El impacto de un nuevo ajuste en Brasil

Desde su reelección, Dilma Rousseff tuvo que enfrentar distintos problemas políticos y económicos, de los cuales se hicieron eco los distintos diarios argentinos: desde las denuncias de corrupción alrededor de la principal empresa petrolera del país (Petrobras), las marchas opositoras de distintas magnitudes, y los distintos planes de ajuste fiscal, todos factores que se conjugaron para hacer entrar Brasil en un régimen de bajo crecimiento que terminó en una recesión abierta el año pasado, con una caída del 3,3% de su PBI.

Las principales explicaciones de ese derrotero económico son, por un lado, el enfoque ortodoxo que los gabinetes económicos del PT le impregnaron a la política económica del país vecino, llevando adelante el “manual del ajuste” ante los primeros síntomas de desmejora que vivió Brasil. Por otro lado, las dificultades reales que tuvo el gigante sudamericano para enfrentar el pago del endeudamiento tomado por sus empresas en el período 2008-2015, debido a la alta tasa de interés local, que obligó a realizar los ajustes para obtener la refinanciación de esa deuda.

En todo caso, y aunque ambas explicaciones no sean excluyentes, el impacto de esta política sobre Argentina es muy relevantes, dado que Brasil es nuestro principal socio comercial. En efecto cerca de 30% de nuestras exportaciones se realizan con el país vecino, gran parte de las cuales son industriales y, por lo tanto, implican un valor agregado mayor que el resto de las exportaciones argentinas que se caracterizan por ser fuertemente intensivos en recursos naturales.

Este intercambio entre ambos países  se vio beneficiado además por el amplio acuerdo comercial del Mercosur, en el cual se contemplaron esquemas comerciales liberales en algunos sectores y administrados en otros, cuyo paradigma es el sector automotriz.

El reciente dato de la balanza comercial arrojó el primer déficit desde 1999, alcanzando más de 3.000 millones de dólares explicado casi únicamente por el déficit bilateral con Brasil. Esto pareciera solventar la idea según la cual la devaluación del real dejó Argentina en una situación muy comprometida en términos de competitividad, y que la devaluación llevada adelante por el gobierno de Macri era inevitable.

No obstante, como resultante de la estructura económica “unificada” de ambos países en varios sectores, el resultado comercial bilateral depende en gran parte del crecimiento relativo de ambos países, más que del tipo de cambio relativo. En efecto, el tipo de cambio entre el peso y el real tuvo hasta 2014 una relación favorable para Argentina, a la vez que se iba deteriorando el déficit comercial bilateral para nuestro país y mejorando el de Brasil.

En el siguiente gráfico se puede advertir que cuando Argentina crece más fuerte que Brasil, su déficit comercial bilateral se incrementa. Esto se da en los períodos previos a la crisis internacional (2005 a 2007) así como en 2010 y 2011 y, de nuevo, durante el año 2015. Ese año, el crecimiento argentino fue de 2% mientras que Brasil tuvo una marcada recesión de 3,3%, lo que representó el diferencial de crecimiento más elevado entre ambos países desde 2011 –casualmente el año record en términos de déficit comercial bilateral.

Esto nos muestras que el grado de interrelaciones de ambas economías hace que las demandas relativas sea más importante que los precios relativos, aunque esto mismo no obsta que, con un diferencial elevado y prolongado del tipo de cambio pueda verse afectada la competitividad de uno de los socios, como lo padeció Argentina entre 1998 y 2001.

La continuidad de la situación de ajuste en Brasil sumado a la recesión en la cual parece sumirse la economía argentina con las políticas llevadas adelante por el nuevo gobierno parece implicar un escenario que, para el 2016, no es nada alentador. En primer lugar, el achique de nuestro mercado interno por la reducción de los salarios reales se suma al achique de la economía brasileña para poner en jaque nuestra industria que requiere un ambiente nacional y regional creciente para poder desenvolverse correctamente.

Martin Burgos