Tudo mal, tudo ilegal


Sobre los sucesos brasileños desde Argentina resulta lógico que al tope de las preocupaciones aparezcan los efectos económicos de la caída sin piso del principal socio comercial, caída que continuará impactando en el deterioro de una economía local cuyos brotes verdes sólo existen en los informes de las consultoras de la city. Sin embargo, importa destacar aquí un proceso subyacente que hoy se expresa a partir de las fuertes diferencias que surgen del potencial final del gobierno golpista de Michel Temer versus la salida forzada de Dilma Rousseff.

Como se analizó en su momento, la caída de Rousseff respondió a dos causas principales. La primera fue el odio social provocado entre los sectores dominantes y medios por el proceso redistributivo impulsado por los gobiernos del PT. La segunda, la propia incapacidad de Rousseff para mantenerse firme frente a las demandas de la derecha golpista. La presidenta derrocada creyó que la aplicación de un programa de ajuste ortodoxo calmaría a sus contrincantes, pero el resultado fue el contrario: sus adversarios se enardecieron y el ajuste recesivo destruyó el apoyo de su base social. Cuando el golpe institucional finalmente se consumó, quienes la votaron mayoritariamente no inundaron las calles en su defensa.

El gobierno de Temer surgió como la expresión de todos los sectores conservadores que querían, además de un ajuste ortodoxo, al PT fuera del gobierno a cualquier precio. Por eso la pregunta que se disparó cuando la red O’Globo, el grupo Clarín del vecino, publicó la información que dinamitó la ya escasa legitimidad del gobierno fue “por qué”. La respuesta más verosímil fue que las filtraciones, provenientes del propio poder judicial, serían pronto inocultables. En consecuencia, la indagación demanda subir un escalón ¿Qué pasó para que uno de los principales grandes empresarios de Brasil, en connivencia con el poder judicial, grabe clandestinamente al presidente golpista aparentemente ordenando sobornos para comprar silencio? Algo así como si Paolo Rocca, en el marco de denuncias por corrupción en la obra pública contra Techint, grabara clandestinamente a Mauricio Macri, por sugerencia de la Corte Suprema, a fin de que se le redujera una pena de cárcel.

El punto de partida para llegar tan lejos fue un fenómeno extendido en la región: la presunta “lucha contra la corrupción” como instrumento para debilitar a los gobiernos populares. El gran problema en Brasil fue que lo que comenzó como una campaña para sacar al PT del gobierno tomo vida propia y se le fue de las manos al mismísimo poder.