Dos meses de agresión al empleo

Por el lado del sector público, la historia de las últimas semanas es más bien conocida: despidos masivos durante el mes de enero que tuvieron como protagonista a la Administración Pública Nacional, pero también tuvo su alcance en numerosas administraciones locales. En el primero de los casos, se procedió al desmantelamiento de oficinas completas en los diferentes ministerios, y así bajo el discurso acusatorio de “ñoquis”, direcciones y sub secretarías con todo su personal a cargo desaparecieron.

En la excusa oficial parece esconderse que el móvil es desmantelar al Estado. “Cobran un sueldo pero no hacen nada” se han animado a afirmar, como si su trabajo de los últimos años no valiese. En el fondo, el nuevo gobierno no le asigna valor alguno a todo aquello que esté vinculado con el Estado regulador y garante de derechos construido los últimos años y, por ello, todas las tareas vinculadas a esas funciones fueron condenadas a desaparecer.

El panorama empeora más aun cuando se observa la situación en el sector privado. Según el informe de la CTA ya se produjeron más de 23 mil despidos y la cifra sería aún mayor debido a nuevos despidos de los últimos días. Los sectores más comprometidos son las ramas industriales con mayor peso como el complejo automotriz, el petroquímico, la metalurgia y la construcción.

Casi la mitad de los despidos corresponden al sector de la construcción, mientras que en los otros sectores la situación empeora al evidenciarse la caída en la actividad local y la falta de respuesta en la demanda externa. La devaluación y la caída del poder adquisitivo de los trabajadores hacen retraer el mercado doméstico con pocas esperanzas de un repunte, mientras la demanda externa (principalmente Brasil) no parece mostrar signos de mejoría. En el caso del sector petrolífero, las razones deben buscarse por un lado, en la caída del precio del crudo, y por otro, por la falta de interés del Estado Nacional de dar protección al sector y amparo a los trabajadores.

Los despidos son sólo la punta del iceberg en lo que respecta a la problemática industrial. Las suspensiones, la baja de contratos eventuales y la reducción de horas laborales son moneda corriente en los sectores metalúrgico y automotriz. En Córdoba, el 98% de las empresas metalmecánicas recortaron las horas extras, mientras se reparten cientos de suspensiones en todo el complejo metalmecánico.

Juan Ignacio López