La verdadera herencia.


Desde que asumió el gobierno de Cambiemos se ha propuesto ocultar sus intenciones y políticas antipopulares aludiendo a “la pesada herencia” que le habrían dejado los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Sin embargo los problemas actuales son el resultado del cambio de políticas que implementó el macrismo, tanto en lo económico como lo social, lo internacional, cultural, derechos humanos y otros campos. Son políticas que las mayorías están sintiendo cada vez más en sus bolsillos, en su ocupación, en sus derechos, y en las ilusiones traicionadas de muchos de los que lo votaron de buena fe.

Haremos – en el breve espacio de un artículo periodístico – un recorrido por los principales logros de los gobiernos de Néstor y Cristina, algunas de las innumerables batallas dadas, los triunfos y las derrotas.

Un comienzo complicado

Duhalde busca salir del atolladero de la crisis de la Convertibilidad llamando a elecciones para 2003 donde ganó Menem con el 24,45 % y segundo el casi desconocido Néstor Kirchner con 22,24 %. Menem se negó a competir en el ballotage. Hubiese sido duramente derrotado pero le negó ese triunfo inicial a un candidato que tendría que manejarse con muy poca fuerza propia dentro un conjunto de gobernadores, intendentes, diputados y senadores justicialistas que respondían a distintos liderazgos dentro del movimiento peronista. Nadie comenzó con menos fuerza propia.

La desocupación había superado el 20 % a la salida de la crisis, los salarios reales habían caído en picada, se habían disparado la pobreza, la indigencia y la marginalidad social. Con esa dura realidad se enfrentó el nuevo presidente, quien  delineó su hoja de ruta en el discurso inaugural del 25 de Mayo de 2003.

Enfatizó el papel del Estado (“que ponga igualdad allí donde el mercado excluye y abandona”), advirtió que “no iba a garantizar acuerdos oscuros” y ello valía para La Nación como para la Corte Suprema menemista. Sobre la economía expresó que el objetivo sería “el de asegurar un crecimiento estable, que permita una expansión de la actividad y del empleo constante… una mejor distribución del ingreso…  y que el consumo interno estará en el centro de nuestra estrategia de expansión”.

Los párrafos más acusados están casi al final, en su identificación con la generación que enfrentó a las dictaduras, cuando pocos eran los que demandaban definiciones sobre ello: ”Formo parte de una generación diezmada. Castigada con dolorosas ausencias. Me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada. Llegamos sin rencores pero con memoria. Memoria no sólo de los errores y horrores del otro. Sino que también es memoria sobre nuestras propias equivocaciones.”

Discursos bien expresados han hecho muchos presidentes al asumir. La diferencia es que estos ideales fueron respetados a rajatabla, construyendo un poder que no tenía a partir de trabajo denodado, determinación y audacia, sin haber traicionado nunca sus palabras.

Las políticas y los resultados de Kirchner (2003-2007)

A los pocos días había descabezado a las cúpulas militares de aquellos comprometidos con violaciones a los derechos humanos, inició la depuración de la Corte Suprema menemista, y dio impulso a la actividad económica para reducir la desocupación y subir el salario real. A poco de andar se reabrieron las convenciones colectivas de trabajo.

La sociedad estaba en la peor de sus crisis en casi cien años, y paradójicamente el Estado era superavitario tanto en sus cuentas fiscales como en el sector externo. Resultado del default decidido por Adolfo Rodríguez Saa, no estábamos pagando la deuda externa con particulares, ni sus intereses. A su vez la terrible caída de la actividad y las importaciones habían provocado un superávit comercial anual de más de 16.600 millones de dólares en 2002 y 2003, con lo que se recompusieron las reservas. Los planes sociales de Duhalde (Jefes y Jefas) fueron mantenidos y también el congelamiento de las tarifas de servicios públicos (agua, gas, electricidad, transporte urbano). Las retenciones al agro, decididas en Marzo de 2002, fueron incrementadas durante el gobierno de Néstor Kirchner, hasta llegar al 35 % sobre la soja poco antes de la asunción de Cristina, sin que ello hubiese desatado bajo su gobierno conflictos serios con los muy beneficiados productores agrarios.

El consumo interno fue alentado mediante esas transferencias al consumo de servicios, el mantenimiento de las ayudas sociales a los sectores más afectados y principalmente por la reactivación del mercado interno y la producción nacional. El incremento de los salarios reales alentado por las medidas del gobierno no afectaban la rentabilidad empresaria porque el efecto de mayor demanda superaba ampliamente el incremento de sus costos laborales. Los empresarios industriales, en especial las PYMI, acompañaron al gobierno en sus planes expansivos, incrementando las inversiones una vez que se hubo agotado la capacidad ociosa previa. La industria, junto a los trabajadores, eran los pilares sociales del acuerdo político-social implícito del período inicial de Néstor Kirchner.

Antes de fines de 2005 se había renegociado la deuda en default, con una quita importante de capital e intereses y estiramiento de plazos, que fue aceptada por el 76 % de los tenedores (ampliado al 93 % en 2010), y se pagó la deuda con el FMI (casi 10.000 millones de dólares) sacándonos esa supervisión y lápida sobre la soberanía. Ello se consiguió con una administración muy ordenada, con un aumento de la presión impositiva por mejor nivel de actividad, mayor control sobre la evasión fiscal y el crecimiento de las retenciones agropecuarias (gravar a los que más tienen).

A su vez comenzaron las nacionalizaciones de ex activos del Estado, mal vendidos o concesionados durante el menemismo (Correo Argentino de Macri en 2003, Aguas Argentinas en 2006, Tandanor en 2007). Se creó Enarsa en 2006. El Estado asumió las tareas que el mercado no resolvía y su nuevo rol era tanto necesario para las mayorías como detestado por los sectores del privilegio.

El 2005 marcó la clara identificación latinoamericanista del gobierno, al decir No al Alca en la cumbre de presidentes que se reunió en Mar del Plata, con Chávez, Lula y Kirchner llevando la voz cantante que pulverizó los planes de George Bush y sus seguidores.

También en 2005 se comenzó la moratoria jubilatoria, que a lo largo de los años sumó 2,6 millones de nuevos jubilados. La segunda moratoria, en 2014, incorporó a casi 500.000 nuevos jubilados.

El resultado fue un crecimiento muy fuerte en esos años, con una tasa acumulativa anual del 8,8 % en el período 2003/2007. En el siguiente cuadro se indican los crecimientos del producto durante todo el período 2003/2015, tomando las distintas bases de cálculo.

VARIACIONES ANUALES DE LA TASA DE CRECIMIENTO DEL PRODUCTO BRUTO

cuadFuente: P. Manzanelli, E. Basualdo: Régimen de acumulación durante el ciclo de gobiernos kirchneristas. Realidad Económica Nro. 304.

La revisión 2016 (gobierno Cambiemos) de los cálculos del PBI con base 2004 tienen un indisimulado interés en bajar el crecimiento del período, en especial los poco creíbles estimados de 2009, 2012 y 2014.

Resumiendo, con la base de precios 1993, el período 2003 a 2013 arroja una tasa de crecimiento acumulativo anual del 6,7 %, con base precios 2004 empalmando año 2003, un 5,1 % anual acumulativo para 2003/2015, y con precios 2004, revisión 2016 (Cambiemos) un 4,1 % anual acumulativo para igual período. En cualquiera de las estimaciones se trata de un período muy prolongado de crecimiento comparada nuestra propia historia y superior al de los países importantes de la región durante estos años. La desocupación bajó fuertemente hasta situarse en los niveles del 6 al 7 % que acompañaron hasta el final. También cayeron fuertemente la pobreza, la indigencia y la marginalidad social.

Si los resultados económicos del período de Néstor Kirchner fueron espectaculares, ello fue por la decisión presidencial de hacer un giro profundo respecto a las políticas económicas de la época menemista: se puso énfasis en la centralidad del Estado,  en la producción y el mercado interno y se redujo la especulación financiera y los desmedidos beneficios de las empresas de servicios públicos privatizados, al tiempo que se limitaban las ganancias extraordinarias del campo mediante las retenciones. Ello redundó en un realineamiento de los sectores sociales que respaldaban al gobierno y un cambio en la correlación de fuerzas dentro de la coalición política gobernante. Kirchner consiguió el apoyo del aparato político y sindical peronista en base a efectividad de sus políticas y el apoyo de amplias capas de la población. Ello quedó patentizado en las elecciones de 2005, en donde Cristina duplicó los votos de Chiche Duhalde en la provincia, en lo que fue la ruptura entre el duhaldismo y el naciente “kirchnerismo”. El nuevo liderazgo surge como la expresión de un peronismo distinto al del retroceso político, ideológico y moral que fue el menemismo y sus continuaciones con otros nombres.

Las políticas del gobierno respecto a los derechos humanos se ganaron el apoyo decidido de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, aventando las dudas que éstas tenían al inicio. La derogación de las leyes de obediencia debida y punto final, y el reinicio de los juicios a los culpables de los crímenes de lesa humanidad estuvieron enmarcados por el gesto inolvidable de Kirchner al ordenar retirar los cuadros de Videla y Bignone del Colegio Militar en 2004. Se mantuvo durante los doce años de gobiernos kirchneristas la no represión de la protesta social, sea esta de sectores populares, de organizaciones sociales, sindicales o políticas, de izquierda o de derecha como el conflicto con los productores agrarios en 2008.

Las elecciones de 2005 fortificaron al Frente para la Victoria y al presidente Kirchner. Sin embargo, es necesario diferenciar entre el apoyo popular, y la relación con las estructuras políticas y sindicales. Muchos de los poderes territoriales y sindicales adhirieron realmente a la política desplegada por Kirchner, pero otros simplemente apoyaron por la conveniencia electoral de integrar un frente político ganador, no por convencimiento ideológico. Años de menemismo habían calado hondo en la estructura política y sindical del movimiento nacional, y esas características se mantienen hasta el presente, con sus más y sus menos.

Primer gobierno de Cristina (2007-2011)

Cristina ganó las elecciones de Octubre de 2007 con algo más del 45 % de los votos, se reforzaron los triunfos en las distintas provincias. Sin embargo en marzo de 2008 se desató el  momento más difícil para el proyecto nacional al dictarse la resolución ministerial Nro. 125 fijando retenciones móviles al agro. Ello  desató la reacción de la derecha, con los productores sojeros a la vanguardia. El frente opositor tenía a sus voceros en los diarios La Nación, Clarín y y su red radial y televisiva. Además de los intereses agrarios a este frente se sumaron el sector financiero, el de las empresas extranjeras, en especial las privatizadas por Menem, la cúpula de la industria y un sector muy significativo del Poder Judicial. Este “Establishment” del poder contó con el apoyo de parte significativa de las clases medias urbanas. Varios meses de manifestaciones de los agrarios, con cortes de ruta y desabastecimiento a las ciudades culminaron en la votación legislativa que por la traición del vicepresidente Cobos se inclinó contra la continuidad de las retenciones móviles. Para complicar se sumó en octubre el estallido de la bolsa de valores de Nueva York, la peor crisis económica desde los años treinta del siglo pasado.

Sin embargo, en vez de retroceder, en la segunda parte de 2008 el gobierno de Cristina redobló la apuesta y disolvió el sistema de las AFJP, eliminando una estafa monumental a que habían sido sometido los aportantes y futuros jubilados, y se renacionalizaron Aerolíneas Argentinas y Austral.

El coletazo de la crisis mundial llegó a Argentina en 2009.  El gobierno implementó medidas compensatorias para paliar el impacto. La cerrada oposición al kircherismo que desde ese momento implementaron los medios de comunicación masivos, las secuelas del enfrentamiento con el campo y el deterioro de la economía se tradujeron en un retroceso en las elecciones de 2009. Una vez más se salió del atolladero con audacia y determinación. Antes de fin de año Cristina firmó el decreto de creación de la Asignación Universal por Hijo, un hito importantísimo dentro de los programas sociales. También se renacionalizó la Fábrica Militar de Aviones.

El año 2010 marcó la fuerte recuperación económica, con el producto volviendo a crecer a tasas chinas y el cambio de clima político se pudo palpar en la masiva asistencia del pueblo a los festejos del Bicentenario, con la presencia de los presidentes latinoamericanos acompañando a Cristina: Sebastián Piñera (Chile), Rafael  Correa (Ecuador), Fernando Lugo (Paraguay), Evo Morales (Bolivia), Lula (Brasil), Pepe Mujica (Uruguay) y Néstor Kirchner como flamante presidente de la Unasur.

pes her

El otro impacto de ese año fue la muerte de Kirchner en Octubre, lo que volvió a marcar una fuerte presencia popular en las calles en señal de reconocimiento y cariño, y un aliento a la presidenta, sintetizados en el “Gracias Néstor, Fuerza Cristina”

El prolongado crecimiento y el aliento oficial al incremento de los salarios reales se tradujo en un aumento de la puja distributiva entre el capital y el trabajo, con el indeseado aumento de la inflación, a pesar de los controles implementados para reducirla. La magnitud de la inflación quedó en entredicho por las manipulaciones en el Indec que hizo el Secretario de Comercio, Guillermo Moreno.

Segundo gobierno de Cristina (2011-2015)

El año 2011 vuelve a repetir un alto crecimiento y todo esto ayuda a comprender el aplastante triunfo de Cristina en Octubre, con el 54 % frente a un 16 % de su seguidor. De nada sirvió la cerrada oposición de los medios que el kirchnerismo tuvo desde 2008.

Sin embargo, en el pináculo de su poder, Cristina tuvo que tomar decisiones muy difíciles que determinaron un descenso en la popularidad. Las reservas internacionales, que no habían dejado de crecer desde 2002 (10.501 millones de dólares) hasta 2010 (52.145) comenzaron a caer fuertemente (46.376 a Diciembre 2011), ya que los superávits comerciales eran menores a la fuga de divisas que es endémica en Argentina desde hace muchos años, esterilizando el esfuerzo nacional en los colchones o depósitos en el exterior. La fuga – que en los últimos 25 años ronda los 400.000 millones de dólares – había bajado en los primeros años del kirchnerismo pero recrudeció desde 2008. Los fuertes superávits comerciales acumulados (143.800 millones de dólares) son los que evitaron que la fuga se traduzca en estallido como el de la Convertibilidad, que había acumulado un déficit de 11.300 millones y un endeudamiento insostenible. Para evitar desembocar en una devaluación descontrolada por pérdida de reservas, a la semana de las elecciones se instala el llamado “cepo” a la compra de dólares, que redujo sensiblemente la fuga. Pero fue al costo de perder el apoyo de clases medias y trabajadores calificados con capacidad de ahorro, que no encontraban refugio en plazos fijos en pesos con una inflación desconocida por los poco creíbles datos del Indec. Difícil dilema donde no existía una salida para conformar a todos.

La restricción externa se fue complicando por la caída de las exportaciones, las elevadas importaciones por la falta de integración industrial, el retaceo del campo para exportar sus granos y la mayor fuga de divisas al autorizarse en 2014 (Kicillof) la compra de dólares para ahorro hasta el 20 % de los ingresos declarados. La administración de las importaciones fue el remedio encontrado para evitar el colapso de las reservas.

A fines de 2011 se produce la ruptura con una fracción importante del sindicalismo, liderada por Hugo Moyano, oficialmente por el impuesto a las ganancias y extraoficialmente por el manejo de fondos de las obras sociales, entre otras diferencias. Un dilema entre los principios del proyecto y el apoyo del sindicalismo, con consecuencias electorales negativas.

En 2012 se comenzó a sentir la caída de los precios internacionales y el freno de la economía brasileña. El producto creció muy poco hasta el 2015 inclusive, a una tasa acumulativa anual del 1,6 %. El gobierno nacionaliza en 2012 el 51 % de las acciones de YPF, recuperando es importante herramienta del desarrollo y la soberanía. También se nacionaliza la operación de los ferrocarriles (2012-2013), pero se recibe el juicio adverso del juez Griesa de EEUU, que beneficiaba a los fondos buitres. Ante la situación más complicada del sector externo se regularizó  la situación con el CIADI (2013) y se hizo un plan de regularización de las deudas con el Club de París sin pasar por la supervisión del FMI (2014).

En Octubre de 2013 se sufre un retroceso en las elecciones, y Massa triunfa en la provincia. Se habían alejado sectores de las clases medias, la burguesía industrial y una fracción no despreciable del sindicalismo. A fines de ese año se produce un cambio en la conducción económica, con el nombramiento de Axel Kicillof al tiempo que se aleja el desprestigiado Guillermo Moreno. En enero de 2014 se produce una devaluación del peso que resiente el crecimiento de ese año, que no fue más serio por las acciones contracíclicas del gobierno (Precios Cuidados, tarjeta Argenta, Ahora 12, administración del comercio). Fue un ajuste atípico ya que no afectó en nivel de ocupación. El último año de gobierno –  con una situación externa adversa en alto grado – fue de crecimiento. Según el Indec macrista el Producto Bruto creció el 2,6 % en 2015. Tras perder Scioli el ballotage por para estrecho margen, Cristina se retira de la presidencia en el acto de masas más impresionante de un mandatario saliente.

 

Balance

Fueron años de crecimiento fuerte hasta 2011 y más menguado hasta 2015, pero en los casi trece años el país incrementó en 90 % su producto, se redujo fuertemente la desocupación, subieron los salarios reales, aumentando la participación de los trabajadores, se ampliaron derechos en todos los campos. En los derechos humanos se avanzó más que en todos los períodos democráticos anteriores, la protesta social no fue reprimida, la soberanía política fue reforzada por la mayor independencia económica que significó reducir fuertemente la deuda externa y no depender del Fondo Monetario. En lo internacional se profundizaron los lazos con los países latinoamericanos, fortaleciendo el Mercosur y luego la Unasur. La voz de Argentina se hizo sentir en las Naciones Unidas.

Este breve e incompleto listado es parte de la verdadera herencia en lo político, en lo económico y en lo social, pero sería más incompleto si no se subraya en las condiciones que ello se logró. Un gobierno de signo popular tiene muchas más dificultades para llevar a cabo sus programas que uno de derecha, ya que tienen que vencer la resistencia de los sectores del privilegio que no quieren resignarlo, y ello quedó claro para todos a partir de 2008, en donde el sector agrario fue la punta de lanza de otros sectores, que además contaron con el abierto apoyo de los medios de comunicación y el grueso del poder judicial. Estos sectores – que no pudieron influir sobre la opinión pública en la votación de 2011 cuando la situación general era muy positiva – aprovecharon las dificultades que llevaron al alejamiento de sectores medios y sectores sindicales, sumados a las dificultades externas, para fustigar al gobierno.

Hay algunos sectores críticos por lo que no se hizo. Se menciona que no se cambió la estructura industrial, no se nacionalizó el comercio exterior, no se cambió la ley de inversiones extranjeras, no se eliminó el trabajo en negro, o no se mantuvo más férreo el control sobre las compras de divisas, etc. Lo cierto es que se intentaron muchas alternativas y hubo avances en estos campos cuando las correlaciones de fuerza lo permitieron, pero no alcanzó para resolverlos. Desde la torre de marfil es fácil levantar el dedito y decir “esto no se hizo”, y jugar de opositores clarividentes, sin valorar el esfuerzo sobrehumano que tuvieron que hacer los gobiernos kirchneristas para lograr cada uno de los avances, habiendo partido de una situación de debilidad política extrema y con la oposición cerrada de todo el poder económico. Con la estructura de alianzas políticas y sociales que pudo organizar el Frente Para la Victoria se hizo muchísimo más de lo que ni el más optimista podía esperar. No fue magia, sino esfuerzo denodado. Negar apoyos por lo que no se pudo hacer es de miopes políticos.

No es que además de límites externos y cerradas oposiciones no hubo errores, que sí los hubo. Pero verdadera herencia es haber puesto a la política sobre la economía, esto es privilegiar  la integridad de los ideales, valores y convicciones de defender los intereses nacionales y del pueblo hasta donde den las fuerzas, y muchas veces más allá. Esta herencia no la podrá borrar la campaña nacional de mentiras que la derecha ha elegido para tapar sus indisimulables designios antipopulares.