El drama de los dólares en la Argentina reciente


En la campaña de 2015, María Eugenia Vidal decía que la economía ya no formaba parte de la agenda principal de preocupaciones de los votantes. Pasó 1 año y medio, 20 meses, gente que en la vida había escuchado la palabra Lebac hoy la escucha a diario. Éste es el país de hoy. No es igual a 2015.

Está claro que tampoco debe hacerse una defensa ciega de 2015. El gobierno anterior había logrado que la economía se discuta en un ámbito muy pequeño porque no entorpecía la vida de la gente, no afectaba sus rutinas. Y esto fue un logro del gobierno kirchnerista, y ayudó a la gobernabilidad de Cristina F. de Kirchner. Pero a su vez también es cierto que su gobierno dejó tensiones. Negarlo es arriesgarse a caer de vuelta en los mismos problemas.

De todos modos estas tensiones no son las que se comentan, ni mucho menos fueron resueltas por el actual gobierno de Cambiemos. En efecto, la administración actual lejos de corregir los problemas que traía el país, ha multiplicado los problemas que había en 2015, pero sin los beneficios de no afectar la vida cotidiana de la población. Al contrario, las rutinas están cambiando de manera profunda. No sólo han tomado 100.000 millones de dólares de deuda, con un saldo de nueva deuda neta arriba de los 50.000 millones de dólares, además le han desordenado la vida a la gente.

En este mundo todos tenemos cosmovisiones, y la mayoría de los que habitamos el mundo práctico, que nos interrelacionamos en ese ámbito público denominado mercado, donde ejercemos acciones de negocios de algún tipo, capitalistas, es natural que todos necesitemos autojustificarnos. El mandato moral que nos hace suponer a casi todos nosotros que estamos del lado del bien, también ayuda a suponer que nuestras teorías son lo mejor para el conjunto. Es natural entonces que creamos que estamos del lado de los buenos, de los que ganan, de los que saben por dónde conviene ir, y difícilmente alguien acepte que su propuesta no le conviene a todos. ¿A qué se apunta con esto? No podemos quedarnos con las opiniones, con las cosmovisiones, necesitamos ir a los datos, y ser abiertos a ellos. Por supuesto que eso no va a hacer que nos distanciemos de nuestra forma de ver las cosas, pero por supuesto, nos va a ayudar a construir visiones que tengan algún sustento en datos. En ciencias sociales los datos jamás son lineales, debe estudiarse el objetivo con el que fueron construidos, su metodología y cómo se los hace hablar en relación con la historia de la cuestión y de su estado de análisis. Cómo se interrelacionan en un sistema complejo.

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