De los CEO para los CEO

En la primera semana del mes de abril, la agencia internacional Bloomberg convocó al Ministro de Economía y al titular del Banco Central de la República Argentina a un seminario interactivo con distintos actores del mundo económico y empresarios en general. A diferencia del anterior gobierno, los funcionarios eligieron este canal para sentar sus principales lineamientos de política económica de cara a los próximos meses. Ahora, las decisiones económicas no se comunican por cadena nacional, sino que se exponen ante los CEO, en la casa de los CEO. En este sintético artículo nos ocupa discutir el discurso de Federico Sturzenegger, que trazó un diagnóstico del estado de situación en materia monetaria y cambiaria, además de prescribir su visión ideológica del mecanismo para que la entidad monetaria contribuya al fortalecimiento de la economía.

Bajo la más férrea defensa de la doctrina monetarista, Sturzenegger comienza su discurso defendiendo la teoría de neutralidad del dinero. Critica la laxitud monetaria del anterior gobierno, señalando que la evidencia empírica marca que cambios permanentes en la cantidad de dinero, en el largo plazo, sólo traen aparejados alteraciones cíclicas transitorias, pero no ganancias de productividad agregada ni contribución al crecimiento. Por tanto, como si se tratara de una relación unívoca afirma que “desatender la responsabilidad de la política monetaria en la evolución de los precios internos condujo en los últimos años a un inaceptable e insostenible entorno de alta inflación”. No hace falta más que remitirse a la escuela austríaca para poner en jaque estos argumentos, sin necesidad de profundizar en enfoques por fuera del liberalismo económico. Son los mismos seguidores de Vos Mises quieres indican que la neutralidad y superneutralidad del dinero no es otra cosa que una simplificación equívoca de la teoría cuantitativa del dinero. Por un lado, resulta ilusorio pensar que el lado real de la economía se encuentra en un equilibrio estático de largo plazo y la alteración de precios relativos generado por la política monetaria no genera efectos permanentes sobre el empleo y la actividad. Por otro lado, independientemente de los efectos agregados en la producción, cabe preguntarse qué sucede con la apropiación del excedente ante intervenciones activas por parte de la entidad monetaria. Por ejemplo, por la vía de incentivos monetarios a través de créditos blandos y transferencias directas a sectores de bajos recursos que propicien el consumo, se alteraría la distribución del ingreso por el llamado “efecto Cantillón”, y esto puede además generar efectos de segunda ronda sobre la producción.

El segundo aspecto principal de la exposición de Sturzenegger fue la evaluación de los 100 días de su gestión, al frente del BCRA. Además de ponderar como un éxito la contracción monetaria en 10 puntos porcentuales, del 40,5% de ritmo de expansión en diciembre al 29,5% de fines de marzo, también esbozó una justificación de su marcha atrás en la trayectoria de la tasa de interés, que partió desde el 38%, bajó al entorno del 30% y después volvió a rebotar al nivel inicial. En el siguiente gráfico, analizamos la evolución de estas dos variables en el primer cuatrimestre del gobierno macrista.

tasa lebacs

La descoordinación de una trayectoria descendiente, entre puntas, de los agregados monetarios y una tasa de interés inalterada tuvo razón de ser, según el presidente del BCRA, en razones puramente de mercado y no una decisión concertada por la autoridad monetaria. Entre ellas, se cuentan la alta liquidez durante los meses de enero y febrero debido a la estacionalidad, las liquidaciones de contratos futuros y factores de cómputo de encajes. Comenta que esta liquidez, presionó las tasas del mercado secundario de Lebacs a la baja y forzó al Central a cambiar el rumbo de su nivel de tasas. En palabras del propio titular, “Haber mantenido las tasas altas hubiera implicado una inmediata ganancia de capital para los tenedores de esos títulos que era innecesario convalidar”. En cambio, el posterior incremento del tipo de interés a partir de marzo, se debió a menor presión de dinero excedente sobre las colocaciones de Lebacs. Esta lógica, muestra a las claras la estricta dominancia que van a tener de ahora en más las disposiciones de política económica respecto de las decisiones de mercado. El riesgo que esto conlleva, como lo demuestra nuestra evidencia histórica, es que un grupo de actores de peso del sector financiero coordinen una corrida contra la moneda o directamente acuerden la política monetaria en función de sus intereses, en detrimento del resto de los jugadores más chicos y sin evaluar impactos sobre la economía real.

Otro aspecto a destacar del discurso de Sturzenegger es su regla de comportamiento a futuro. A la conocida intención del gabinete económico del PRO de mantener un esquema de metas de inflación, agregó el hecho de que una vez alcanzado su propósito de astringencia monetaria, del 25%, el dinero se moverá endógenamente en función a la tasa de interés objetivo (la subyacente a la licitación de Lebacs a 35 días). Otro dato relevante es que el presidente del BCRA no vislumbra un escenario de merma en las tasas, hasta que sea inexorable el descenso del nivel de precios de la economía ya que como indicó “no consideramos que una baja de algunas décimas en la inflación de marzo será suficiente para cambiar la visión de la autoridad monetaria en el corto plazo sobre la necesidad de seguir en modo contractivo”. Con esto, se puede afirmar que la tasa de interés, a su vez, pasará a estar gobernada por el objetivo de inflación. Esta decisión de gestión monetaria puede ser peligrosa en más de un sentido. Por un lado, está presente la cuestión previamente mencionada, sobre los incentivos de los grandes grupos financieros a provocar alteraciones en la demanda de dinero de corto plazo (por ejemplo fugando capitales), lo cual precipite aumentos en la tasa de interés que afecten a los sectores reales. Además, un mecanismo automático de dependencia del tipo de interés en relación a la inflación, difícilmente constituya un esquema apropiado para los sectores productivos. Así, la afirmación de que “la inflación va a empezar a bajar en la segunda mitad del año”, tan repetida por el gobierno macrista, cobra relevancia y probabilidad de éxito. El problema es que con este esquema de administración monetaria, la variable de ajuste va a ser el nivel de actividad interna y por ende el objetivo de bajar la inflación, después de los tarifazos, la devaluación y la ausencia de controles de precios, se va a cumplir con una fenomenal recesión como daño colateral. Volverá nuestra economía a transitar la calma de los cementerios, y el liberalismo económico adorado por el macrismo difícilmente intervenga para romper la inercia. Por último, como marca Adrian Ravier en su survey sobre la neutralidad del dinero y el contraste entre las escuelas de Viena y Chicago, un punto esencial a analizar es el de la crítica de Barry, O’Driscoll y Shenoy, sobre la destrucción parcial de capital ante incrementos en la tasa de interés. Es casi intuitivo razonar que la cantidad de proyectos de inversión que se ven truncados es mayor entre los sectores de pequeña y mediana producción, que son más sensibles a los esquemas de financiación de corto plazo. Esto determina un impacto directo sobre los niveles de actividad y empleo, en sectores altamente intensivos en trabajo. El riesgo en un entorno de altas tasas de interés sostenidas en el tiempo, entonces, es que la composición del capital empiece a mutar hacia la concentración en las firmas de mayor escala, aquellas con más capacidad de financiarse a menor costo en el mercado de capital o a través de sus casas matrices en el exterior.

Resulta llamativa, también, la consideración de Sturzenegger sobre la política cambiaria. En la conferencia mostró una firme oposición a usar el tipo de cambio como ancla para frenar el avance de precios, como tantas veces acusaron a la administración anterior. Según comenta, “la experiencia internacional muestra que Argentina debe evitar la tentación cortoplacista de recurrir a los esquemas de tipo de cambio rígido que han sido típicamente ‘pan para hoy y hambre para mañana’”. Sin embargo, como se puede observar en el siguiente gráfico, desde el tope del tipo de cambio de inicios de marzo, el gobierno de Cambiemos dejó deliberadamente que el tipo de cambio nominal se revaluara. Sacando la compra de dólares excepcional del 16 de marzo, en el marco de la colocación de deuda de la provincia de Buenos Aires, el resto de las ruedas intervino escasamente en el mercado, dejando fluctuar libremente la cotización de la moneda estadounidense, que por ende presentó una tendencia hacia la baja. Esta decisión no fue inocente. La intención de no engrosar las reservas internacionales a partir de la compra en el mercado único y libre de cambios de las liquidaciones de divisa del complejo agroexportador buscó evitar un exceso de pesos en el mercado, que presione al alza los precios internos. Por tanto, lejos estuvo el BCRA de mantener la congruencia en su administración monetaria y cambiaria, en comparación con las declaraciones que sus funcionarios hacen para la tribuna: en los dos últimos meses replicaron aquello que criticaban del kirchnerismo, a pesar de que cuentan con una liquidación de exportadores casi 40% superior a la del año pasado.

compras divisas bcra

Para concluir entonces, la reflexión es que hay una separación entre los postulados ideológicos del macrismo y su aplicación real en el campo de las políticas públicas. Detrás de un discurso de inmutable y prolijo monetarismo se esconde un modelo económico que está dispuesto a congelar la economía, desintegrar el entramado productivo PyME y frenar el desarrollo con equidad, a cambio de devolverle a los sectores financieros concentrados los favores económicos que les permitieron llegar al gobierno. Observando los resultados de los primeros cuatro meses de gestión, y el bagaje teórico que orienta su porvenir, cuesta pensar en que el modelo macrista cierre con la gente adentro.

Por Sergio Chouza