Ajuste, recesión, endeudamiento… y más ajuste

Hace pocos días, se celebró la Asamblea de Primavera del FMI en Washington. En ese marco, el Fondo dio a conocer el reporte de perspectivas económicas de Latinoamérica, donde proyecta una caída para el conjunto de la región de 0,5% para 2016. En el caso de nuestro país, la recesión esperada por el organismo para este año duplica el promedio de la región, con una retracción esperada de 1%.
Sin embargo, pese a lo poco alentador de su pronóstico, felicitó el ajuste que lleva adelante Mauricio Macri. Hay que considerar, paralelamente, que, en el caso de Argentina, se trata de una economía que viene de crecer 2,1% en 2015, de acuerdo a los datos oficiales del propio gobierno de Cambiemos. Esto obliga a resaltar el pésimo desempeño de la actividad económica esperado para el año en curso, debido al brusco quiebre de tendencia, a partir del cambio de régimen económico y político impuesto por el nuevo gobierno neoliberal en el país, encabezado por el “campeón de las reformas”, según caracterizó el buitre Paul Singer al presidente Macri en la publicación norteamericana Time, en lo que se entiende como una devolución de gentilezas, tras el sideral beneficio que le entregó Macri en el marco de la aceptación de las condiciones impuestas por la usura internacional que obligó a la Argentina a endeudarse en 16.000 millones de dólares para satisfacer la avaricia buitre y generar un pingüe negocio para la banca internacional colocadora de la nueva deuda, cuantificada en 380 millones de dólares. Por caso, el Banco Mundial, en su último informe, coloca a la Argentina como el país con el cambio negativo más pronunciado en 2016, con respecto a 2015, entre el conjunto de países analizados.
El resultado se explica por el conjunto de medidas de política económica que el gobierno de Macri ha instrumentado desde su desembarco en la Casa Rosada: devaluación de más del 50% de la moneda doméstica, con el consecuente rebote en precios que ubica la inflación anualizada en torno del 60% para 2016; eliminación de retenciones al agro exportador, la industrial multinacional y la minería; tarifazo generalizado sobre los consumos de servicios públicos de las familias, industrias y comercios, donde el mayor costo para estos dos últimos traerá aparejada una nueva ronda de inflación; encarecimiento del crédito para el consumo y la inversión a partir de la política de tasas altas impulsada por el Banco Central de Sturzenegger; congelamiento salarial y, como consecuencia de todos ellos, sensible pérdida de la capacidad adquisitiva de la mayoría de los argentinos, con correlato en el desplome del consumo. A ello hay que añadir la parálisis y retracción de la inversión del Estado, tanto en materia de infraestructura como social. Y, tanto por la menor demanda, como por la política del BCRA, la reversión de los estímulos a la inversión. En síntesis, el deterioro de todos los componentes internos de la demanda. Todo ello se adiciona a un contexto internacional de crisis del comercio, con menores cantidades demandadas y derrumbe del precio de los commodities, que implica la retracción, además, de las exportaciones. No puede perderse de vista que, ante a la apertura importadora también impuesta por la gestión de Cambiemos, la industria nacional, especialmente la pequeña y mediana, no sólo se enfrenta al desmoronamiento del consumo doméstico sino a la competencia de bienes importados que ponen en jaque a la producción y el empleo, donde ya se contabilizan más de 140 mil nuevos desocupados, 43% en el sector público y 57% dentro del sector privado, de acuerdo al último informe publicado por el Centro CEPA.
Frente al escenario descripto, la salida a la que apunta el gobierno de Macri coloca al país en una situación de absoluta dependencia del endeudamiento externo que, sumado a la dramática fuga de divisas, del orden de los 1.000 millones de dólares mensuales, habilitada a partir de la liberalización cambiaria implementada por el gobierno, reforzará la “necesidad” de toma de nueva deuda y, presumiblemente, de mayores ajustes requeridos para beneplácito del mercado financiero internacional y de los organismos multilaterales, con el FMI a la cabeza, que volverá a auditar a la Argentina para decidir, luego, las políticas que deberá dictar el gobierno nacional.
Fernanda Vallejos