Reforma laboral


La reforma laboral es promocionada como una necesidad para la creación de empleos. Bajo la mirada ortodoxa, las rigideces en el mercado laboral (convenios colectivos, paritarias, indemnizaciones, tiempos mínimos de contratación, vacaciones pagas, horas extras) encarecen los costos de contratación y, por lo tanto, disminuyen la demanda de empleo de los empresarios. Las reformas flexibilizadoras permitirían aumentar el empleo, no sólo por incentivar una mayor contratación de personal para la producción pre-existente, sino también porque al tornar más competitiva la economía, permite incrementar la producción y el empleo tanto por la mayor exportación como por la sustitución de importaciones. De esa manera, la previsible mayor incertidumbre e inestabilidad en el empleo y los ingresos, reducción del salario real directo e indirecto (vacaciones, aguinaldos) que implica la reforma, es presentada como costo necesario para que quienes se encuentran desocupados o trabajan en la informalidad puedan acceder también a un empleo.

La hipótesis de que las reformas flexibilizadoras incrementan el empleo tiene, sin embargo, dudosas bases. Por un lado, la rebaja de los costos laborales no incrementa necesariamente los incentivos empresariales a contratar empleados para sostener la producción pre-existente. En general, los requerimientos de trabajo para una determinada producción son bastante rígidos dada la tecnología. Es decir, una determinada máquina requiere que sea operada por una cantidad dada de trabajadores, relación que no varía más allá del costo laboral. Esa falta de sustitución entre factores no suele ser considerada por la teoría ortodoxa, llegando de esa manera a conclusiones erróneas.

Tampoco es previsible que la reducción de los costos laborales derive en una mayor competitividad de la economía. Para ello sería necesario que los empresarios trasladen los menores costos laborales a menores precios, en lugar de simplemente aumentar sus márgenes de ganancias. Dado el carácter oligopólico de la mayor parte de los mercados (y aún más en mercados donde el precio es independiente de los costos internos, como el primario exportador), la hipótesis de que los precios bajen al reducirse los costos carece de realismo. Pero si es así, entonces no se ganarían mercados externos ni mejoraría la capacidad de sustituir importaciones. En el mejor de los casos, se mantendrían algunos empleos en sectores donde los mayores márgenes empresariales incentiven la atracción de inversiones o, por lo menos, que no se vayan a producir a otro país con menores costos.

Pero los mayores márgenes no se traducen necesariamente en más rentabilidad, especialmente en las actividades vinculadas al consumo interno. Las reformas flexibilizadoras al disminuir el ingreso de los trabajadores, generan una baja del consumo y las ventas empresariales. De esa manera, mayores márgenes pero en un menor volumen de ventas tiene un impacto dudoso en las ganancias empresarias. Lo que no hay dudas es que al disminuir las ventas, cae la producción y el empleo, tornando los argumentos pro-reformas en una falacia.

@AndresAsiain

Publicado en: www.pagina12.com.ar/57646-reforma-laboral