¿Para qué sirve el salario mínimo, vital y móvil?


La última década se caracterizó por un avance real en el poder de compra del salario de los trabajadores y de la población en general. La política económica buscó fortalecer el mercado interno, con la creación de un número importante de empresas, la incorporación de miles de trabajadores al mercado laboral y la activación de los convenios colectivos de trabajo para negociar salarios. La protección de la producción nacional en el frente externo permitió la pronta recuperación de la industria argentina. La formación del salario de los trabajadores es uno de los pilares de las discusiones político económicas, mostrando la puja de intereses diversos, es por eso, que el retorno de la institución “negociación colectiva de trabajo”, desde el año 2004 buscó recuperar el espíritu de las mejores prácticas de resguardo de la posición de los trabajadores, en tanto ser los actores más débiles en la mesa de negociación.

El proceso de deterioro del poder de compra en la Argentina que se produjo durante el 2016 revirtió la tendencia que se presentó en gran parte de los 12 años precedentes, durante los cuales el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVyM) presentó un significativo y continuo avance en términos reales. En el periodo 2000-2012 la Argentina fue el país de la región en donde más se incrementó el poder de compra del SMVyM. Luego de permanecer congelado durante el periodo de la convertibilidad en 200 $/USD, comenzó a subir a partir del 2003 por encima de la inflación doméstica de modo que se llegó a triplicar el poder de compra real desde aquella fecha hasta el año 2012.

Según un informe del Módulo de Políticas Económicas del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), en una comparativa entre seis economías latinoamericanas, nuestro país es el que más deterioro de poder adquisitivo del salario mínimo registra. Medido en relación a la cantidad de productos que se pueden adquirir, se encuentra una merma cercana al 28% en el último año y medio. En contraste, los demás países de la región muestran avances en su salario mínimo real. Bolivia, por caso, registra un incremento superior al 16% en igual período.

El estudio de lo ocurrido con el SMVyM durante los últimos meses pone en el centro de la escena el debate sobre la relación entre la inflación y el ingreso nominal de la población. En el año que acaba de pasar, la inflación superó a la suba nominal del SMVyM. En términos concretos implica que el ingreso mínimo laboral vigente para el mes de junio del 2017 alcanza para comprar menos productos que el salario vigente en diciembre del 2015. En contraposición, a partir de la comparación regional de la evolución del poder de compra de los ingresos mínimos se transparenta que Argentina fue el país de peores resultados a lo largo de los últimos 18 meses.

Es necesario poner en contraste la importancia del Consejo del Salario Mínimo como herramienta de política tanto macroeconómica (ya que el incremento en los salarios se reflejará en mayores recaudaciones fiscales, mayor consumo e incremento de la producción) como microeconómica (mejora el poder adquisitivo de las familias y el bienestar general) y como elemento fundamental en el proceso de distribución de la riqueza, ya que implica incrementar el piso de salarios de aquellos sectores más vulnerables, creando no solo mayores oportunidades, sino equiparando hacia arriba las clases sociales. Un SMVyM que se encuentre por arriba del costo de las canastas de indigencia y pobreza tiende a achicar la brecha entre pobres (haciéndolos menos pobres) y ricos, genera un mayor nivel de consumo interno (aquellos sectores menos favorecidos tienden a inclinarse tanto por la industria nacional, el turismo nacional, etc.), lo que favorece el incremento de la producción. La situación fiscal del Estado mejora por mayor recaudación tanto en los sectores bajos, medios y altos, donde es el Gobierno el que tiene la capacidad redistributiva de la riqueza.

Está claro que el salario mínimo no debe ser la única instancia en la que se aborden las cuestiones salariales. El salario mínimo debe ser el piso de una estructura que debe contar con otras instancias de negociación, teniendo en cuenta que su función primordial es proteger especialmente a los trabajadores menos calificados y organizados. En consecuencia, sobre la base de dicho piso de negociación deben articularse las negociaciones sectoriales que sienten el impulso y pauta mínima de adecuación salarial. La existencia de medidas restrictivas para la puja sectorial, como topes explícitos o implícitos en la negociación, o la de intervención directa en el conflicto, evitando así que ningún sector sobrepase los límites y no rompa los criterios impuestos, no pueden ser en la sociedad. Es necesario un salario mínimo como base y punto de partida del resto de las negociaciones. Un salario que mínimamente pueda cubrir las canastas de consumo para no ser pobre y especialmente con actualizaciones periódicas.

*Economista, investigador UNDAV y miembro de EPPA