Carta Abierta/25

LA MEDIDA DE LO HUMANO

Si la política fuera una ondulación de fuerzas y hubiera un aparato científico para medirlas, podríamos decir que el macrismo está en un momento donde el ciclo inicial de acumulación no ha concluido aún. Pero por suerte, la política no tiene aparatos tan sinuosos de medición, aunque continuamente este gobierno más que cualquier otro, se la pasa midiendo. Cómo mide Macri luego de tal o cual declaración desafortunada, carente de trazos mínimos de humanidad o de la información cultural, incluso de la menos exigente. Cómo mide luego de una muerte por el factor Chocobar, cómo mide luego de rehacer un cálculo para bajar las jubilaciones, cómo mide luego de privatizar un instituto tecnológico del Estado. Los medidores  macristas, tanto los públicos como los secretos –encuestas, focus, trolls, escuchas clandestinas–, dirigen la robótica del gobierno según parámetros de la inteligencia artificial y otros lineamientos del cientificismo empresarial y la mercantilización de informaciones personales privadas. ¿Cuál es la mercancía que miden? Las pasiones públicas. Y allí encuentran razones para sus hipótesis de permanencia en el poder, considerándose dentro de un tiempo abstracto donde sólo existen conceptos como aceleración o gradualismo, donde impera la idea de objetivos, no de plazos. Esta frase ya se escuchó en la historia argentina, tener un punto de mira fijo suprimiendo el tiempo complejo de una sociedad cortada por sacudidas abruptas, significa en este caso convivir con las instituciones con profundo desprecio. Y el medidor, el llamado amperímetro ¿dice que hay tanto más aceptación cuanto más empeño se ponga en ser despiadado, pero con sonrisa indiferente en los labios? Toda política emancipatoria descansa en el hecho de demostrar que no es así.