El FMI viene a legitimar el plan económico de Cambiemos

Esta semana el gobierno recibirá una nueva misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), que da continuidad a la visita realizada a finales de junio, donde el FMI comenzó a colaborar con el INDEC para facilitar la medición de la inflación y del producto bruto interno (PBI). Este hecho no añade per se ninguna novedad a la política internacional del gobierno de Mauricio Macri, pero sí nos permite subrayar que el gobierno busca la legitimidad de sus políticas en mercados extranjeros e internacionales, legitimidad que no encuentra en las calles del país.


Pero complejicemos un poco más el análisis con dos preguntas básicas: 1. ¿Es una visita técnica del FMI para ayudar a dar credibilidad al INDEC algo malo para la Argentina? 2. ¿Es el FMI el símbolo máximo de neoliberalismo y el malo de la película?


A la primera pregunta cabe decir que para cualquier gobierno democrático es indispensable contar con cuentas claras y transparentes. Sin embargo, pensar que ser transparente es exclusivamente medir la inflación y que para hacerlo se necesita de economistas del mundo anglosajón neoclásico, es un error. Es un error no solo porque pareciera que nos arrodillamos frente a un pensamiento dominante, sino porque detrás de la medición de la inflación se encuentra una idea sesgada sobre las causas de la misma. El FMI hace énfasis en la necesidad de medir la inflación porque el objetivo final es concretar una política monetaria basada exclusivamente en el objetivo de mantener una inflación baja y estable. Esta idea de que la inflación es exclusivamente un fenómeno monetario, ignora por completo los problemas de la estructura productiva del país y de la concentración en grandes grupos empresariales, básicamente el efecto de las devaluaciones o la puja salarial en los precios.


Además, el FMI interviene en el INDEC para justificar de alguna manera que Argentina vuelva a obtener crédito internacional, y otorga así tranquilidad a los países que avanzan en acuerdos de libre comercio internacional, particularmente Estados Unidos. Es importante recodar, que el Presidente Macri ya le solicito a la misma Comisión Europea (el brazo ejecutivo y burocrático de la Unión Europea) que audite las cuentas y la economía argentina, en un gesto similar para facilitar los acuerdos comerciales y de inversión de Europa. Por tanto, si fuese una reunión en pie de igualdad con el FMI y otros organismos regionales sobre la medición y homogeneización de las cuentas nacionales e indicadores macroeconómicos, no sería algo malo en si, lo preocupante es la situación de inferioridad en la que sitúa el gobierno Cambiemos a nuestro país y cómo busca elementos internacionales para desarrollar su política neoliberal.


Respecto a la segunda pregunta, hay que recordar que el gobierno es quien aplica una agenda económica de corte neoliberal y tiene una política de financiamiento internacional que pone en riesgo nuestra industria nacional y el empleo en nuestro país (como los últimos informes del mismo INDEC lo demuestra). El FMI es simplemente un instrumento para legitimar esta agenda. Es verdad, la historia del FMI, tanto de los 80s en Asia, en los 90s en América Latina y luego en África, así como más recientemente durante la crisis de la eurozona, resalta que los prestamos crediticios son acompañados por conocidos paquetes de reformas estructurales que bajo ese atractivo nombre esconden políticas de austeridad, recorte de servicios públicos, liberalización de mercados estratégicos y flexibilización del mercado laboral. Políticas que raramente contribuyen al crecimiento sostenible e inclusivo, sino que acaban en crisis financieras, como la del 2001-2002 en nuestro país. Pero de nuevo, el FMI es un medio no el fin, es una institución financiera internacional donde los países votan en función del dinero que aportan, y no se hace caridad, sino negocios que muchos responden a intereses geopolíticos y estratégicos más que a motivos meramente económicos.


A pesar de lo que dice el gobierno, Argentina no estuvo aislada del mundo, tampoco en términos financieros durante los últimos 12 años. De hecho, parándose desde otro lugar (en pie de igualdad como un país miembro del G20),  Argentina accedió a créditos del BID, el BIRF, y el Banco Mundial. Pero la decisión de Néstor Kirchner y Lula da Silva de cancelar la deuda pública con el FMI permitió a Argentina y a Brasil ganar independencia y soberanía, al mismo tiempo que se empezó a construir el banco de los BRICS o se apoyó ideas como el Banco del Sur, proyectos que cuestionan el orden financiero internacional.


Por tanto, contra fácticamente sabemos que no es necesario que el FMI controle el INDEC para garantizar el acceso a crédito internacional y que no necesariamente acceder a financiamiento internacional de las instituciones de Bretton Woods (FMI, Banco Mundial) es perjudicial para el país. El problema es que cuando el FMI llega a un país de la mano de un gobierno de corte económico neoliberal para legitimar una  agenda de “reformas estructurales”, sabemos que esto va en contra de la justicia social, del trabajo, de la presencia del estado en la economía e impide crecimiento con inclusión social. Porque si este gobierno pretende endeudar el país para financiar gasto corriente sin ninguna medida de impuso de la demanda interna, sin proyecto de desarrollo nacional, desprotegiendo la industria, las pymes y los pequeños productores, nos llevara a un proceso de estrangulamiento financiero y de pérdida paulatina de la soberanía nacional. Es más, las predicción del propio FMI sobre la argentina para el 2016 son malas y en declaraciones públicas ya han dicho que es necesario hacer un sacrificio los primeros años (sacrificio que siempre hacen las clases populares). El NO al FMI lo tenemos que decir junto al NO a las políticas económicas, monetarias, fiscales y sociales de este gobierno. El país está en venta y el precio que vamos a pagar es la fractura social, el desempleo y la pobreza.

Delfina Rossi