Energía, medioambiente y represas en Santa Cruz. ¿Quién dirige la política energética nacional?

La viabilidad de la Nación y del pueblo argentino en jaque… Recordemos las palabras del Presidente Macri en su discurso del 1 de marzo: “… pasamos de un país que generaba más energía que la que consumía, a uno que debe importar sus necesidades, o parte de sus necesidades. Esto pone una enorme presión sobre nuestros recursos fiscales y nos genera una dependencia del exterior”. Obviemos por un segundo la zoncera del autoabastecimiento noventista en un país desmantelado (consumíamos energía cual paciente en coma y con respirador artificial); obviemos también las decenas de miles de millones de dólares graciosamente obsequiados a los buitres y al establishment local y su letal impacto sobre el fisco, el pueblo argentino y vaya uno a saber cuántas generaciones futuras de compatriotas. Obviemos pues y preguntémonos: ¿Cómo entender la decisión de la administración macrista de reducir la potencia instalada de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic? ¿Quiere más energía o menos? ¿Sabrá que las represas sustituirán una cantidad ingente de combustibles importados, para ser concretos, en el orden de los 1.100 millones de dólares anuales? En este sentido, no podemos dejar de mencionar que la central carbonífera de Río Turbio -paralizada por la actual administración- también contribuye a disminuir la dependencia de gas natural y combustibles importados. Volvamos al discurso del Presidente del 1 de marzo. Expresó también Macri que “La ausencia de incentivos a la inversión se vio, sobre todo en el mercado eléctrico, tanto en generación como en distribución. Esa es la causa de cortes de luz…”. Supongamos por un momento que lo asistiera la razón: ¿cómo se explica, en función de su diagnóstico, que se haya intentado frenar primero y se proponga empequeñecer ahora la potencia instalada de las represas en Santa Cruz? ¿Quiere más energía o menos? Al Presidente le deberían haber informado, que la crisis eléctrica de enero y febrero de este año -la peor desde los apagones masivos de 1999 y los cortes programados de 1988/9- se dieron en un contexto de récord absoluto de indisponibilidad termoeléctrica. Si no derivó en un total colapso del sistema energético fue justamente por las represas del Comahue, es decir, por los aportes de la energía hidráulica. Llegado a este punto cabe preguntarse: ¿por qué el ataque a estas represas? Y más importante aún, ¿quién digita la política energética nacional y en función de qué intereses y objetivos?

Represas de la magnitud de las del Río Santa Cruz (con su potencia original de 1740MW), aumentan la seguridad energética al sustituir combustibles importados para la generación de energía, diversificar la matriz e incrementar el parque instalado de generación. Yacyretá y Salto Grande, nuestras dos más grandes represas son binacionales. En cambio Kirchner-Cepernic serán exclusivamente argentinas, un hecho altamente significativo también desde la seguridad energética nacional.

Asimismo, representan un notable aporte para consolidar un sistema energético cuya electricidad resulte cada vez más asequible (barata) y accesible (la energía como derecho y no como privilegio). Atentar contra las represas, contra la Central Térmica de Río Turbio y contra el Plan Nuclear Argentino (a través de una suerte de jaque financiero aplicado a Nucleoeléctrica Argentina SA como efectivamente se verifica) esconde mucho más que una diferencia en materia energética. La disyuntiva es: energía para el desarrollo y la inclusión social, como ocurrió entre 2003 y 2015; o energía como sutil pero implacable herramienta de ajuste y desmantelamiento del mercado interno, de la calidad de vida de la población, de un país federal y de un aparato industrial y productivo progresivamente competitivo y moderno.

Las advertencias del fundador de Greenpeace
Quisiéramos citar en esta nota la reciente opinión que al fundador de Greenpeace, Dr. Patrick Moore, le mereció la intención del gobierno de Macri de paralizar los aprovechamientos hidroeléctricos del Río Santa Cruz y la Central Térmica de Río Turbio. Textualmente algunos de sus más oportunos párrafos: “Primeramente debemos decir que la energía hidroeléctrica es muy superior a la energía eólica y a la solar en un sinnúmero de maneras. Se trata de una energía confiable desde que la presa funciona como una enorme batería, siempre dispuesta a satisfacer la demanda. La eólica y la solar son poco fiables y algo impredecibles, sobre todo en el largo plazo. En segundo lugar y en buenos sitios, la energía hidroeléctrica es mucho menos costosa que las otras dos. Y en tercer lugar, la potencia derivada de la hidroelectricidad puede ser prendida o apagada en cuestión de segundos, permitiendo que el operador de la red esté siempre capacitado para satisfacer la demanda de base. Con el viento y el sol, en cambio, estamos a merced de los elementos, los cuales siempre requieren de una fuente confiable de back-up energético cuando el viento deja de soplar y el sol deja de brillar. ¿Por qué no instalar, para comenzar, una tecnología confiable y olvidarse del viento y del sol que son poco confiables y costosos?”.

Luego, refiriéndose a la oposición del ecologismo medieval argentino en relación a la construcción de las represas en Santa Cruz y a la explotación del carbón con propósitos energéticos, agregó: “Una de las posiciones más ilógicas del movimiento verde es su oposición a la energía hidroeléctrica y nuclear cuando estas dos tecnologías son las únicas que efectivamente pueden sustituir a los combustibles fósiles -principalmente carbón y gas natural- para la producción de electricidad. Promueven falsamente las energías eólica y solar como competitivas y confiables cuando no lo son. Ambas requieren enormes subsidios públicos y leyes que obliguen a las empresas eléctricas a comprar su energía a precios caros incluso teniendo disponibilidad de energía más barata”.

Por último, y entrando de lleno en los aprovechamientos hidroeléctricos cuestionados por el neoliberalismo energético, Moore planteó que “A pesar de tener un potencial teórico bruto hidroeléctrico de 169.000 GWh/año (130.000 GWh/año de potencia alcanzable), la Argentina sólo ha desarrollado un 25%. Sin embargo, Greenpeace quiere reemplazar las represas Kirchner y Cepernic con energía eólica y solar. En primer lugar, es imposible reemplazar una fuente energética confiable y rentable de 24/7 (24 horas los 7 días de la semana) con una fuente poco confiable y cara como son la energía eólica y la solar. En segundo lugar, en sitios favorables la energía hidroeléctrica es la tecnología de generación de electricidad más barata y deseable. Es por esta razón que los países que tienen buen potencial hidroeléctrico deben ponerlo primero en la lista de los desarrollos energéticos. Que los verdes estudien las provincias de la Columbia Británica y Quebec en Canadá, Noruega, Brasil, China, el Pacífico-Noroeste y el Valle de Tennessee en Estados Unidos para ver otros ejemplos exitosos”.

Estos conceptos del fundador de Greenpeace desarman el falso “ecologismo” profesado por quienes se oponen a la construcción de las represas desde un ambientalismo cavernícola (ambientalismo medieval, como alguna vez nos referimos, ya quedó muy chico). Cabe agregar además sobre las quejas medioambientales en relación a las represas que la afectación al Glaciar Perito Moreno quedó absolutamente descartada, ya que el proyecto de esta obra establece un desacople físico entre el Lago Argentino y el Embalse de Néstor Kirchner. Asimismo, la Procuración estableció que la cuestión ambiental es jurisdicción ambiental y que los pasos correspondiente en esta dirección fueron dados, lo cual haría caer el planteo en la Corte.

Pero lo más importante sobre los conceptos de Moore, es que permite explicar quién dirige verdaderamente la política energética nacional después del 10 de diciembre, qué objetivos persigue y cómo tales objetivos resultan no sólo compatibles sino absolutamente indispensables con el proyecto político que los intereses del terrorismo financiero y especulador occidental pretenden para la Argentina y que tan eficientemente ejecutan sus burócratas de turno desde la Casa Rosada.

¿Quién dirige realmente la política energética del macrismo? ¿Por qué?
El 22 de diciembre, el Presidente Macri se reunión en la Casa Rosada con la viuda de Tompkins. Allí trascendió por primera vez la intención presidencial de discontinuar las obras de las represas por consideraciones “ambientales”. ¿Cómo siguió la historia? Pocos lo supieron, pero el 5 de enero y según comunicado de prensa oficial de Greenpeace Argentina, esta organización y la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) se reunieron con el ministro de Medio Ambiente de la Nación, Sergio Bergman. El objetivo del encuentro fue acercarle “un documento que contiene 10 medidas de gobierno para que el organismo a su cargo concrete durante los 100 primeros días…” de su gestión. En dicho documento y entre otros puntos, las mencionadas ONGs -cuyos ex directivos hoy ocupan las principales secretarías del Ministerio de Ambiente-(1) reclamaron a Bergman “abandonar el proyecto de Central Térmica de Río Turbio” y “detener y cancelar de manera definitiva los proyectos para la construcción de las represas Presidente Néstor Kirchner y Gobernador Jorge Cepernic”. Simultáneamente, la cámara de empresas al frente del Ministerio de Energía encabezada por la industria petrolera,(2) vienen desregulándolo todo con el supremo objetivo de conseguir, a la mayor brevedad posible, la absoluta mercantilización de la energía en la República Argentina.


Fuente: “Propuestas de Medidas y Políticas Ambientales que el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable debe impulsar. Documento elaborado por: Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) y Greenpeace Argentina”. Ítem 9, página 7. Nótese el subrayado, que es nuestro. Siguen basándose en un argumento falaz y vergonzoso, oportunamente desmantelado en nota publicada en el OETEC titulada “China y Argentina. Las represas del Río Santa Cruz. Macri: ¿cambiemos o volvieron? El retorno del país chico y las viejas “relaciones” ¿internacionales?” (Julio De Vido (5/01/2016). http://www.oetec.org/nota.php?id=1504&area=1).

En fin y comandados por un Presidente de la Nación guiado por las recomendaciones de Greenpeace y la viuda de Tompkins en materia energética y medioambiental, el perfecto trabajo de pinzas entre ambos ministerios apunta a asfixiar el Plan Nuclear Argentino, paralizar el Programa Nacional de Obras Hidroeléctricas 2025 y terminar con la explotación carbonífera con fines energéticos. ¿Quién se beneficia con esta política energética? Véase la comitiva de decenas de empresas extranjeras en tecnología eólica que esta semana arribarán a la Argentina, crúcese con la nula mención a energías nuclear e hidroeléctrica en el discurso presidencial del 1 de marzo y la mención favorable a las energías renovables, por cierto, las únicas distinguidas por Macri, y se tendrá una pista.

Ahora bien, alguien podría argumentar que dichas tecnologías entran en colisión con la industria petrolera, industria que en la Argentina gobierna el Ministerio de Energía (YPF y ENARSA incluidos) desde el 10 de diciembre. Pues bien, no sólo que no se contradicen sino que las energías eólica y solar se llevan de maravillas con el consumo de combustibles fósiles, producidos como es sabido por la industria petrolera. Sin embargo, existe un pequeño detalle, una pequeña condición para que dicha comunidad devenga en una realmente fructífera: a la masiva incorporación de renovables (no hidráulicas) debe acompañársela de una reducción gradual pero sostenida de las energías nuclear e hidráulica (de alta capacidad de generación) de las matrices primaria y secundaria. ¿Por qué? Porque al disminuir la participación de estas energías alternativas que funcionan las 24 horas y los 7 días de la semana por energías renovables de muy bajo factor de carga, la demanda de base debe ser reemplazada sí o sí por otras fuentes de generación igualmente confiables (veremos más adelante esta cuestión). Y la única fuente de base que cuenta con esta característica es la termoeléctrica derivada del gas natural y del carbón como combustibles. A propósito, Alemania, la meca de las renovables, es prueba contundente de ello.

En consecuencia y resumiendo, como en la Argentina la única planta a carbón está paralizada (y siquiera funcionando a pleno podría sustituir ningún volumen importante del parque nuclear e hidroeléctrico nacional), ¿adivine el lector qué tipo de energía será la beneficiada con la penetración masiva de eólica y solar? La termoelectricidad. ¿Y quién domina esta fuente de generación? La industria petrolera -por ser sus proveedores- y los dueños de Edenor y Edesur (ENEL, Endesa y SADESA), más la familia Caputo y otros socios menores del macrismo, por tener buena parte del sistema generador. Por tanto, la energía hidroeléctrica (como la nuclear) no sólo que no son prioridad, sino que son un escollo. Mientras tanto, el lobby “verde” con Greenpeace a la cabeza desde el ministerio de Ambiente celebra eufórico.

Bibliografia
(1) Ver nota “Las represas de Santa Cruz: en defensa del empleo, la industria y la seguridad energética” (OETEC – 29/12/2015)
http://www.oetec.org/nota.php?id=1493&area=1

(2) Ver nota “No hay un Ministerio de Energía sino una Cámara empresaria con poder ministerial” (OETEC – 18/12/2015)

Patrick Moore sobre Greenpeace y las represas
http://www.oetec.org/nota.php?id=1579&area=1