Cómo impactará la suba de la tasa de interés de la FED en un país emergente como Argentina

Más vulnerables

Por Nicolás Zeolla 

La semana pasada se registró una fuerte contracción en los mercados internacionales. El índice industrial Dow Jones de la Bolsa de Nueva York cayó un 9 por ciento, evaporando en pocos días las ganancias obtenidas desde principio de año. Un porcentaje similar disminuyó el tecnológico Nasdaq y el de grandes empresas S&P 500. Por el lado de la Argentina, el Merval se hundió un 10,2 por ciento en el mismo periodo, a lo que se sumó el problema de la subscrición de ofertas primarias de acciones (IPO) de la energética Central Puerto y Aeropuertos Argentina 2000.

A pesar de que aún estamos transitando el ajuste, lo que puso a las bolsas de Estados Unidos en primera plana no fue tanto el porcentaje de caída (a pesar de que fue la mayor en dos años) sino la ola de ventas y la excesiva volatilidad que caracterizó las jornadas. En especial el lunes pasado, el día de mayor caída. En solo algunas horas el índice se desplomó más de un 8 por ciento, unos 1500 puntos básicos, para luego cerrar con una baja en torno al 4 por ciento, recortando pérdidas para los inversores. Algunos analistas llegaron a comparar lo abrupto de esta baja con el “flash crash” del año 2010, cuando un algoritmo computarizado desató una ola de ventas en los futuros del índice S&P500, apoderándose del nerviosismo reinante de los inversores y arrastrando a todo el mercado. En el mundo de las finanzas muchas transacciones se realizan de manera automática, activando ventas de papeles si cae mucho de precio. En épocas donde el pánico se apodera del mercado, esta forma de operar agrega mucha volatilidad a las cotizaciones. Este podría ser el caso.

Sin embargo, la cuestión de fondo es si la caída de la semana pasada es una corrección esperable, tras el raid alcista desde abril de 2016 cuando paso el  “efecto Trump”, o si en cambio el pesimismo llego para quedarse. En el plano internacional, las señales son confusas. A pesar de que los países desarrollados no revirtieron las causas distributivas y regulatorias que dieron lugar a la crisis, parece que la maquina vuelve a andar. La economía estadounidense creció 2,5 por ciento y generó 2 millones de empleos nuevos en 2017. Y esto lleva a los inversores a pensar que la FED podría acelerar la trayectoria de aumentos de tasas pre-pautadas. Pero en la última revisión hubo sobresaltos, sino más bien lo contrario. Igualmente, la perspectiva ya anticipa que el ciclo de dinero barato y sin condicionamientos que reinó en los mercados de capital internacionales post-2008 se está terminando.

Y allí entra el plano doméstico. La estrategia del gobierno nacional de los últimos años fue el endeudamiento y la desregulación. En 2017 entraron 10.000 millones de dólares en concepto de inversión de portafolio, un flujo de divisas que fue prácticamente nulo durante los 15 años anteriores. A esto se suman 40.000 millones de dólares por emisión de nueva deuda externa pública y privada solo para 2017.

Pero, el gobierno no cree que esta estrategia deba cambiar ya que confía en dos pilares de su política económica: el ajuste fiscal y el tipo de cambio flexible. Por un lado, achicando el déficit se reduciría la necesidad de financiamiento externo, hasta llegar al punto que solo se deba emitir para refinanciar los vencimientos de capital. Por otro, la libre flotación del dólar evitaría que se acumulen tensiones devaluatorias.

Sin embargo, la economía argentina es estructuralmente deficitaria en dólares, tanto por el lado comercial (pagar importaciones y turismo) como por el lado financiero (compra de dólares para ahorro, intereses de deuda externa y remisión de utilidades). El flujo inverso de dólares de los últimos dos años fue algo excepcional y no la nueva norma.

De modo que, como suele decirse en economía internacional, “los cisnes negros existen”. Estos son eventos raros e improbables, pero pasan. Y, a pesar de haber recompuesto reservas, frente a algo así la economía argentina se encuentra más vulnerable producto de la desregulación cambiaria y el mayor endeudamiento externo de los últimos dos años.


¿Fin de ciclo?

Por Néstor Gabriel Rivas 

Después de un ciclo de 10 años de tasas muy bajas en todo el mundo, el panorama a partir de 2018 parecería que va a ser muy diferente. La FED (autoridad monetaria de Estados Unidos) comenzó en diciembre de 2015 una política de subas de tasas de interés hasta el momento muy gradual, después de haber terminado en 2014 su programa de recompra de bonos (QE) para garantizar la liquidez y las bajas tasas de interés. Todo parecía muy gradual hasta hace dos meses, sin embargo en 2018 los mercados empiezan a ver que este gradualismo se acelera.

Durante el primer año de mandato de Macri, la tasa del bono del tesoro de Estados Unidos a 10 años estaba en el 1,32 por ciento (junio de 2016), sin embargo a partir del triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, la tasa comenzó una suba que en los últimos 2 meses se aceleró. Esta semana la tasa toco un máximo de 2,885 por ciento, cerrando el viernes en 2,857 por ciento más del 100 por ciento más alta de lo que estaba hace menos de un año y medio. Los mercados financieros y bursátiles mundiales tomaron nota de un posible cambio de ciclo de tasas de interés y por eso esta semana vimos fuertes caídas en los índices bursátiles de los mercados internacionales, fundamentalmente en la Meca del mundo financiero, Wall Street.

Todo comenzó el viernes 2 de febrero, con una fuerte caída en el Dow Jones Industrial (DJI), principal índice bursátil de Wall Street, con una caída en su índice del 2,54 por ciento. Esa rueda fue seguida por un lunes negro en la bolsa de Nueva York, con una caída del 4,60 por ciento (la mayor baja porcentual de los últimos 4 años y récord histórico en puntos de índice), a la que hay que sumar el retroceso de 4,15 por ciento. El viernes el DJI terminó con una suba de 1,38 por ciento, después de haber estado 2 por ciento abajo durante la rueda, evitando así lo que podría haber sido la semana más negra de ese índice. Sin embargo en estas 6 ruedas, el DJI perdió el 8 por ciento de su valor, una caída muy fuerte a pesar de la recuperación del martes de 2,33 por ciento.

Las cartas están echadas, los buenos datos de empleo y salarios que se publicaron en Estados Unidos prendieron las luces de alarma en los mercados y estos obraron en consecuencia. Con la mejoría en la economía norteamericana los mercados esperan una mayor inflación y un alza en las tasas de interés, por eso los operadores comenzaron a desarmar sus posiciones apalancadas (compradas a crédito) en acciones. La suba de la tasa de interés del bono del Tesoro a 10 años (y un aceleramiento en las subas de la tasa de referencia por parte de la FED), pueden provocar un “Fly to Quality”, donde los inversores aprovechen los mayores rendimientos de los bonos del Tesoro desarmando sus posiciones en activos de riesgo como las acciones.

Todo esto va a repercutir en el endeudamiento en los países emergentes, que cada vez tendrán que pagar mayores tasas de interés para financiar sus inversiones y sus déficits. Un mal panorama, si se confirma esta tendencia, para países como Argentina que deben recurrir al endeudamiento externo para financiar sus altos déficit gemelos (fiscal y comercial). Hay que seguir monitoreando los mercados a la espera de más señales que confirmen este nuevo ciclo de tasas, la próxima reunión de la FED que será la primera presidida por Jerome Powell (designado por Donald Trump) será  el 20 y 21 de marzo de este año, donde puede terminar el gradualismo en las subas que llevo adelante su antecesora Jannet Yellen, la primera mujer al frente de un Banco Central.

*Publicado en Página 12.