¡FORZA BRASIL! ¡FORZA AMÉRICA LATINA!

Hoy, el congreso brasilero consumó el tercer “Golpe Blando” en América Latina, tras la destitución de la presidenta Dilma Rousseff. El primero había sido en Honduras, siete años atrás, con la destitución de Manuel Zelaya el 28 de junio de 2009. Luego, el 22 de junio de 2012, fue el turno de Paraguay, con un trámite “express” en el Congreso que se tomó apenas un día para destituir de su cargo al presidente Fernando Lugo.

Cuatro años después del golpe contra Lugo, Paraguay es escenario de llamativos sucesos, con la aparición de supuestas organizaciones “subversivas”. O “terroristas”, para ponernos a tono con la retórica de época, que suministran el caldo de cultivo para la consolidación de fuerzas represivas en el seno del Estado liberal (acá un link).

El sábado pasado el Presidente Nicolás Maduro, denunció la puesta el marcha de un golpe contra Venezuela (por si alguien no recuerda, no sería el primero: ya hubo uno contra Chávez el 11 de abril de 2002), dirigido por los Estados Unidos (acá un link). A pesar de que la información sobre Venezuela es absolutamente turbia en nuestro país, cualquier ciudadano medianamente informado debe saber que la embestida contra el proyecto político que condujo Hugo Chávez y hoy comanda Nicolás Maduro es feroz.

Paralelamente, en Bolivia, sucedieron una serie de hechos que el propio gobierno calificó como una “conspiración política para derrocar o, al menos, desestabilizar al gobierno de Evo Morales” (acá un link). La escalada de violencia ya había tenido un saldo trágico cuando, en la madrugada del 26 de agosto, fue encontrado asesinado a golpes, y con visibles signos de tortura, el Viceministro de Régimen Interior de Bolivia, Rodolfo Illanes. El inicio del conflicto se remonta al 10 de agosto, cuando se produjo una movilización coordinada por las “cooperativas mineras”, bloqueando carreteras en contra de la modificación de la Ley Minera por la que el gobierno de Evo Morales prohibió que las empresas privadas puedan invertir en las concesiones, limitando la explotación de los yacimientos mineros por cualquier particular, incluso extranjero. La Ley Minera, sancionada en 2014, otorgó al Estado boliviano mayor control sobre los recursos mineros, a través del fortalecimiento de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), como único agente habilitado para cerrar acuerdos con el capital privado sobre la explotación de yacimientos.

En Venezuela, demás está decir, el control estatal sobre los recursos petrolíferos y la redistribución interna de su renta también está en el centro del conflicto.

Tampoco es una novedad que los recursos minerales, hidrocarburíferos y acuíferos de Brasil son un plato apetecido por el poder económico-financiero global. O que estos poderes vienen trabajando sistemáticamente, tras el fracaso del ALCA, para la sumisión de la región y su encolumnamiento detrás de su nuevo consenso liberal, cristalizado en el TPP y otros tratados regionales y bilaterales de “libre comercio” o, para dejar de lado los eufemismos, de libre explotación del trabajo latinoamericano y libre apropiación de nuestras riquezas y su renta.

Argentina, por supuesto, no es ajena a la planificación global de esos poderes fácticos supranacionales, con cuyos intereses hoy Mauricio Macri la alinea mansamente (acá un link de mi autoría). De hecho, la colocación de alfiles -como Macri, Peña Nieto, Cartés, Temer, Santos- en las administraciones estatales de los diferentes países, por los medios que sean, es condición necesaria de la estrategia global. Y, en ese sentido, la ola de presidentes nacional-populares nacidos de la democracia latinoamericana en la última década larga constituía un obstáculo contra el cual el poder real, con cabeza en los Estados Unidos, ha puesto -y sigue haciéndolo-, como quien dice, “toda la carne al asador”, con su red de medios de propaganda y manipulación social de por medio.

Y ¿entonces? Parece ser la pregunta que se asoma en los ojos de cada argentino, de cada latinoamericano que, generación tras generación, no se resigna a desistir del sueño de la Patria Grande, del sueño de una Patria justa, libre, soberana, del sueño de construir el paraíso en esta, nuestra tierra, que “es decir que en mi país la gente viva feliz aunque no tenga permiso”. Entonces, quiero tomar prestadas estas palabras que pronunció recientemente el vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, en la Universidad de La Plata:

“Hoy el continente está viviendo un repliegue, y hay que asumirlo como tal. (…) Algo ha hecho la derecha para llegar donde está. Algo hemos hecho nosotros para permitir que la derecha llegue donde está, y no se trata de esconder nuestros errores ni de esconder nuestras debilidades. Uso una frase del profesor Bourdieu, que decía: “¿por qué se rompe un vaso cuando se le tira una piedra? ¿Por culpa de la piedra se rompe el vaso? ¿O porque el vaso era rompible la piedra lo quebró?” El decir que por culpa de algo se rompió el vaso es una respuesta fácil, pero que no ayuda, porque estamos achacando a los demás lo que es una debilidad, o es una limitación nuestra. Pero cuando asumimos que la piedra rompió, entonces hay un factor externo, pero habilitado, gatillado, potenciado por una debilidad interna nuestra. Hay algo que hicimos que no estuvo bien. Y entonces ¿qué hacemos para no tener esa debilidad? ¿Como nos organizamos para que ese vaso no sea rompible? ¿Qué tipo de trabajo, que tipo de compromisos, qué tipo de alianzas, qué tipo de acciones, qué tipo de movilizaciones, que tipo de recursos, qué tipo de discursos, qué tipo de conceptos, qué tipo de horizontes, qué tipo de sentidos comunes necesitamos crear para que el vaso no sea rompible una vez más? Esa es una responsabilidad de todos.

Hicimos una buena obra durante 10 años, pero se rompió el vaso, quiere decir que no lo hicimos bien. Pues bueno, a arremangarse la camisa para hacerlo de mejor manera, para que ese vaso no se rompa.

En esos 10 años se abrió una oportunidad, se abrió un espacio de revocabilidad de creencias en que un poder gigantesco, dictatorial, poderosísimo, que aparentemente había acabado con la historia del mundo, que se había acabado la historia del mundo, que todos íbamos a ser globalizados neoliberales, rubios, que hablábamos inglés, eso se quebró, lo quebramos. Sabemos entonces donde está la debilidad del adversario: logramos romper su sentido común, logramos estructurar organización y fuerza política, logramos convertir fuerza de masa en fuerza electoral, y convertimos la fuerza electoral en fuerza y estructura estatal. Hemos visto que eso es posible.

No duro mucho, por algo que no hicimos bien, seguramente. Pero estamos vivos, tenemos compromiso, ¿y saben qué compañeros? Ellos, los otros, no tienen horizonte, no son futuro, solo buscan reciclar y renovar y darle vida a viejos cadáveres, a viejas ideas agotadas. Y las sostienen con alfileres, y deslumbran temporalmente, pero no tienen horizonte.

Nosotros sí tenemos horizonte. Y ahí radica la posibilidad de una futura victoria. Las revoluciones son por oleadas, no son por ciclos, los ciclos son un determinismo físico que nos condena a la impotencia. Las oleadas hablan de voluntad, hablan de compromiso, hablan de esfuerzo, hablan de lucha…”

De modo que, cuando venga la marea, porque va a venir, aquí en Argentina, bien al sur, y en el resto del sur, y la ola se levante y crezca y avance para recuperar lo que es suyo, para recuperar sus derechos, su trabajo, su salario, su riqueza, su horizonte de futuro, van a seguir diciendo que es un “foco de resistencia”, que es “un plan subversivo” o, quién sabe, que somos “terroristas”. Pero no va a importar. Porque, como dijo una enorme mujer que este país ha legado a la historia de los pueblos libres, “hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos”. Forza Dilma. ¡Volveremos!