El año del ahorro forzado

Todo país genera ingresos a lo largo de un año. Los mismos pueden ser aplicados de distintas maneras, con el propósito de satisfacer las necesidades de la población. A grandes rasgos se puede simplificar la existencia de dos destinos para la riqueza de las naciones: consumo y ahorro. Claro está que para los agregados microeconómicos (familias, empresas), la decisión sobre cómo aplicar sus ingresos pasa por los incentivos relativos que cada una de las opciones le brindan, junto con las restricciones a las que están expuestos. Esta breve digresión corre a cuenta de reflexionar sobre la situación actual de nuestra economía. Es que los números actuales del consumo se muestran extremadamente deprimidos, lo cual llevaría a pensar que los frutos de la producción nacional se están destinando al ahorro. Sin embargo, este proceso no está reflejando un aumento en los depósitos o en la adquisición de los activos financieros. Ese excedente, en realidad, se licúa en el cortísimo plazo, producto de una capacidad para adquirir menos cantidades de bienes y servicios con la misma riqueza. Por tanto, se puede afirmar que el proceso inflacionario está atentando contra el consumo, en un sentido de que menos porcentaje de ingresos se puede destinar a la compra de productos: se está generando un ahorro forzado, o lo que podríamos llamar un “desconsumo”. Para fundamentar brevemente lo anterior, analizamos el comportamiento de los indicadores más certeros de consumo microeconómico que ofrece el Indec. Se trata de los índices de ventas en supermercados y shoppings, que marcan el monto de facturación mensual de una muestra representativa de comercios. A continuación, ilustramos el desempeño de estas medidas en lo que va del corriente año.

 

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