Cambiamos futuro por pasado: alto desempleo en los núcleos industriales


Desde que el 23 de agosto se anunciaron las cifras de desempleo por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), surgieron varios hechos fuera de lo común que hay que tener en cuenta. El más sorprendente fue, conforme a la emergencia estadística anunciada por el gobierno de Cambiemos a los pocos días de iniciar su gestión, la “no continuidad” de la publicación de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para el último cuatrimestre del 2015 y el primer trimestre de este año. La EPH es la fuente de datos por la cual se realiza las distintas estadísticas socioeconómicas por lo que este hecho ya implica una dificultad en realizar cualquier tipo de análisis en el último tiempo. Además, no hay un compromiso por parte de las autoridades en publicarlas. Se podrá decir que estos dos trimestres “nunca existieron” para Cambiemos. Según palabras del INDEC, dentro del marco de su “sinceramiento” de la economía, “…ya había advertido sobre las reservas para el uso de las series publicadas con posterioridad hasta el cuarto trimestre de 2015, inclusive disponiendo la realización de investigaciones requeridas para establecer la regularidad del procedimiento de la obtención de datos, su procesamiento, elaboración de indicadores y difusión”.

Sin dudas, el dato más relevante fue el de la desocupación que arrojó un valor de 9,3%, lo que significa 382 mil desocupados más que para el segundo trimestre de 2015, y 456 mil desocupados más desde el último dato previo al apagón, donde el desempleo se ubicó en 5,9%. Cabe aclarar, que números similares a estos no se alcanzaban desde el tercer trimestre de 2009 (la desocupación se ubicaba en 9,1%), en el punto más álgido de la crisis internacional. Otro dato realmente preocupante es el de la subocupación demandante, es decir, las personas que trabajan menos de 35 horas semanales y esperan trabajar más, que se ubicó en 7,7%, es decir 1,4 puntos porcentuales más que para el mismo periodo que el año anterior (casi 2 millones de personas). Esto quiere decir, que, si sumamos la subocupación demandante más la desocupación, los problemas de empleo en nuestro país ascienden al 13,6% de la Población Económicamente Activa. Sin dudas, es un número alarmante que habrá que seguir de cerca en los próximos trimestres.

Ahora bien ¿qué pasa con los problemas de empleo en las grandes ciudades, que son las principales generadoras de empleo y consumo? Respecto al desempleo, las cifras más altas del total de aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) fueron registradas en Rosario (11,7%), Mar del Plata- Batán (11,6%), Córdoba (11,5%), Gran Buenos Aires (11,2%) y Río Cuarto (10,5%). En números absolutos, esto nos arroja un total de 797 mil personas desocupadas en grandes núcleos urbanos.

Si hacemos el mismo análisis con la subocupación demandante, la EPH nos arroja los siguientes valores Gran Córdoba 10,3%, Mar del Plata- Batán 10,3%, Gran Buenos Aires 8,7%, Rosario 7,9% y Río Cuarto 4,4%. Haciendo el mismo procedimiento que para la desocupación, existen alrededor de 1,3 millones de personas trabajando menos de 35 horas semanales. Este indicador es un signo de precarización laboral y también habrá que seguirlo de cerca en el corto y mediano plazo. En conclusión, existen alrededor de 2,1 millones de personas con problemas de empleo en los grandes núcleos urbanos.

Ahora bien: ¿qué hace el actual gobierno ante esta situación? En primer lugar, no debemos olvidar el objetivo único y primordial de todas sus medidas: validar la transferencia de ingresos en marcha mediante un disciplinamiento del sector trabajo ya sea en el momento de las negociaciones paritarias (cerrando acuerdos salariales menores a la inflación o no permitir la re-apertura paritaria que fue acordada en su momento con el Gobierno) como la de promover una agenda (mediática y empresarial) de flexibilización laboral. Para poner en marco esto último, según un informe de CIFRA-CTA se estima una fuerte caída de los salarios reales que generó una caída del poder adquisitivo de los asalariados de alrededor del 5,7% y el 7%.

En vez de revertir estos procesos, la actual gestión de gobierno va a en camino a seguir dicha agenda. En primer lugar, se vetó la ley “anti despidos” argumentando que no generaba las condiciones necesarias para la creación de empleo y, como contrapropuesta, propuso un “compromiso” firmado por las principales empresas en la cual no tenía validez legal alguna y que, además, no la cumplieron.

Para finalizar, se puede decir que luego de doce años de políticas económicas, sociales y laborales a favor de la clase trabajadora la nueva gestión intenta tirar por la borda todos los avances en materia de condiciones laborales. Los economistas del gobierno sostienen que en épocas de crisis deben evitarse “rigideces” y sobrecostos. El paradigma en el que ellos creen, es que si lo que se pretende es una política laboral de promoción del empleo deben estudiarse mecanismos de flexibilización laboral y particularmente la descentralización de las negociaciones salariales y condiciones de trabajo, privilegiando los acuerdos a nivel empresa. Sin dudas, esta manera de ver el mundo del trabajo en vez de mejorar la situación, lo más probable es que la empeore, por eso es necesario hacer un seguimiento trimestre a trimestre de los principales indicadores.