El milagro peruano

La última elección presidencial peruana ofreció todos los condimentos posibles: datos de color, falta de un candidato oficial, extrema paridad en el balotaje (el triunfo de Kuczynski fue por apenas 41.000 votos de diferencia). El detalle curioso de la primera ronda electoral fue una extraña coincidencia. Los tres candidatos más votados compartían la infrecuente letra K: Pedro Pablo Kuczynski, Keiko Fujimori y Verónika Mendoza. Más allá del dato anecdótico, la novedad política más importante fue la ausencia de un candidato oficialista. El Partido Nacionalista Peruano (PNP) sostuvo que eso se debió a “discrepancias con las decisiones de las autoridades electorales”. La realidad aes que el oficialismo no superaba, en los sondeos previos, el uno por ciento de los votos.

La debilidad del PNP contradice los supuestos logros del elogiado “modelo peruano”. Por ejemplo, el The Wall Street Journal lo calificó como nuevo “tigre” sudamericano. La economía peruana fue una de las principales beneficiarias del boom de los commodities. En el período 2003-2011, la mejora en los términos de intercambio fue muy superior (57 por ciento) de la argentina (25 por ciento). El ciclo alcista del precio de los minerales posibilitó el incremento de la inversión pública y la ampliación de los programas sociales. El índice de pobreza oficial descendió de más del 50 por ciento en 2004 al 23 por ciento en 2014 (alrededor de 7 millones de personas).

Sin embargo, la “línea de pobreza” monetaria del instituto estadístico oficial es cuestionada. El intelectual peruano Santiago Ibarra señala en Son muchas más las personas pobres que las oficialmente reconocidas en el Perú y algunas cuestiones más que “oficialmente la pobreza monetaria bajó en Madre de Dios al 3,8 por ciento. Es el nivel de pobreza monetaria más bajo que existe en el Perú, más bajo inclusive que el existente en Lima. Pero, por ejemplo, en Madre de Dios el porcentaje de niños de segundo grado con nivel satisfactorio de comprensión lectora es sólo del 17,7 por ciento, en tanto que a nivel nacional ese porcentaje es del 33 por ciento. Asimismo, el porcentaje de niños de segundo grado con nivel satisfactorio en matemáticas es del 5,4 por ciento, mientras que a nivel nacional es del 16,8 por ciento”.

Las condiciones de vida de la mayoría populares continúan siendo muy precarias. La remuneración mínima es la segunda más baja de América latina (detrás de Bolivia). La Oxfam detalla en Para no retroceder. Realidad y riesgo de la desigualdad en el Perú que “más de medio millón de hogares no tiene electricidad. Más de 3,5 millones de viviendas son de material precario, y 2,5 millones tienen piso de tierra. Más de un millón de hogares no está conectado a la red pública de agua, y 2,5 millones carecen de alcantarillado. Se estima que siete millones de peruanos no tienen aún acceso a agua potable segura, y muchos de quienes nominalmente la tienen, sufren recortes y mala calidad de suministro. En las zonas rurales, menos del 5 por ciento de los hogares consume agua clorada”.

Por otro lado, la denominada “clase media emergente” está en riesgo de caer nuevamente en la pobreza. Esos doce millones de personas (40 por ciento de la población) viven “con un ingreso personal de entre cuatro y diez dólares diarios, suficiente para mantenerlos por encima de la línea de pobreza monetaria. Sin embargo, ese ingreso no les permite la seguridad y estabilidad económica que define a la verdadera clase media, que posee capacidad y recursos para sobreponerse a situaciones de crisis”, detalla el informe de Oxfam.

A su vez, el índice de Gini de desigualdad permanece en niveles muy elevados (0,44) y se amplió la brecha de pobreza regional. Los habitantes de Huancavelica, Cajamarca o Ayacucho tienen entre cuatro y cinco veces más probabilidades de ser pobres que los habitantes de Lima. La tasa de desnutrición crónica de la niñez (35 por ciento) en Huancavelica es superior a la de Angola y Congo. Por último, la estructura productiva acentuó su reprimarización en los últimos años.

La mala imagen ciudadana del mandatario saliente es reflejo de ese cuadro de situación. El triste final de Ollanta Humala invita a reflexionar a los que resaltan, como el Presidente argentino, el “modelo peruano”.

El 30 de octubre de 2014, el entonces jefe de Gobierno porteño disertó en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Allí, Mauricio Macri sostuvo “Perú colocó deuda al 6 por ciento a 40 años. Esa es la Argentina que yo sueño, la que vamos a construir juntos”.

La estrategia argentina de acercamiento a la Alianza del Pacífico es acompañada con elogios a los logros económicos de los países que la componen (México, Colombia, Perú y Chile). El rápido repaso de los datos desmitifica la existencia de ciertos “milagros”.

Diego Rubinzal