Banco Central dependiente

La legislación vigente determina que el Banco Central debe perseguir cuatro fines: la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo con equidad social. El discurso de Macri en la apertura de las sesiones del Congreso en su balance económico tuvo como elemento clave la sentencia sobre el cumplimiento de las metas del Banco Central, cuyo cálculo fue sometido al manejo de cifras y períodos de la “conveniencia contable” (2do semestre 2016). Cuando evalúa esas metas el Presidente ignora lo explicitado por la Carta Orgánica del BCRA y se refiere sólo a las que se enunciaron para el cumplimiento de los objetivos antiinflacionarios que responde a uno sólo de los cuatro fines requeridos. Pareciera que quien tiene la responsabilidad máxima de establecer las políticas del gobierno nacional, en el marco de las cuales el Banco Central debe cumplir con sus fines que la ley establece, se autoriza a ignorar lo que los representantes del pueblo dispusieron en 2012 al dictar el dispositivo legal hoy en vigencia, pasarle por encima y naturalizar como permanente la Carta Orgánica menemista que sostenía sólo la misión de la defensa del valor de la moneda.

¿Se cumplieron las metas de empleo en el período evaluado? ¿Sturzenegger fijó cuáles eran? ¿Qué medidas se tomaron desde la autoridad monetaria frente a las consecuencias del período recesivo que estamos viviendo para evitar la avalancha de despidos que desencadenó? ¿Y respecto del desarrollo y la equidad social que tiene para balancear el Banco Central con relación a su actividad y sus responsabilidades? El Presidente omitió ese balance y se manejó como si hubiera sancionado de facto sin leyes ni decretos mediante que la tarea del Banco Central es operar un esquema de Metas de Inflación.

Acostumbrado cada vez más al desapego por el cumplimiento sustantivo de la legislación vigente prosiguió, luego de intentar modificar la ley de ajuste jubilatorio mediante una disposición de menor jerarquía y de ignorar la obligación de convocar a la Paritaria Nacional Docente, eligiendo balancear la gestión del ente monetario con la omisión de la Ley argentina reemplazándola por los lineamientos del paradigma neoliberal.

Es que la política de Metas de Inflación está contraindicada para una institución regida por un dispositivo de objetivos múltiples. El diseño de ese régimen otorga a las instituciones monetarias que la aplican sólo (o en un criterio menos ortodoxo la primacía) la función de control de la inflación subordinando cualquier objetivo a ese fin excluyente. Utilizan la tasa de interés como herramienta para deprimir el nivel de actividad y retraer la demanda, porque asumen el supuesto que la inflación es provocada por un exceso de esta última sobre una capacidad de oferta que no la puede abastecer. Sturzenegger cuando subió la tasa de interés entendía que la economía estaba produciendo más de lo que podía, que había que enfriarla. La enfrió, bajó el nivel de producción industrial brusca y sostenidamente, también la actividad comercial y se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo. El modelo aplicado también opera con un supuesto del orden de la economía política: la distribución del ingreso debe ser estable, si el nivel de actividad sube, el empleo mejorará y los trabajadores estarán en condiciones de presionar para mejorar sus salarios recortando la tasa de ganancia empresaria y provocando que la defensa de ésta por los formadores de precios impulse la inflación hacia arriba. Las tasas de interés altas cumplen al enfriar la economía con el objetivo de deprimir el empleo, debilitar las luchas salariales y conseguir la estabilidad de precios cargando los costos sobre las espaldas de los más débiles. Nuevamente caminando al borde de la ley, Macri se entrometió en las negociaciones paritarias entre empresarios y trabajadores recomendando admonitoriamente que debían atender a las metas que el Banco Central fijó para 2017, siguiendo el camino de la aborrecible conducta que se asumió en el Ministerio de Trabajo respecto del acuerdo paritario logrado por el gremio bancario.

¿El discurso del Presidente ha introducido un nuevo error? ¿Deberá reconocer que se equivocó al balancear la política del BCRA como un éxito cuando el resultado en dos de los fines que tiene encomendados por la Ley no sólo ha fracasado sino que los ha ignorado, o manejado con desidia en el mejor de los casos?

Es que la restauración neoliberal encarada por la gestión que preside Macri ha adoptado los preceptos y enfoques económicos que sostienen teóricamente a esa corriente –los del marginalismo– habitualmente denominado como teoría neoclásica, sobre cuyos cimientos se construyeron el Consenso de Washington y los posteriores consensos que lo ajustaron y modificaron. Esta corriente de la economía política insiste permanentemente en la desregulación de los sistemas financieros y su apertura al capital financiero internacional. Política que Macri aplicó a rajatabla y sobre cuyos resultados no hizo un balance exhaustivo en su discurso del día de la fecha. Sí puntualizó la supuesta “confianza” generada por el vergonzoso pago a los buitres que se dispuso en la fase inaugural de su mandato. Un gesto de pleitesía al capital de rapiña internacional. Precisamente hace ya más de un siglo el brillante economista y revolucionario ruso Nicolai Bujarin sostenía que la mencionada corriente marginalista era “la política económica del rentista”, decía que “como consecuencia del desarrollo de las diferentes formas de crédito, la plusvalía acumulada es apropiada a menudo por individuos que no tienen nada que ver con la producción, al punto de llegar a formar una clase social: los rentistas”.

Schumpeter, tributario de la corriente marginalista en muchos sentidos, lúcido de sus limitaciones admitía que ese enfoque no podía aportar nada en relación a objetivos de desarrollo. A lo peor de esa clase premió Macri pagándole sentencias ilegítimas. A esa misma clase se dedican a favorecer él y su Presidente del BCRA con las altas tasas de interés, la apreciación cambiaria y las desregulaciones de la cuenta de capitales del balance de pagos. Por eso no se refirió el Presidente al ingreso de capital golondrina de corto plazo y al exorbitante nivel de la fuga de capitales que se desplegó en lo que va de su gestión. Vaya forma de iniciar una marcha hacia la reducción de la pobreza como declama sin sustento real alguno en cada discurso que emprende.

Por lo demás viene cumpliendo con los reclamos permanentes del FMI a los países periféricos: ajustes tarifarios, devaluación de la moneda, quitar regulaciones cambiarias, reducir los salarios del sector público y promover la precarización laboral. Más que de pie como enunció en distintas partes de su discurso, en el estilo de  muletilla de un aprendiz de agitador recién iniciado, está poniendo a nuestro país de rodillas.

* Economista