Coyuntura y perspectivas

Con todos los errores y los tuvo, el kirchnerismo se propuso un modelo de acumulación basado en el trabajo y la producción nacional de matriz diversificada, con mayor participación en el ingreso de la población, que incluso extrapoló en una propuesta de asociación estratégica integral con la Región (Mercosur, Unasur, CELAC), con la República Popular China, y en menor medida con el resto de los países que nos compran, que incorporaba además de los acuerdos económicos y comerciales, tratados en el orden de la defensa, tecnología nuclear, nuevas energías, geopolítica, etc.

En cambio la propuesta del macrismo es que no hay proyecto nacional (y en su lógica no la puede haber) y que los precios de los factores de la producción los determina el mercado, eufemismo que esconde la decisión de los grandes operadores nacionales e internacionales en un país que produce bienes y servicios por la 28 ava parte de los EEUU, que tiene serios atrasos tecnológicos y déficit estructurales, y que por ende no puede competir, sin el debido apoyo y direccionamiento del Estado, en la gran mayoría de su producción, salvo aquellas que dependan del rinde por tener la tierra más fértil del mundo, donde más toneladas se produce por hectáreas de soja, por ejemplo, o de determinados minerales, más algunos enclaves industriales como puede ser la producción de trépanos para perforar pozos, algunos segmento de la industria automotriz o del laminado de acero o de aluminio, pero aun así con la necesidad de contar con energía subsidiada para poder hacerlo.

La lógica imperante en el modelo macrista es la búsqueda y apropiación inmediata de la ganancia a como dé lugar, sin ver más allá del cortísimo plazo, cubriendo los déficit que ellos mismos generan con endeudamiento, aprovechando la alta liquidez internacional, que a su vez es el camino para que los sectores más favorecidos del modelo adquieran las divisas y fugarlas a posteriori.

Nuestro país supo ser el más integrado de toda América latina y basado en el trabajo, con una estructura económica afín, que fue destruido por un modelo con los mismos objetivo que ahora plantea el macrismo, pero impuesto a sangre y fuego por la dictadura cívico-militar

La construcción de la estructura productiva industrializada y diversificada desde 1945 a 1974 fue el sostén de una economía en crecimiento con mejoras en la distribución del ingreso, a la vez, determinante del modo de relaciones comerciales internacionales, al final del período liderada por los acuerdos con la ex URSS donde se cambiaba carne  y trigo por represas.

Entre el fantasma del comunismo y la organización  económica y social que el país había conseguido, torno necesario para los sectores dominantes y subordinados a los EEUU que dejara de existir, para dar lugar, genocidio mediante, a la apertura financiera y comercial externa, y con ello la desindustrialización y el desempleo como regulador del conflicto social, que concluyó en el año 2002 en crisis interna por pobreza y crisis externa por deuda.

El Kirchnerismo volvió sobre los pasos, retomó el modelo de acumulación y distribución por integración de toda la población  apuntalando el trabajo y los salarios, y con ello su consumo,  y la economía creció, fue productiva y podía haber seguido creciendo e incrementando la productividad, pero cuando los empresarios (sobre todo los más grandes) tuvieron que poner parte de sus ganancias para invertir prefirieron ganar plata segura en los mercados desarrollados y fugar capital, que obviamente generó, ante la menor oferta, un proceso inflacionario, que a su vez atrasó el tipo de cambio, y dada la alta concentración de nuestras exportaciones e importaciones, transformó el superávit comercial en déficit.

No es que el modelo de acumulación kirchnerista estuviera sobre expandido por los aumentos salariales y el gasto público, en realidad el modelo enfrentó la restricción de falta de inversión y fuga de capitales, generados por los que obtienen súper ganancias porque fijan los precios

En la lógica de crecimiento de una economía abierta (como es la casi totalidad de los países), es imprescindible el equilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos en el largo plazo.  El economista keynesiano, Anthony Thirlwall, plantea que “…la tasa de crecimiento a largo plazo no puede ser mayor a la tasa de crecimiento que corresponde al equilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Los países que se encuentran en problemas de balanza de pagos, deben restringir su crecimiento, aún si la economía se encuentra en un superávit de capacidad productiva y oferta de trabajo”.

La principal conclusión que Thirlwall señala es que si se quiere crecer más rápido se debe primero levantar la restricción que impone la cuenta corriente de la balanza de pagos sobre la demanda, por ello propone expandir y aumentar el valor agregado de las exportaciones y/o reducir la demanda de importaciones ante el crecimiento del PIB (que es lo que nos pasa a nosotros donde por cada punto que crece el Producto Bruto Interno,  las importaciones crecen tres puntos), y eso se logra sustituyendo las compras al exterior por producción local (La matriz Insumo-Producto permite ver como se forman las cadenas de valor, y por ende que eslabones de la misma pueden sustituirse por producción local), y esa fue la limitación del modelo Kirchnerista, donde en una lucha despareja no pudo imponer las retenciones móviles primero, y después observó pero no pudo impedir que los exportadores amparados por el “sagrado” derecho de propiedad “pisaran” las ventas externas y que lo importadores adelantaran sus compras (con el encomiable y patriótico esfuerzo de Guillermo Moreno y su gente para al menos limitarlo).

En ese marco los errores propios y el dominio de los medios fueron creando las condiciones para que Mauricio Macri gane las elecciones, para ejecutar un modelo que distribuye regresivamente ingresos, expulse gente del mercado de trabajo para que la desocupación abierta frene los incrementos salariales, y solo se puedan desarrollar aquellos emprendimientos productivos en que somos competitivos internacionalmente, que están fuertemente ligados a la tierra pero que no generan trabajo (cuantas horas hombres anuales significa la producción de la soja. O la extracción de oro, o del gas y del petróleo).

Devaluaron violentamente no bien asumieron y le quitaron las retenciones a las exportaciones (disminuyendo la de la soja), redujeron los impuestos internos para la compra de autos de alta gama y artículos de lujo, incrementaron fuertemente las tasas de interés, acrecentaron sideralmente las tarifas de la luz, del gas, del agua, de las comunicaciones.  “El Kirchnerismo para resolver 90 mil millones de dólares, emitieron 35 mil, el gobierno de Macri para resolver menos de 5 mil millones, emiten 12.500 millones”.

Y hacia el futuro inmediato, en una ley ómnibus que va a permitir pagar jubilaciones extraordinarias a costa de todo el sistema previsional, reduce severa y tajantemente el impuesto a los Bienes Personales (patrimonio de las personas), eliminan a partir del año 2019 el impuesto a los activos de las empresas (Impuesto a la Ganancia Mínima Presunta), derogan el impuesto a los dividendos (ganancias) por la compraventa de acciones en mercados financieros del exterior, permiten un “blanqueo” sin la obligación de repatriar los capitales no declarados, y como postre para terminar de desfinanciar el sistema, la venta de las acciones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS.

Todo esto busca consolidar un modelo de acumulación a favor del gran capital (nacional y extranjero). Posibilita la fuga de capitales, de allí que el 16 de diciembre de 2015 eliminaron el mal llamado “cepo” cambiario y permiten cada vez más y mayores compras de divisas a particulares y a empresas (que Argentino de a pie puede adquirir U$s 5.000.000.- por mes), generando una fuerte caída del consumo popular (y con ello del Producto Bruto Interno) e incrementando el déficit fiscal y comercial que cubren con un cada vez mayor endeudamiento, camino que, como se ha dicho y a demostrado la historia de nuestro país, solo sirve para enriquecer a la minoría dominante, y a su vez los deja a ellos como únicos contactos y confiables al capital extranjeros para renovar esos créditos que se emplean mal y que no se necesitan.

El final de la película ya lo conocemos y lo hemos vivido, en la crisis de 1890 y de 1930, y que tras el golpe militar de 1976 se acorta en períodos de 1982, 1989, 1995, 2001/2 y que por el gobierno nacional y popular no se había hecho presente pero que si lo será en un futuro inmediato por las condiciones creadas por la administración macrista.

El modelo de negocios para pocos y a costa de la producción y el trabajo, que se representa como el predominio del capital financiero sobre el productivo, genera siempre el mismo resultado.  El profesor Joseph Stiglitz, de la Universidad de Columbia (EEUU), refiriéndose a su país sostiene que el uno (1) por ciento de los estadounidenses recibe casi una cuarta parte de la renta (ingreso) de la nación cada año, y si se habla de riqueza en vez de renta, el uno (1) por ciento de la población detenta el 40 por ciento de la riqueza, mientras crece la desocupación y la pobreza, fruto de que han ido trasladando la producción fuera de los EEUU (disminuyendo año tras año la inversión en máquinas y equipos) y un sistema financiero e impositivo que es funcional a la cada vez más desigual distribución del ingreso.

El mismo Stiglitz sostiene comparándolo con la caída de los emperadores romanos o los sátrapas persas (de antes, de ahora y de siempre) que en su país el uno (1) por ciento de la población tiene las mejores casas, la mejor educación, los mejores médicos, y los mejores estilos de vida. Pero hay una cosa que el dinero no parece haber comprado: el entendimiento de que su destino está ligado a cómo vive el 99 por ciento restante de la población. A lo largo de la historia, esto es algo que el uno (1) por ciento aprende con el tiempo. Demasiado tarde.

En síntesis el modelo macrista genera un país para pocos que copia lo peor de los países desarrollados, con fuerte caída del PIB, lo que arrastra menor recaudación fiscal y que rompe el supuesto círculo virtuoso entre las mayores exportaciones por la devaluación y quita de retenciones que ante un país que decrece no invierte y fuga capitales.

Está en nosotros, los que vivimos de nuestro trabajo y sabemos que este es nuestro país y el de nuestros hijos no permitirlo.

Horacio Rovelli