Informe Mensual de Coyuntura | Mayo 2018

Más allá de los disparadores de corto plazo de la crisis, las causas de fondo son las que este Instituto viene remarcando desde hace ya dos años: la desregulación financiera irrestricta y el endeudamiento externo a gran escala.

Esta situación tiene como agravante el carácter errático de la política de administración cambiaria ejecutada por el BCRA, que prácticamente la totalidad del arco ideológico ha criticado. Este es un punto no menor, ya que fue la actitud dubitativa de la autoridad monetaria la que terminó precipitando el regreso prematuro del FMI a la escena económica local.

Un aspecto importante de cara al 2019 es que los dos logros que el gobierno estaba seguro de poder mostrar han entrado en zona de riesgo: la desaceleración de la inflación (a pesar de que antes de la corrida ya se descontaba el incumplimiento de la meta del 15%) y un crecimiento del PIB que no sea meramente estadístico.

Lo cierto es que en el mediano plazo la estabilidad cambiaria no está garantizada. La apuesta del gobierno es clara: la combinación del reaseguro del FMI (cuyos fondos supuestamente cubrirían las necesidades financieras hasta 2019) y el hecho de “atarse las manos” respecto de la reducción del déficit (lo cual queda implícito en la condicionalidad del fondo) es un intento por sostener en el tiempo el financiamiento del déficit de cuenta corriente del balance de pagos, que el año pasado rozó el 5% del PIB.

Si el FMI demuestra estar dispuesto a financiar este desequilibrio transitoriamente, el gobierno habrá ganado tiempo. Si no es así, la sobre-exposición de los no residentes a los papeles argentinos llevará a una mayor corrección del tipo de cambio real, y la crisis cambiaria tenderá a recrudecer. En los próximos meses, veremos de qué lado del filo de la navaja queda la economía argentina.
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