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En mi gobierno no va a haber ni 678, ni 876”, prometió el candidato Mauricio Macri. La emisión de ese tipo de programas resulta innecesaria ante la fabulosa cobertura mediática privada, tal como acaba de descubrir el periódico alemán “Sueddeutsche Zaitung”. Ese medio publicó, refiriéndose a los Panama Papers, que resulta “llamativo que debido a la gravedad del hecho que implica que el primer mandatario del país sea tan poco tratado en los medios de comunicación masivos argentinos, salvo escasas excepciones. Si en el caso hubiera estado implicada su predecesora Kirchner, sin dudas se le estaría exigiendo en todos lados la dimisión al cargo”.

Por otro lado, el presidente tuvo su 876 al cumplir los 100 días de gestión. El domingo 20 de marzo, Macri fue entrevistado por siete periodistas (ocho personas) en Canal 7 a las seis de la tarde. En esa entrevista, el mandatario manifestó que “la inflación se produce por culpa de un gobierno que administra mal, que gasta más de lo que debe y llena de billetes a la sociedad”. “Tuvimos 700 por ciento de inflación acumulada”, agregó Macri. La simplificación de fenómenos complejos, aderezada con cifras descontextualizadas, integra el manual de recomendaciones de Durán Barba. La receta es efectiva en términos publicitarios. El metamensaje es que la inflación es “el impuesto de los pobres”, que destruye el poder adquisitivo.

El economista Sergio Chouza sostiene en “El mantra del 700% de inflación”  que “en retórica, se denomina “argumento ad nauseam” a una falacia formal que opera sobre el sentido común de las personas. Básicamente se construye por medio de la repetición incesante de una afirmación hasta que el interlocutor la considera como válida, aunque no exista ningún argumento que la justifique. La repetición de Mauricio Macri y todo su gabinete económico sobre el 700% de inflación acumulada durante el kirchnerismo, como la suma de todos los males, es un buen ejemplo práctico de esta falacia”.

El embuste queda al desnudo cuando se compara con la evolución nominal de otras variables en la última década (2006-2015). El análisis que realizó Chouza es muy simple: confronta el incremento promedio salarial con la inflación estimada por el Estudio Bein y Asociados. El resultado final es que el salario promedio anual creció 25,1 por ciento y la inflación lo hizo al 21,3 por ciento. Es decir, la mejora salarial de los trabajadores registrados fue casi cinco puntos porcentuales anuales.

La comparación se puede extender a otras variables nominales como las variaciones del salario mínimo (+2694 por ciento), el índice de salarios total –registrado y no registrado– (+1179,1 por ciento) o la jubilación mínima (+2766 por ciento). En todos los casos, la recomposición salarial y jubilatoria fue superior a la inflación medida por el Estudio Bein (+727 por ciento).

“El alza de precios del período no implicó un deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos, sino todo lo contrario: redundó en un mayor poder de compra, que se materializó en un incremento en los indicadores de consumo. Por otro lado, el camino que eligió el gabinete económico del PRO lejos está de resolver el problema que tanto objetan. Con el esquema actual no sólo se presenta el mayor porcentaje de inflación interanual desde 2003, sino que esto se produce en un contexto de caída de la actividad económica y destrucción sostenida de los puestos de trabajo, lo cual constituye un escenario de estanflación sin perspectivas de correcciones a corto plazo”, concluye Chouza.