABA). No obstante, los efectos de la devaluación sobre los precios parecen estar comenzando a retirarse. En 2014, para septiembre, había ocurrido algo similar. No hay mérito extraordinario del macrismo. 2) La incidencia de algunos bienes de consumo importados que compiten con la producción nacional. Hacen que el empresario local resigne rentabilidad –aumente poco sus precios- con el objeto de poder disputarle alguna porción del mercado al producto extranjero, que muchas veces se vende a precios mínimos. La baja de rentabilidad llega a niveles tan críticos que, en algunos casos, termina con la continuidad de la empresa. Lamentablemente, en ese caso quedan desempleados muchos argentinos. Esa es una de las grandes causas que explican el fenómeno de desindustrialización que el país vive actualmente. Véase que se lograr atenuar la inflación a un costo social muy importante. 3) También la caída de la demanda explica cierta baja en el IPC Núcleo. Los capitalistas nacionales han encontrado un límite a las subas de precios: ya no hay margen para incrementar porque la gente deja de comprar. La baja del salario real durante este año se estima entre 8% y 12%, con lo cual, se consume menos. Bien no esencial que aumente es fácilmente elegido en el recorte.

De todas formas, por más que la tasa de inflación Núcleo muestre descensos, preocupa lo que ocurre con el rubro Alimentos y bebidas. En septiembre se incrementó 2.3%, mucho más que el 1.5% del IPC Núcleo general. El dato alerta ya que los sectores vulnerables gastan una proporción muy grande de sus ingresos en alimentos. La inflación de los argentinos de bajos recursos, en efecto, es más alta que la del resto de la población: pueden comprar cada vez muchas menos unidades de lo que venían comprando. Y eso, a ese nivel de ingresos, puede significar no poder darle de comer correctamente a un hijo. Desde que el INDEC dirigido por Todesca retomó la divulgación de la inflación, los precios de los alimentos crecieron más que los precios generales en cuatro de los cinco meses. Entre los aumentos más importantes experimentados en septiembre dentro del rubro Alimentos y bebidas están arroz blanco simple (5.5%), salchichón (5.2%), aceite de girasol (5.4%), leche en polvo entera (5.2%), azúcar (10.2%), sal fina (5.0%), polvo para flán (5.0%) y gaseosa base cola (6.6%).