Informe de Coyuntura | Abril 2018

Luego de la recuperación en la actividad observada en 2017, los últimos meses del año pasado y los primeros de 2018 comenzaron a arrojar dudas sobre la sostenibilidad de las actuales tasas de crecimiento de la economía.

Esto se debe a la debilidad que sigue mostrando el consumo masivo y al gradual estancamiento de la inversión, en un contexto en el cual el gasto en durables, el segmento inmobiliario y las exportaciones son los únicos factores que traccionan la demanda.

Las fuertes presiones del gobierno nacional sobre las paritarias están rindiendo sus frutos, lo cual junto con el ancla sobre trasferencias corrientes que significó la modificación de la fórmula de la movilidad jubilatoria, puso un techo a la recuperación de los ingresos reales del sector más vulnerable de la población.

En este escenario, la reducción en el índice de pobreza de la segunda mitad de 2017 pasó a ser un dato desactualizado, no solo por el deterioro del poder adquisitivo de los sectores asalariados, sino también teniendo en cuenta las condiciones de mayor fragilidad en las que opera el mercado de trabajo.

La meta sobre el déficit primario va camino a transformarse en un ajuste aparente, en la medida en que el peso de los intereses ocupa un lugar cada vez más protagónico en el presupuesto. Es así que la deuda sigue ganado importancia en el PIB, sobre todo en un contexto en el cual el atraso cambiario dejó de “jugar a favor” del ratio de deuda.

En definitiva, la devaluación inducida por el gobierno a fines del año pasado, orientada a corregir al menos de modo parcial el desequilibrio externo, marcó decididamente el desempeño de la economía. La caída de los ingresos reales de los sectores asalariados debilitó la demanda interna, con el objetivo de crear espacio fiscal y externo de cara al 2019, año de elecciones presidenciales.

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