Ajuste, buitres, ley cerrojo y nuevo ciclo de endeudamiento

Durante los primeros meses de la gestión de gobierno de Cambiemos el principal problema de la economía argentina continúa siendo la misma que tuvo en jaque a los últimos años de la gestión kirchnerista: la restricción externa.

Mientras el actual oficialismo fue oposición, diagnosticó que este problema se daba debido a la invasiva intervención del Estado en la economía doméstica. El cepo al dólar, los límites para ingresar y retirar divisas, los impuestos a las importaciones y a las exportaciones, los límites a las cantidades exportables de algunos productos y los constantes intentos de regulación de los diferentes mercados, eran las principales causas por las que los dólares no se quedaban o no llegaban. Sin lugar a dudas, la inflación ocupó un rol central en las criticas del actual gobierno, otrora oposición, que entre otras cuestiones generaba un tipo de cambio atrasado y un “golpe al bolsillo” de “la gente”.

El grueso de las medidas tomadas por el macrismo, han llegado, según su visión, para intentar solucionar todas esas problemáticas. La salida del cepo con su consecuente devaluación, la quita y reducción de las retenciones en el agro, la quita de los límites en las exportaciones de carne, por ejemplo, la apertura de las importaciones, entre otras, fueron todas medidas que tenían por objetivo generar un shock de confianza que traería como consecuencia una lluvia de dólares para el país.

El mismo Prat Gay aseguró en conferencia de prensa el día que se anunció la salida del cepo, que la medida la tomaban porque sabían que iban a entrar 25 mil millones de dólares en las siguientes cuatro semanas. Finalmente las decisiones en política económica no sólo no provocaron la lluvia de dólares sino que profundizaron la restricción externa.

Un factor clave en esta ecuación fue el comportamiento de los principales exportadores de granos del país, quienes se comprometieron con el Ministro de Hacienda a liquidar entre 8.000 y 9.000 millones de dólares en las primeras semanas de la gestión macrista. Pese a sus promesas, liquidaron alrededor de 6.000, pero en once semanas, lo que indiscutiblemente condicionó al actual gobierno al no contar con un colchón de dólares que permitiera dar por tierra especulaciones y presiones sobre las reservas. Lo que, como todos saben, terminó ocurriendo.

Entonces el aumento del precio del dólar no bajó la demanda del billete sino que se produjo en diciembre la mayor fuga de capitales de los últimos años: 2 mil millones de dólares en sólo 14 días.La inestabilidad cambiaria parecería no tener freno y ese hecho por sí solo garantiza que no ingresarán divisas ni por la vía de inversiones productivas ni para la especulación financiera.

Párrafo aparte merece la utilización de la tasa LEBAC. Se trata de un bono que emite el Banco Central, a corto plazo, que busca ser una alternativa de inversión al dólar. Al ser de corto plazo, y ante la finalización de los límites para la compra de divisas, cuando las LEBAC ofrecen tasas altas,los inversionistas suelen optar por ellas, dado el alto rendimiento y la posibilidad de dolarizar la ganancia en el corto plazo. El macrismo ofreció una tasa del 38% a mediados de diciembre a la salida del cepo, y pasó al 30% en los primeros días de febrero y que, urgente y necesariamente subieron al 37% en un plazo de días para intentar frenar la corrida al dólar.

El acuerdo con los buitres es la única herramienta que le queda al gobierno para poder frenar la disparada del dólar y la carrera de precios que esto genera. Consciente de esta situación el gobierno de Mauricio Macri hizo una propuesta imposible de rechazar, incluso superando las propias expectativas de los Buitres. El propio Prat Gay declaró que cuando fueron a realizar la propuesta “no íbamos a discutir el capital, lo que fue una sorpresa hasta para el mediador”.

El diagnóstico de Cambiemos fue equivocado. La restricción externa no se resolvía reduciendo el gasto público ni “sincerando el dólar”. Las medidas tomadas no generaron el shock de confianza ni la lluvia de dólares que creían. La única carta que quedó por jugar es el endeudamiento externo, pero debido al sistema de alianzas internacionales de Cambiemos, para poder conseguir fondos, primero hay que arreglar con los fondos Buitres.

La propuesta, que debe primero ser aprobada por el Congreso, previa ruptura de la Ley Cerrojo, es tomar deuda por 15 mil millones de dólares, para pagar la deuda a los holdouts. Pero eso es sólo la primera etapa del endeudamiento. Resta el endeudamiento para el resto de las actividades. Para que nos presten, habrá que volver a ajustarnos a las demandas de los organismos internacionales de crédito y de comercio. Para eso sí es necesario el mega ajuste fiscal y monetario.

Además, está el riesgo patente de juicios del 93% restante que sí entró en el canje, por lo que nuestro país podría entrar en litigios que en el mediano plazo llevan a nuestro país a una crisis de deuda similar a la griega, aumentando la relación deuda/PIB arriba del 150%.

Otro elemento clave en el análisis es que el flujo internacional de divisas ha dejado de ser superavitario en latinoamérica desde la crisis internacional del 2008. Es decir, los capitales se están yendo de América Latina y no están llegando, lo que es preocupante y sólo se entiende por desconocimiento o ceguera ideológica.

No será tarea fácil para el gobierno de Macri. Además, en el contexto de la crisis internacional, no habrá un aumento de las exportaciones por la crisis de crecimiento mundial y por los efectos nocivos de la devaluación que ya alcanza el 60%. Nuestro principal comprador, Brasil, responsable de más de la mitad de nuestras exportaciones, está en plena recesión y el precio de los commodities que exporta Argentina al resto del mundo permanece en niveles bajos.

Desarmar el mercado interno en plena crisis internacional, sin acuerdo previo de los holdouts y de los organismos internacionales de crédito, con los términos de intercambio empeorando y con los capitales en fuga, no parece haber sido una decisión acertada.

La estrategia de Cambiemos es poner en el centro de la escena a la cuestión fiscal. Pero el superávit fiscal no resolverá el principal problema de la economía doméstica: la restricción externa. La forma planteada para resolver el problema es más que antipática para la mayoría de los argentinos. Por eso se habla más de la fiesta del gasto que de la fiesta de los buitres.

Por Ignacio Vila / Juan Cruz Lucero