Ganadores y perdedores


Pensar que la distribución del ingreso es solo un asunto que interesa a la teoría económica heterodoxa, el peronismo o la izquierda sería desconocer que también es un ámbito de preocupación del neoliberalismo, por lo menos en teoría. El principio según el cual el capital y el trabajo se remuneraba según su contribución a la economía en su conjunto para lograr el bienestar social, es la llave para entender parte del discurso económico del neoliberalismo. No es una teoría que “se olvida de la gente” o “no tiene sensibilidad social”, aunque en la práctica se le parezca, sino que es una teoría de la distribución del ingreso que se sustenta en factores técnicos. Esa “racionalidad neoliberal” apoyada en fórmulas matemáticas sustenta el planteo de la economía como ciencia exacta, y por extensión de una distribución del ingreso definida de forma cartesiana, y es una idea fuerza del neoliberalismo.

De otro lado de la biblioteca, se ofrece una abundante bibliografía en la cual se sostiene que la distribución del ingreso no es producto de una relación técnica definida, sino producto de la lucha política, es decir algo sobre lo cual los libros tienen poca cosa por decirnos. Lejos de la “racionalidad neoliberal”, se da libre curso al barro de la historia, en la cual se mezclan términos como “clases”, “pueblo”, “contradicción”, “bloque dominante”, vale decir, nada muy cartesiano. En El Capital de Marx se entremezcla en su crítica a la “economía política” la lucha de clases plasmada en la distribución del ingreso, junto a la estructura del capital que marca los límites de esa disputa. Más adelante, Piero Sraffa mostrará que por más que todo el resto de la economía se pueda contener en matrices algebraicas, la distribución del ingreso sigue siendo asunto ajeno a la ciencia exacta.

En el siglo XX, la distribución del ingreso toma otro matiz, a través de la mayor o menor intervención del “Estado”, que algunos economistas abusan en tomarlo como “sujeto exógeno” a la economía. Pero si a ese “Estado” se lo entiende como “estado de las relaciones de fuerza” termina siendo en el fondo muy similar a las conceptualizaciones heterodoxas de la pre-guerra: una pelea por la distribución del ingreso ajena a relaciones técnicas matizada por una seda institucional.

Por lo tanto, la distribución del ingreso va tomando distintos matices según las políticas que llevan adelante los gobiernos a través de su presupuesto, sus reformas impositivas y sus cambios regulatorios e institucionales. Solo de esa manera se puede hacer entendible que el modelo económico y sus efectos distributivos hayan cambiado de forma abrupta el 10 de diciembre de 2015, por efecto de las elecciones presidenciales, que es el acto político por excelencia de las democracias representativas.

El cambio que se propuso a la sociedad es ante todo un cambio de modelo económico, en el cual se desregulaba la compra de dólares, se eliminaban los subsidios, así como varios impuestos y se reducía el peso del gasto público en general. Como lo analizan varios trabajos que se presentarán en el 4º Congreso de Economía Política organizado entre el CCC y la Universidad de Quilmes los días 17 y 18 de octubre, luego de dos años de gestión, lo más notable es que el déficit fiscal sigue siendo grande, ya que es una de las formas por la cual el gobierno puede modificar la estructura de rentabilidad entre los sectores, reduciendo impuestos a unos y reduciendo subsidios a otros.

Por lo tanto, debe quedar claro que los ganadores y perdedores de este modelo económico son distintos que los del modelo anterior. Entre los ganadores se encuentran claramente el sector financiero al cual el Banco Central regala gran cantidad de dinero, que está generando una gran atracción de fondos desde otros sectores económicos. Si bien los sectores exportadores en general se beneficiaron de las reducciones de retenciones, otros se encontrarían más cómodos con un tipo de cambio superior a 20 pesos. El sector energético es otro de los grandes ganadores de este modelo, y la liberalización del precio de la nafta no hará más que reforzar esa tendencia.

Entre los sectores perdedores se encuentran los trabajadores y las Pymes industriales y varios comercios orientados al mercado interno, que compiten con las importaciones y además sufren los aumentos de costos de las tarifas de servicio público. Los tarifazos, no obstante, no son percibidos por gran parte de este sector como una derrota distributiva sino como una medida “justa” desde el punto de vista técnico, y que permite reducir gastos del Estado. Esa “justicia distributiva”, surgida de costos técnicos, es una expresión de la teoría de la distribución neoliberal.

* Coordinador del departamento de economía política del CCC.

Publicado en: www.pagina12.com.ar/67968-la-redistribucion-macrista-del-ingreso


 

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