El modelo de las élites: bajo crecimiento y alto endeudamiento

En este sentido hasta el propio FMI reconoció la recesión que generará el nuevo paquete de políticas económicas y corrigió su pronóstico para 2016: pasó de un crecimiento estimado en 1,5%, a una recesión de -1% lo que significa una pérdida de generación de riqueza, producto de estas medidas, de aproximadamente 12.000 millones de dólares.

Queda claro que los objetivos económicos del gobierno actual no pasan por generar riqueza sino por disciplinar a los sectores populares para recuperar márgenes de rentabilidad a través de la bicicleta financiera y del incremento de precios por encima de los salarios.

Las políticas aplicadas por el macrismo en sólo 52 días de gobierno produjeron: 1) menor consumo interno, producto de la caída en el salario real; 2) caída en el gasto público, como consecuencia de las medidas de ajuste fiscal; 3) poco dinamismo de las exportaciones, por la recesión en Brasil y en el resto de nuestros socios comerciales y 4) mayores importaciones.

El interrogante cae como fruta madura: ¿cómo se evitará una recesión parecida a la pronosticada por el FMI para Brasil que anda en el orden del 3,5% del PBI?

El gobierno dice apostar a dos motores económicos: la inversión extranjera directa y la obra pública en infraestructura. La primera alternativa tiene el límite de que las grandes empresas transnacionales invierten en tecnología ahorradora de mano de obra, algo que ya vivimos con el desempleo que generaron las privatizaciones de comienzos de los noventa.

Como ejemplo podemos citar que las 500 empresas más grandes de la Argentina producen el 22% del PBI con sólo 816 mil trabajadores, según la Encuesta Nacional a Grandes Empresas realizada por el INDEC en 2013.

En el caso de la obra pública es necesario financiamiento externo en un escenario de elevadas tasas de interés a nivel local. Bajo este esquema, la única posibilidad de amortiguar la caída al 1%, pronosticada por el FMI, es con acceso a los mercados financieros internacionales, algo que todavía no está garantizado en el corto plazo.

Bajo la hipótesis de poder acceder a los mercados de deuda, esto consolidaría un modelo de crecimiento basado en el impacto que tiene la mayor liquidez en dólares, producto del endeudamiento, sobre los sectores no transables de la economía como la construcción y los servicios. En el largo plazo, la apreciación cambiaria necesaria para mantener una tasa de interés atractiva para los acreedores conduce a una crisis monetaria y fiscal, similar a la vivida cuando gobernaron las élites.