Incertidumbre en el agro

El cambio de gobierno en 2015 supuso esperanza para el sector agropecuario aunque la situación fue desigual según el tamaño de cada empresa, sea pequeña, mediana, grande o cooperativa, y productor. En esa distinción, también estaban los que se dedicaban a la ganadería (bovina) y la lechería, los cultivos cerealeros y oleaginosos, los “industriales”, las hortalizas y legumbres y las principales frutas.

Como todo sector económico, el agro planifica sus inversiones, cuánta deuda toma o cuánto aplica de sus ganancias y estima una rentabilidad que le permita cubrir sus costos y continuar. El crédito puede ser en pesos o en moneda extranjera. Ambas situaciones describen un panorama de la composición de los productores, sean pequeños, medianos, grandes o cooperativas. Por regla general, no son los de baja acumulación de capital los que acceden al mercado externo de crédito, sino los de mayor acumulación de capital en el sector agrícola. Al revisar el informe Macroeconómico N° 244 de CREA[1], se “destaca la fuerte preferencia desde inicios de 2016 por préstamos en moneda extranjera”.

Desde fines de 2015 y hasta el primer trimestre de 2018, la deuda en dólares creció un 844 por ciento. Al momento de la asunción de Cambiemos, el stock de deuda del sector agropecuario era de 293 y pasó a 2766 millones de dólares. Mientras que el stock de deuda en pesos pasó de 6650 a 5706 millones, una reducción de 14 por ciento. Con estos números, surgen dos preguntas por el riesgo que conlleva endeudarse en dólares. ¿Hay diferencias entre las tasas externas e internas? ¿Qué sectores –dentro del agrícola- pueden o tienen la capacidad de tomar deuda en dólares?

La tasa de –referencia- interés está por encima del 40 por ciento, es decir, arriba de la de inflación. Entonces es un contexto de incertidumbre. Otra interpretación simple sugeriría un encarecimiento del financiamiento en pesos y un abaratamiento del financiamiento en dólares. Pero el objetivo de bajar la inflación por suba de la tasa de referencia no funciona.

Retomando la segunda pregunta, el principal sector tomador de deuda en dólares, entre 2015 y 2018, fue el sector cerealero y oleaginoso, por un valor de 1188 millones, y lo siguen “cultivos industriales” con 171 millones de dólares. La diferencia entre ambos cultivos marca la importancia que tienen los productos de la pampa y el tamaño de empresas –transportadoras, enclaves de agregación de valor, comercializadoras, acopio, almacenaje y exportación- vinculadas a ese producto. Por “cultivos industriales” se comprenden nueve cadenas productivas: algodón, caña de azúcar, mandioca, maní, quínoa, stevia, tabaco, té y yerba mate. Al cotejar ambos sectores agrícolas por capacidad de generación de divisas, es claro que el principal es el cerealero y oleaginoso y, por ende, el que tiene mayor financiamiento externo y en muchos casos se complementa con el financiamiento interno –en pesos-.

En tercer y cuarto lugar en toma de deuda en dólares, para principios de 2018, se encontraban ganadería bovina (504 millones de dólares) y lechería (36 millones de dólares). Por lo tanto, al sector agrícola se le suma el ganadero para tener un panorama completo de la producción agropecuaria y se infiere que las grandes empresas cerealeras y oleaginosas incrementaron su toma de deuda en moneda extranjera en 842 por ciento, cultivos industriales en 328 por ciento, ganadería bovina en 3876 por ciento y lechería un 1800 por ciento. Si bien los sectores agrícolas acumulan montos superiores al ganadero, en términos de crecimiento porcentual es el sector ganadero el que creció exponencialmente.

El informe de CREA aporta un poco de claridad sobre la orientación del financiamiento en dólares, basado en la información consultada a las entidades bancarias públicas y privadas: leasing para la adquisición de maquinaria, así como también financiamiento para proyectos de bioenergía y diversas inversiones ganaderas. La orientación no es productiva. El financiamiento en pesos para líneas productivas es casi nulo, actualmente en proceso de eliminación por el Banco Central de la República Argentina que conduce Federico Sturzenegger. Dada la emergencia declarada, los bancos públicos disponen de montos máximos a recibir por cada productor.

El panorama para las empresas agropecuarias pequeñas, medianas y cooperativas está cargado de incertidumbre, mientras que los grandes jugadores pueden diversificar sus fuentes de financiamiento y cuentan con una acumulación de capital mayor. Ejemplo de ello es lo que pasó en los tribunales de Cañada de Gómez, en Santa Fe, donde se pidió se frene con los desalojos de los colonos de Bigand[2]. En la Argentina profunda, ya no se cubren ni siquiera los costos de producción.

 

[1] https://www.crea.org.ar/wp-content/uploads/2018/05/Informe-Macroeconomico-N%C2%BA-244.pdf

[2] http://www.faa.com.ar/Contenido/noticia8294.html#.WwtGYe4vyHs

 

Publicado en http://www.revistakamchatka.com.ar/economia/incertidumbre-en-el-agro/