De la periferia al centro.


Los países periféricos y, entre ellos, los de América Latina resultan ser los principales damnificados por la fuga de capitales en provecho de los países centrales, que dominan las más importantes plazas financieras offshore (dentro de sus fronteras y en otros territorios bajo su influencia). Estos últimos, al garantizar condiciones de secreto y confidencialidad, sistemas tributarios preferenciales para no residentes y estructuras opacas que encubren la identidad de los beneficiarios, se desempeñan como eficientes refugios fiscales y financieros, razón por la cual se convierten en los destinos de la riqueza offshore global. En el caso de América Latina, un informe de The Boston Consulting Group de 2011, indica que los activos externos de sus residentes se distribuyen en un 29 por ciento a Suiza, un 28 por ciento a Estados Unidos, el 29 por ciento al Caribe y Panamá y un 7 por ciento que va al Reino Unido y sus dependencias como Guernesey, Jersey e Irlanda. Las estimaciones del año 2015 de la misma consultora confirman esa tendencia. No es casualidad que esas sean las jurisdicciones donde se concentra la mayor porción de la actividad de “private banking” (banca de la privacidad) a nivel internacional, que se encarga de administrar los activos financieros offshore de las empresas multinacionales y los ricos del mundo.

En Argentina, la fuga de divisas se presenta como un fenómeno de carácter estructural, persistente desde 1970, asociado al comportamiento de los grupos económicos locales y multinacionales, que buscan maximizar sus ganancias, evitando el pago de impuestos, y localizar sus activos financieros en guaridas fiscales, fuera del alcance de las autoridades locales. Se observa que, a lo largo del tiempo, se mantiene un piso mínimo constante de salida de divisas independientemente de la estabilidad económica y política del país. Si bien los flujos se agudizan en momentos de crisis, también se registran niveles elevados en épocas de estabilidad política y crecimiento económico.

Entre los efectos negativos que provoca, la fuga de divisas reduce el nivel de inversión interna, es decir, aquella que requieren los países de la periferia para alcanzar un mayor grado de desarrollo económico. En este sentido, América Latina se mantiene a la espera de inversiones extranjeras, en lugar de retener este cúmulo de ahorro doméstico que escapa hacia centros financieros offshore y luego retorna bajo la forma de deuda externa. Los niveles tan significativos de fuga de capitales durante el último año en Argentina han sido financiados mediante una política de indiscriminado endeudamiento externo, que tendrá sus consecuencias en el mediano plazo.

A su vez, la fuga de divisas disminuye la recaudación tributaria, por hallarse acompañada, generalmente, de evasión o elusión fiscal. En este aspecto, se destaca una estimación de Alex Cobham y Petr Janský (2017), que arroja una pérdida de impuestos para Argentina de 21.400 millones de dólares en el año 2013, debido al desvío de ganancias de las empresas multinacionales, lo que representa una pérdida anual del 4,42 por ciento del PIB.

En oposición al enfoque dominante, la mayor parte de los flujos financieros ilícitos (es decir, las salidas ilícitas de divisas) no tiene su origen en la corrupción política u en otras actividades ilícitas, sino que estos fondos son generados en mayor medida mediante actividades lícitas (comerciales), pero son transferidos y/o utilizados de manera ilícita. Así, de un informe de Raymond Baker de Global Financial Integrity (2005) se desprende que solamente el 5 por ciento de los flujos ilícitos de los países en desarrollo corresponde a corrupción gubernamental, mientras que un 64 por ciento proviene de maniobras comerciales elusivas de las grandes empresas, y el restante 31 por ciento se origina en actividades criminales (tales como narcotráfico, trata de personas, etc.). En 2014, la misma ONG estimó que, entre 2003 y 2012, el 78 por ciento de los flujos financieros ilícitos de los países en desarrollo fueron originados en la manipulación de facturación comercial.

Como contracara del daño provocado a los países de la periferia, aumenta la riqueza de las empresas multinacionales y de las personas de alto patrimonio, que gozan de la opacidad y confidencialidad del sistema, como así también de los países centrales, que obtienen mayores ingresos a través de la gestión de los activos financieros offshore.

Publicada en: www.pagina12.com.ar/37815-diseno-financiero-a-medida-de-la-fuga
* Contadora pública UBA, maestranda en Economía Política en Flacso, docente FCE-UBA, investigadora.