Informe CIFRA: el balance de la gestión Macri

Centro de Investigación y Formación de la República Argentina | Equipo de investigación: Mariano Barrera, Ana Laura Fernández, Mariana González y Pablo Manzanelli

El balance de la primera mitad del gobierno de Cambiemos es contundente como para afirmar que se agravaron los desequilibrios macroeconómicos (principalmente en el sector externo), se avanzó en la redistribución del ingreso en detrimento de los sectores populares (en especial, por la caída del salario real y el empleo) y se consumió una buena parte del desendeudamiento alcanzado en el ciclo kirchnerista. Bajo estas circunstancias, la economía no solo profundiza los desequilibrios, sino que se torna más dependiente del proceso de endeudamiento externo que puso en marcha la administración de Macri y, por ende, es más vulnerable ante las volatilidades internacionales en un escenario mundial complejo.

Al respecto, en primer lugar, cabe apuntar que tras la caída y el crecimiento del producto bruto interno en 2016 y 2017, el nivel de actividad económica se ubicó en el mismo lugar que en 2015, pero con una tasa de desempleo superior (del 6,5% al 8,7%), una inflación más elevada (26,5% contra 27,2%) y salarios reales inferiores. Tal es así que en diciembre de 2017 los salarios reales de los trabajadores del sector privado fueron 4,2% menores a los del mismo mes de 2015, en tanto que los del sector público cayeron 6,3% en igual período.

En segunda instancia, resulta interesante advertir que la brecha externa se acentuó considerablemente. El déficit de cuenta corriente trepó a un máximo de 4,9% del PIB, superior al 2,8% del 2015 y a los registros del decenio de 1990. Existen dos factores que actuaron, especialmente, como vía inductora de este drenaje de divisas. Por un lado, la avalancha importadora en un escenario de apertura comercial y apreciación cambiaria provocaron la elevación del déficit de comercio exterior a USD 8.472 millones, el más elevado en los últimos 40 años con la única excepción de 1994 (USD 9.510 millones a valores actuales). Por otro lado, la aceleración de la fuga de capitales también presionó sustancialmente a la cuenta corriente del balance de pagos en un contexto en el que se estrecha el campo de inversión productiva. Prueba de ello es que la fuga de capitales alcanzó a USD 19.410 millones -más del doble de 2015 , arañando los picos de 2008 y 2011- y que la tasa de inversión cayó del 15,8% al 14,9% del PIB entre 2015 y 2017. Este abultado déficit externo no se cubrió con inversiones extrajeras (que fueron escasas en cuanto al ingreso de divisas), sino por el elevado endeudamiento externo del sector público que llegó al 24,4% del PIB en 2017. No es un dato menor que ese ratio sea apenas 8 puntos porcentuales inferior al de 2001, lo mismo que aumentó el gobierno de Macri en dos años.

En tercer lugar, cabe señalar que a pesar del ajuste en el gasto público se constató un incremento del déficit fiscal, sea cual fuere la metodología utilizada para calcularlo. Tal es así que considerando la nueva metodología del Ministerio de Hacienda en 2017, que no respeta las recomendaciones internacionales en la materia, el déficit primario ascendió levemente del 3,8% al 3,9% del PIB entre 2015 y 2017, y hubiera trepado al 4,3% en 2017 sin contar el ingreso extraordinario por el blanqueo de capitales. Por su parte, el déficit financiero se incrementó del 5,2% al 6,1% del PIB por el pago de los intereses de la deuda. Lo propio vale pero con mayor profundidad si se considera la metodología vigente hasta 2015: para el mismo período se registró un incremento del 1,8% al 2,5% del déficit primario y del 3,9% al 5,5% del déficit financiero sobre del PIB.

En efecto, el achicamiento en el gasto primario no solo no alcanza para compensar el incremento del pago de los intereses, sino que tampoco lo hace para sustentar las pérdidas de ingresos generadas por la reducción de impuestos (retenciones a las exportaciones, disminuciones en el impuesto a las ganancias y a los bienes personales) en un contexto de ingresos extraordinarios por el blanqueo de capitales. En última instancia, se trata de un proceso de reasignación de los recursos del Estado en detrimento de los sectores populares.

En suma, no solo no se resolvieron los problemas heredados sino que se agravaron y las causas de ello guardan estrecha relación con la valorización financiera que puso en marcha el gobierno de Cambiemos. La deuda externa y la fuga de capitales son variables intrínsecas a este proceso, y la vigencia de altas tasas de interés una condición del modelo de la que no se puede salir sin grandes saltos. Es una encerrona autoinducida y que le pone límites estrechos al gobierno en un escenario signado por la movilización de los sectores populares, que alcanzó un punto álgido en la resistencia al ajuste previsional cambiando el “estado de ánimo” post electoral. Los próximos hitos serán la movilización sindical del 21 de febrero y las negociaciones paritarias que se expresarán en el marco de esa activa relación de fuerzas y de las presiones gubernamentales a la dirigencia sindical. Evidentemente, se trata de disputas sociales con varios frentes abiertos en un modelo económico, político y social que no cierra.